Engañada por el Mafioso (Cártel Velázquez 2) Capítulo 3
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Capítulo 3

Exprimí un trozo de limón en la boca antes de beberme el chupito de tequila de un solo trago.

A excepción de los soldados que hacían rondas constantes, estaba solo fuera de la casa, en bañador y apoyado en la barra junto a la piscina.

Me mudaba con frecuencia, alquilando casas a través de empresas ficticias. Desde que toda mi familia había sido exterminada, había extremado las precauciones.

Esperaba no acabar igual que ellos, no sin antes vengarme de los Velásquez por lo que nos habían hecho.

Estaba distraído, sumido en mis propios pensamientos, hasta que la vibración del móvil sobre la barra de madera oscura me devolvió a la realidad.

Sonreí al ver el número. El móvil que le había enviado a Paola había funcionado.

Paola:

¿Quién es?

Ramón:

Ya lo sabes.

Paola:

¿Ramón?

Ramón:

Espero que todavía te gusten las calaveras de azúcar.

Paola:

Mis hermanos me matarán si se enteran de que estoy hablando contigo.

Ramón:

Pues no se lo digas.

Paola:

Eso no está bien.

Ramón:

Lo correcto y lo incorrecto suelen ser convenciones creadas por otros.

Hace mucho tiempo que nuestras familias ya no se rigen por eso.

Paola:

Pero son enemigas.

Ramón:

La mía ya no está aquí para pronunciarse.

Paola:

Lo siento mucho.

Ramón:

No fue culpa tuya.

Paola:

Aun así, fue una tragedia.

Ramón:

Aún pienso hacer justicia para mi familia.

Paola:

Mi padre ya está en la cárcel.

Ramón:

No por esos delitos.

Paola:

Pero puede que pase el resto de su vida allí.

Ramón:

No es suficiente para mí.

Paola:

¿De qué estás hablando?

Ramón:

No te preocupes. No te haré daño.

Paola:

¿Y el resto de mi familia?

Ramón:

Tendrán lo que se merecen.

Paola:

Por favor, no les hagas nada.

Ramón:

Estarás bien.

Paola:

¿Por qué yo?

Ramón:

Calaveras de azúcar.

Paola:

No lo entiendo.

Ramón:

Eres como una calavera de azúcar, dulce y delicada.

No tienes la culpa de lo que pasó.

Paola:

Mi familia tampoco.

Ramón:

Tu hermana quizá sí, pero Miguel y Sandro no son inocentes. Estaban metidos en los negocios de tu padre antes de que lo detuvieran.

Paola:

Son mi familia.

Ramón:

Lo siento mucho.

Paola:

Por favor, no les hagas daño.

Ramón:

Dejemos de hablar de ese tema tan desagradable que es el pasado de nuestras familias.

Paola:

¿De qué más podríamos hablar?

Ramón:

De ti.

Ya no eres la niña asustada y perdida que vi la primera vez.

Paola:

Ya no soy una niña, en cuanto al resto, no sabría decirlo.

Ramón:

¿Por qué sigues sintiéndote perdida y asustada?

Paola:

Cuando mi padre estaba aquí, creía que nadie sería capaz de hacernos daño, pero después de que lo detuvieran, todo cambió. Mis hermanos son mucho más cautelosos y yo tengo la sensación de que algo terrible va a pasar en cualquier momento.

Ramón:

Nadie es inalcanzable.

Paola:

Me he enterado de la peor manera: (.

Ramón:

Pero haré todo lo posible por protegerte.

Paola:

¿Por qué?

Ramón:

¿No lo he hecho ya antes?

Me quedé esperando su respuesta, pero Paola no envió ningún otro mensaje.

No sabía si había dejado de hablar por su cuenta o si había pasado algo que le impedía usar el móvil.

Fuera cual fuera el verdadero motivo, tenía la sensación de que, con un poco más de insistencia y paciencia, lograría acercarme a ella como deseaba.