Entre el deber y la pasión (Entre el viejo mundo y el nuevo amor 1) CAPITULO 18 #3
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CAPITULO 18 #3

La marquesa tomó su mano.

—Toda elección cierra otras vidas posibles, Frances. El error no consiste en lamentarlas alguna vez. Consiste en escoger sin mirar aquello a lo que renuncias y después culpar a otro por la pérdida.

Frances pensó en Nueva York.

En una ciudad enorme, ruidosa y lejana donde William luchaba por definir un futuro que todavía no podía describir.

—No sé si podría vivir en América.

—Tampoco sabes si William desea hacerlo para siempre.

—Le pregunté.

—Entonces espera su respuesta.

—¿Y Philip?

—Conócelo.

—Eso hago.

—No necesitas resolverlo antes de que los sentimientos de alguno se vuelvan incómodos.

Frances miró hacia el exterior. Philip cabalgaba junto a Edward, riendo por algo que su hermano había dicho.

—Ya son incómodos.

La marquesa siguió su mirada.

—Entonces no tardes demasiado en ser sincera.

Cuando llegaron a la residencia londinense, el mayordomo salió para recibirlos con una bandeja de plata.

—Ha llegado correspondencia para lady Frances.

El corazón de ella reaccionó antes que la razón.

Descendió del carruaje.

Sobre la bandeja había un sobre de Nueva York.

La letra no pertenecía a William.

Frances lo tomó y reconoció el nombre de Sophia Vanderbilt escrito en la parte posterior.

La preocupación sustituyó la expectativa.

—¿Ocurre algo? —preguntó la marquesa.

—Es de la madre de William.

Entraron en la casa. Frances rompió el sello en el vestíbulo, incapaz de esperar hasta llegar a su dormitorio.

Lady Frances:

Perdone que le escriba sin haber sido presentadas formalmente. Mi hijo me ha hablado de usted, aunque no tanto como una madre necesita para satisfacer su curiosidad.

George continúa vivo y esta mañana la fiebre ha disminuido. Los médicos todavía son cautelosos, pero por primera vez nos permiten esperar.

William no sabe que le escribo.

Frances respiró con alivio.

Continuó leyendo.

Necesito agradecerle.

Mi hijo regresó a esta casa preparado para luchar con su padre, con la compañía y con cada recuerdo que dejó atrás. Sin embargo, también regresó dispuesto a escuchar de una manera que no había visto antes.

Sospecho que usted tiene algo que ver.

Frances sintió que las manos le temblaban.

Cornelius ha pedido a William que se haga cargo de una negociación importante. Él ha aceptado ayudar, pero se niega a permanecer como simple ejecutor de las decisiones de su padre. Ha presentado un proyecto propio para abrir una nueva ruta comercial con participación independiente.

Por primera vez no intenta vencer a Cornelius destruyendo aquello que él construyó.

Intenta demostrar que puede construir a su lado sin desaparecer dentro de su sombra.

Frances cerró los ojos.

William había comenzado a responder su pregunta incluso antes de recibirla.

No sabía aún dónde viviría dentro de cinco años.

Pero estaba dejando de escapar.

La carta continuaba:

No puedo prometer cuándo regresará a Inglaterra. George todavía lo necesita y el proyecto podría retenerlo durante algún tiempo.

Pero creo que regresará.

Cada vez que recibe correspondencia, mira primero el sello antes que el nombre, como si esperara reconocer una casa inglesa.

Espero que la próxima carta sea la suya.

Con gratitud,

Sophia Vanderbilt.

Frances apretó el papel contra el pecho.

William hablaba de ella.

Su madre sabía que existía.

Y, mientras Frances recorría una vida posible en Ashcombe Park, William comenzaba a construir otra que quizá pudiera ofrecerle algún día.

—¿Buenas noticias? —preguntó Eleanor, ya despierta y apoyada en el brazo de Edward.

Frances alzó la mirada.

—George ha mejorado.

La familia dejó escapar expresiones de alivio.

—¿Y William? —preguntó Edward.

Frances volvió hacia la carta.

—También.

Aquella noche escribió de nuevo.

No esperó a recibir la respuesta a su última carta. No calculó si parecería demasiado ansiosa ni si debía conservar una distancia digna.

William le había pedido que escribiera como ella.

Lo hizo.

William:

Su madre me ha escrito.

Antes de que se enfade con ella, debo advertirle que la carta ha conseguido algo que las suyas no hicieron: convencerme de que al menos una mujer Vanderbilt posee excelente juicio.

George está mejor. He repetido esa frase varias veces desde que la leí.

Espero que cuando reciba esta carta ya pueda discutir con usted.

También sé acerca de su proyecto.

No necesito los detalles comerciales, aunque probablemente se los pediré cuando regrese. Solo quiero decirle que estoy orgullosa de usted.

Frances se detuvo.

Orgullosa.

No era una palabra que hubiera utilizado con ningún pretendiente.

Continuó:

Hoy visité Ashcombe Park.

Es hermosa. La escuela necesita mejoras y Philip ha aceptado apoyar la educación de una niña que demuestra habilidad excepcional para las cuentas. Conoce a los hijos de los arrendatarios por sus nombres, trata a su tío con paciencia y sabe cuánto pagó por transportar el trigo.

Es, lamento informarle, todavía más honorable de lo que pensábamos.

Sonrió.

Después dejó que la verdad se volviera más seria.

También intentó besarme.

La pluma quedó suspendida.

No lo hizo.

Comprendió que yo estaba pensando en usted y se apartó antes de obligarme a escoger entre herirlo y mentir.

No sé si debería contarle eso. Pero nuestra correspondencia no servirá de nada si ocultamos precisamente aquello que tememos que el otro no quiera escuchar.

Philip me importa.

No de la misma manera que usted.

Pero me importa lo suficiente para no convertirlo en un hombre al que mantengo cerca solo para protegerme de su ausencia.

Todavía no sé qué haré.

Sí sé que hoy, cuando estuve a punto de descubrir si podía desearlo, pensé en nuestro beso.

Frances sintió el calor ascender por su cuello, aunque estaba sola.

Añadió:

Puede considerar esa su segunda ventaja.

La primera continúa siendo que su arrogancia ha contaminado a toda mi familia.

La tercera tendrá que ganársela regresando con respuestas.

Su madre dice que está construyendo algo propio. Me alegra.

No construya una vida para impresionarme.

Construya una en la que usted pueda permanecer sin sentir que ha perdido la libertad.

Después pregúntese si desea compartirla conmigo.

Yo haré lo mismo.

Frances.

Selló la carta.

Antes de llamar a Alice, tomó el cuaderno de William y añadió una posdata:

He leído su lista.

Edward continúa vivo, pero únicamente porque deseo que usted tenga la oportunidad de matarlo en persona.

Respecto a la última frase: cuando regrese, puede pedirme el derecho.

No le prometo la respuesta.

Pero ya no fingiré que desconozco cuál deseo darle.

F.

Frances contempló el sobre durante un largo momento.

Después llamó a Alice.

Mientras la carta emprendía el camino hacia el puerto, comprendió que la distancia ya no era únicamente un obstáculo.

Los obligaba a hacer algo que ninguno había sabido hacer cuando estaban juntos.

Hablar sin poder esconderse detrás de una mirada, una discusión o un beso.

Y al otro lado del océano, cuando William leyera que Philip había intentado besarla, Frances sospechaba que aquella nueva madurez sería sometida a una prueba bastante severa.