42 Axel #2
Me quito el resto de la ropa deprisa y siento la brisa del atardecer en la piel. Juntos nos adentramos en las aguas cálidas; las olas suaves nos lamen el cuerpo a medida que avanzamos mar adentro. El agua es como seda y nos envuelve mientras el crepúsculo se posa sobre nuestro paraíso privado.
Atraigo a Willow hacia mí en el agua y siento su piel resbaladiza contra la mía. El atardecer le tiñe la piel de dorado; las gotas se le prenden de las pestañas mientras me mira.
—Eres jodidamente perfecta —le digo mientras mis manos bajan hasta agarrarle el culo—. Cada centímetro de ti.
Me rodea la cintura con las piernas; la flotabilidad del agua lo hace fácil.
—Tú también —me pasa los dedos por el pelo—. Mi hombre peligroso.
Inclino la cabeza para saborear la sal de su cuello y le muerdo con suavidad.
—Te gusta que sea peligroso. Admítelo.
Willow gime quedamente mientras le succiono el cuello, justo donde late el pulso.
—Me encanta. Me encanta cómo me haces sentir cuando tomas el control.
Le acaricio un pecho y siento cómo se le endurece el pezón contra la palma.
—Dime qué quieres —le exijo.
—Quiero sentirte dentro de mí. Aquí mismo, en el mar.
Le agarro los muslos con más fuerza y la coloco en posición.
—¿Quieres exhibir tu devoción en público? ¿Demostrar hasta qué punto domino tu placer?
Ella ondula las caderas contra mí, provocándome.
—Sí. Quiero que todo el puto mundo sepa a quién pertenezco.
Sus palabras me arrancan un gruñido.
—¿Y quién es?
—Tú, Axel. Solo tú.
Me deslizo dentro de ella con una embestida suave. Willow jadea y echa la cabeza hacia atrás.
—Eres increíble —gruño mientras la mantengo suspendida en el agua y embisto hacia arriba—. Cada centímetro de ti es el paraíso.
—Más fuerte —exige, clavándome las uñas en los hombros—. Hazme tuya.
Obedezco y embisto más hondo sin dejar de sostenerla.
—¿Te gusta que te follen en el mar? Cualquiera podría ver lo guarrilla que eres.
Willow gime y su cuerpo se contrae a mi alrededor.
—Me da igual. Solo te necesito a ti. Necesito esto.
El agua salpica entre nosotros a medida que nuestros movimientos se vuelven más urgentes. El sol se hunde y proyecta largas sombras sobre el agua, pero yo solo puedo concentrarme en Willow.
Estrecho a Willow con más fuerza mientras el agua cálida del océano se arremolina a nuestro alrededor. Sus piernas se enroscan en mi cintura, su cuerpo sube y baja con cada embestida. El sol poniente proyecta una luz dorada sobre su piel mojada y la hace brillar como algo de otro mundo.
—Eres jodidamente hermosa —le enredo una mano en el pelo, tirándole de la cabeza hacia atrás para dejar su garganta expuesta—. Tomándome tan adentro aquí, donde cualquiera podría vernos.
Ella gime, sus paredes internas apretándose a mi alrededor. —Solo tú me ves así. Solo tú.
La posesividad me recorre como un incendio. Mía. Toda mía.
Me hundo más en ella; el agua crea una resistencia que intensifica cada embestida. Las uñas de Willow se me clavan en los hombros hasta sacarme sangre.
—Márcame —ordeno con la voz ronca de deseo—. Muéstrales a todos a quién pertenezco.
Me muerde el hombro con la fuerza suficiente para dejar marca. El dolor me baja directo a la polla y me hace embestir más fuerte.
—Eso es, duendecilla. Joder, eres perfecta.
Cambio de posición y nos muevo hacia donde el agua es menos profunda; mis pies encuentran agarre en el fondo arenoso. Con este apoyo, puedo embestir hacia arriba con más fuerza. Cada embestida le arranca un grito desesperado.
—Axel, estoy cerca —gime—. Por favor, no pares.
—Ni soñarlo —deslizo la mano entre nuestros cuerpos y le encuentro el clítoris con el pulgar—. Córrete para mí. Déjame sentirte caer.
Echa la cabeza hacia atrás, gotas de agua cayendo en cascada de su pelo mientras su cuerpo se tensa alrededor del mío. Siento cómo empieza a palpitar, cómo su coño se contrae.
—Eso es —la animo, frotándole el clítoris más rápido mientras me hundo en ella—. Suéltate para mí.
El orgasmo golpea a Willow como un maremoto. Grita mi nombre, su cuerpo se cierra sobre mí tan fuerte que veo estrellas. La fuerza de su placer desencadena el mío, y me hundo una última vez hasta el fondo, vaciándome dentro de ella con un gruñido gutural.
Mantengo a Willow pegada a mí mientras las réplicas del placer nos recorren a ambos; el agua cálida nos lame con suavidad. El cielo se ha teñido de púrpura, las primeras estrellas aparecen como testigos distantes de nuestra conexión. Apoya la frente contra la mía.
—Nunca pensé que encontraría paz —la honestidad de mis palabras me sorprende—. Las voces, la rabia... siempre han estado ahí, empujándome. Pero contigo... —me quedo callado, buscando las palabras.
Willow me recorre la mandíbula con las yemas de los dedos; sus ojos reflejan las estrellas que van apareciendo sobre nosotros.
—¿Conmigo?
—Contigo puedo respirar —le presiono los labios contra la frente, saboreando la sal—. No intentas arreglarme ni cambiarme. Simplemente... me ves. Todo lo que soy.
Sonríe, esa sonrisa que todavía hace que algo en mi pecho se contraiga.
—Y te amo entero.
La palabra ya no me aterroriza como antes. Amor. Algo tan peligroso, y sin embargo me he entregado a él por completo.
—No somos normales —digo, colocándole un mechón de pelo detrás de la oreja—. Nunca lo seremos.
—Lo normal está sobrevalorado —Willow me aprieta los brazos alrededor del cuello—. Prefiero esto, a nosotros, exactamente como somos.
Miro más allá de ella hacia el horizonte infinito, hacia la inmensidad del océano y el cielo fundiéndose. Por primera vez, no estoy huyendo de nada ni persiguiendo nada. Simplemente existo, presente en este momento perfecto con la única persona que silencia el caos dentro de mí.