Entre el deber y la pasión (Entre el viejo mundo y el nuevo amor 1) CAPITULO 13 #3
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CAPITULO 13 #3

Philip vino esta mañana. Le dije que no sé qué siento por usted y que espero que regrese. Él ha decidido continuar cortejándome de todos modos.

No pensaba contárselo de esa manera, pero prometimos que ya no habría listas ni verdades incompletas.

Seguiré recibiéndolo.

No para castigarlo ni porque crea que puede reemplazar lo que comenzó entre nosotros. Lo haré porque usted me enseñó que debo descubrir qué vida deseo y no puedo hacerlo esperando junto a una ventana a un hombre que no me ha pedido que espere.

Las palabras se volvieron más difíciles.

Frances miró hacia la puerta, aunque nadie podía verla desde el salón contiguo.

Cuando regrese —porque he decidido creer que lo hará—, no encontrará a la misma mujer a la que dejó en la terraza. No pienso detener mi vida para conservar intacta una posibilidad. Si desea un lugar en ella, tendrá que reclamarlo con algo más que advertencias y besos de despedida.

Se sonrojó al releer la última frase.

Estuvo a punto de tacharla.

No lo hizo.

Terminó:

Espero que encuentre a su hermano mejor de lo que teme. Espero también que su madre esté acompañada y que usted recuerde que regresar con su familia no lo convierte otra vez en el hombre que era cuando partió.

Escriba cuando pueda.

Pero escriba como usted.

Frances.

Dejó la pluma.

Su primera carta estaba escrita, aunque William todavía no había enviado la suya. Podía conservarla hasta recibir noticias o entregarla de inmediato al mensajero para que viajara hacia Liverpool. Quizá llegaría después de que el barco partiera y regresaría sin ser entregada.

No importaba.

William había dicho que las personas no debían esperar siempre a estar seguras.

Frances dobló la hoja y llamó a un criado.

—Lleve esto al pueblo de inmediato. Debe entregarse al capitán Samuel Harris o al señor William Vanderbilt antes de que zarpen.

—Sí, milady.

Cuando el sobre desapareció, sintió miedo.

Y alivio.

Por primera vez desde la partida, había hecho algo que no consistía en esperar.

***

William recibió la carta de Frances a bordo del Atlantic Star, menos de una hora antes de que el barco abandonara Liverpool.

El mensajero llegó sin aliento, agitando el sobre mientras los marineros retiraban la pasarela y el capitán Harris gritaba órdenes desde la cubierta. William reconoció la letra antes de leer su nombre.

Frances.

Se apartó hacia la popa mientras el puerto comenzaba a moverse alrededor de ellos. Las velas se desplegaron, las cuerdas se tensaron y la costa inglesa empezó a retroceder bajo un cielo gris.

Abrió el sobre.

La primera frase provocó una sonrisa.

Continúo enfadada con usted.

La segunda eliminó parte de ella.

Leyó cada palabra lentamente, aunque el ruido del barco y el viento parecieron desaparecer. Frances no había suavizado nada. Le habló de Philip, de la espera que no aceptaría y del lugar que William tendría que reclamar cuando regresara.

Cuando regrese —porque he decidido creer que lo hará—…

William cerró los ojos un instante.

Ella creía que regresaría.

No había prometido esperarlo, pero le había dado algo más difícil de merecer: una posibilidad que debía conquistar.

Volvió a leer la parte acerca de Philip.

Seguiré recibiéndolo.

Los celos aparecieron de inmediato. Imaginó paseos, visitas y cenas sucediendo mientras él se encontraba atrapado en medio del Atlántico.

Philip tendría semanas para demostrar su constancia.

Podría llevarle flores, conversar con su padre y ofrecerle una vida concreta mientras William solo poseía papel y tinta.

Entonces llegó a la frase final.

Escriba cuando pueda.

Pero escriba como usted.

William apoyó las manos sobre la barandilla. Inglaterra ya era una línea oscura en el horizonte.

Sacó del bolsillo una libreta y encontró una página en blanco.

No sabía escribir como él mismo.

Sabía redactar cifras, acuerdos, instrucciones y respuestas capaces de cerrar una negociación. Nunca había intentado convertir en palabras aquello que no podía controlar.

Miró otra vez la carta.

Después comenzó:

Frances:

Su primera afirmación es injusta. Debería continuar mucho más que enfadada conmigo.

Me pidió sinceridad, así que comenzaré por una verdad poco admirable: detesto saber que Philip continuará cortejándola.

Detesto que pueda verla mientras yo cuento las millas que me alejan de usted y que tenga la oportunidad de demostrar cada día que es más constante, más prudente y probablemente más digno.

No se detuvo a corregirlo.

Esta vez no escribiría como un Vanderbilt.

Escribiría como el hombre que había quedado en sus manos durante un beso demasiado breve.

No le pediré que detenga su vida. Pero tampoco fingiré que acepto con serenidad la posibilidad de que otro hombre ocupe el lugar que deseo.

No sé cuánto tardaré en regresar.

Sí sé que regresaré.

Y cuando lo haga, no seré su consejero.

La pluma quedó suspendida.

William observó el océano que se extendía frente a él.

Luego añadió:

Considere esta mi primera advertencia como pretendiente.

Philip Ashcombe debería aprovechar mi ausencia.

Porque será la única ventaja que pienso concederle.