12 Axel
La tinta fluye de mi pluma, manchando la página con mi ansia por Willow. Esbozo una sonrisa mientras escribo, recordando su rostro sonrojado y cómo intentó ocultar su excitación. Mi hermosa doctora es tan inocente y pura en la superficie, pero veo la tormenta que se gesta debajo. Pienso desatarla.
Llevamos dos meses de sesiones, y he visto cómo se derrumban sus muros. Lo que comenzó como distanciamiento clínico se ha convertido en algo muy distinto. La doctora cree que lo oculta bien, pero yo lo veo todo.
En mi celda, escribo una carta con palabras que rebosan vulgaridad.
Mi querida Doctora Matthews,
Después de dos meses de sesiones juntos, me descubro consumido por ti de maneras que nunca anticipé. Lo que comenzó como una distracción se ha convertido en una obsesión que me mantiene despierto por las noches.
No puedo dejar de pensar en ti. Mi mente divaga y pinta imágenes vívidas de lo que te haría si estuvieras aquí conmigo.
Empezaría por presionarte contra la pared, con tu cuerpo suave aplastado contra el hormigón duro.
Devoraría tu cuello con mi boca y te marcaría como mía.
Intentarías resistirte, pero te susurraría al oído todas las cosas obscenas que planeo hacerte, y te derretirías en mis brazos, incapaz de negar tu ansia.
Te desnudaría lentamente, con provocación, saboreando la anticipación.
Exploraría cada centímetro de tu cuerpo con mis manos y mi boca, trazaría el mapa de tus curvas, probaría tu dulzura.
Te haría suplicar por más, rogarme que satisficiera la necesidad que he despertado en ti.
Y cuando estuvieras al borde, entraría en ti y reclamaría cada parte de ti como mía.
Pero eso es solo el comienzo, mi dulce doctora.
Te inmovilizaría, te ataría las muñecas y los tobillos a los muslos y te dejaría vulnerable.
Usaría tu cuerpo para mi placer, tomaría lo que quiero como lo quiero.
Te haría gritar mi nombre, suplicar piedad, pero no tendría ninguna.
Te poseería, cuerpo y mente, y eso es lo que hace que mi sangre se acelere.
Estos muros no pueden contener el fuego entre nosotros. Es solo cuestión de tiempo hasta que me pertenezcas por completo.
A la espera de nuestra próxima sesión,
Axel
Doblo la carta con el pulso acelerado por la anticipación.
Al deslizarla en un sobre, imagino su reacción, el conflicto en sus ojos y el deseo que intenta reprimir.
Sé que mis palabras la perseguirán y alimentarán las llamas de su lujuria prohibida.
Y cuando nos volvamos a encontrar, veré ese fuego consumirla y quemar cualquier resistencia que le quede.
Le paso el sobre a Martínez, quien se lo entregará al conserje. Le pongo en la mano un paquete de cigarrillos que esconde un billete de cincuenta dólares.
—Asegúrate de que la doctora Matthews reciba esto. Directamente en su oficina.
—Cuenta con ello, Morrison.
Martínez guarda la carta en su uniforme. Otro guardia en mi bolsillo; es increíble lo que el dinero puede lograr.
Anticipar su reacción me hace vibrar la piel.
Cada sesión durante estos últimos dos meses ha sido un baile cuidadoso: empujar los límites y luego retroceder lo suficiente para que siga volviendo.
He memorizado cada detalle de sus respuestas.
Cómo se muerde el labio inferior cuando está incómoda, cruza las piernas cuando digo algo particularmente obsceno y finge tomar notas pero solo garabatea tonterías para evitar mirarme a los ojos.
Es hora de ver qué sucede cuando llego a ella fuera de nuestras horas cuidadosamente estructuradas.
La cafetería bulle con el caos habitual cuando entro. Mi equipo ocupa nuestra mesa de siempre, pero algo no cuadra. Rico, mi segundo, me mira y hace un sutil gesto con la cabeza hacia la esquina del fondo. Marcus Kane y sus matones se han extendido y ocupan más territorio de lo habitual.
Agarro mi bandeja y paso junto a la mesa de Marcus.
—¿Te estás poniendo cómodo en mi espacio?
El cuello tatuado de Marcus se tensa.
—Que yo sepa, esta es mi prisión.
—Qué curioso.
Me inclino hacia él.
—Eso no es lo que dijo la esposa del director cuando me visitó el mes pasado.
Se le ponen los nudillos blancos de apretar el tenedor. Todo el mundo sabe que Marcus ha estado intentando congraciarse con la administración a través de la esposa del director. Que yo llegara primero debe estar comiéndolo vivo.
—Cuídate las espaldas.
Marcus entrecierra los ojos.
—Los accidentes ocurren todo el tiempo aquí dentro.
Me río, y el sonido resuena por toda la cafetería.
—Claro que sí. Como lo que le pasó a tu último compañero de celda.
Me enderezo y noto cómo los guardias se mueven nerviosos. Saben de lo que soy capaz, qué hilos puedo mover incluso desde detrás de estos muros.
Tomo asiento con mi equipo y noto cómo los demás reclusos evitan nuestra mesa. Rico se acerca más.
—Marcus ha estado reclutando. Consiguió que transfirieran a tres tipos nuevos del bloque D.
Muerdo el pastel de carne insípido mientras mi mente ya procesa las implicaciones. Marcus está moviendo ficha, intentando alterar el delicado equilibrio de poder que he establecido. Pero está olvidando un detalle crucial: no llegué a donde estoy siendo amable.
Observo a mi equipo mientras se reúnen alrededor de nuestra mesa. Cada uno ha sido seleccionado a dedo y cumple un propósito en la jerarquía que he construido con esmero.
—Jefe, tenemos vigilados a los nuevos reclutas de Marcus.
Rico desliza un trozo de papel doblado sobre la mesa. Mis dedos rozan el contrabando: horarios de los guardias de la prisión, rutas de patrulla, puntos ciegos en las cámaras. Aquí la información es oro; Rico es el mejor corredor de datos detrás de estos muros.
Dante, nuestro músculo, se hace crujir el grueso cuello. Es un armario con puños que podrían aplastar hormigón; me ha salvado el culo más veces de las que puedo contar.
—¿Quieres que envíe un mensaje?
—Todavía no.
Me meto un trozo de pan duro en la boca.
—Veamos primero qué ha descubierto nuestro amigo Tommy.
Tommy, el más joven de nuestro equipo, juguetea con la manga. Chico inteligente, probablemente no debería estar aquí, pero su talento para la electrónica lo hace invaluable. Ha recableado la mitad de los sistemas de seguridad de la prisión y nos ha dado ojos y oídos en todas partes.
—¿Los tipos nuevos de Marcus?
Tommy se inclina y baja la voz.
—Son de la Hermandad Aria. Pesos pesados del bloque D.
Snake, nuestro estafador residente, pone los ojos en blanco.
—Movimiento de novato. La HA tiene demasiada presión encima.
Asiento, apreciando la perspicacia de Snake. Con su labia y su cara de buen chico, se ha librado de más marrones que cualquier otro aquí dentro. Los guardias confían en él, lo que lo hace perfecto para dirigir nuestra operación de contrabando.
—No les quitéis ojo —le digo a Rico—. Quiero saber cada paso que den.
Mi gente asiente al unísono. Saben lo que tienen que hacer y lo que les pasa si fallan. He construido esta familia pieza a pieza, escogiendo a cada uno por lo que sabe hacer. Juntos, controlamos todo lo que importa en esta caja de hormigón: droga, armas, información, protección.
Marcus creerá que está moviendo ficha, pero él juega a las damas mientras yo juego al ajedrez. Y en este juego, siempre le llevo varias jugadas de ventaja.