22 #2
-Fui diagnosticada con depresión y ansiedad, en el 2020.
Fue después de una noche de tormenta y muy fea para todos.
Esa noche hubo una tormenta, llegaron a urgencias varios heridos, varios lesionados e incluso tuvimos muertes, pero aún recuerdo bastante la muerte de una paciente que estaba embarazada.
Veras ella estaba por tener al bebe, y entonces pidió un taxi para que la llevara al medico, pero en el trayecto fueron interceptados por un vehículo que conducía a alta velocidad porque este venía huyendo de la policía.
Llegaron a urgencias pero la señora venía muy mal herida, después de por lo menos diez horas en quirófano no pudieron salvar a la señora, solo al bebe.
Cuando el esposo llegó, estaba devastado, destruido, se le veían en los ojos como su mundo se había derrumbado de un día a otro, como la vida como la había conocido hasta ese momento se había acabado.
Creímos que el ver con vida a su bebe lo calmaría un poco, pero por lo contrario lo devastó más, se puso ansioso, gritaba, “como es que te voy a cuidar”, “como es que me are cargo de ti”, “eres tan pequeño, tan indefenso”, “necesitas a tu madre, no a mi”,
le dio una crisis y le tuvieron que dar un sedante.
Pero eso no es todo, la noche estaba a punto de terminar, cuando escuchamos un fuerte sonido, fuerte demasiado fuerte.
Todos corrimos a ver qué era lo que pasaba, para saber qué era ese fuerte sonido y de donde provenía.
Llegamos a los vestidores de los residentes, y era uno de mis residentes que se había suicidado, él se había quitado la vida, se disparó en la región temporal de la cabeza.
Me quedé impactada, de verdad, no lo podía creer, no sabía que había ocurrido, qué pasó con él para que tomara esa decisión.
Tiempo después nos enteramos que el sufría de una severa depresión, que por cierto nadie, ni siquiera sus compañeros o mejores amigos sabían acerca de su salud mental, el la padece solo, sin decir nada a nadie, sin pedir ayuda, sin gritar o llorar de desesperación.
En fin, a partir de esa noche de tormenta, empecé a padecer insomnio, pasaban hasta tres días para poder dormir, el apetito se fue, ya ni los tacos mexicanos, ni la comida china, ni la pizza se me antojaban.
Me sentía apagada, mal y muy triste. Incluso llegó el momento en donde ya no sentía nada, ni malestar ni placer, ni felicidad ni tristeza.
Hablé con una colega psiquiatra y me recomendó uno de sus colegas, y desde ese entonces estoy en terapia con un psicólogo y un psiquiatra.
El problema Jerry, o el miedo que tengo, es que desde que volvimos a encontrarnos aquella vez, desde que tus labios tocaron los míos me he sentido muy bien, llena de esperanza, de sueños, de anhelos.
Me siento como una verdadera adolescente, toda enamorada de ti, con ganas de besarte siempre, abrazarte, de hablar contigo cada instante, cada momento de mi día, me ilusiona bastante cuando llega el día de vernos.
Sabes cuánto odio viajar, pero por ti he soportado todas esas horas en avión, solo para verte y estar a tu lado.
Cuando te veo mi corazón late sin parar, creo que me dará algo.
Pero en verdad, tengo miedo de que te alejes, de que desaparezcas de mi vida sin previo aviso, que no estés listo para mi, para esto.
-Oh querida, porque no me habías contado nada de eso. Yo jamás me alejaría de ti, jamás te dejaré Leah, te amo con todo mi corazón. -respondí
Ese día volvimos a la habitación del hotel y estuvimos acostados abrazados viendo el atardecer.
Ella no quería alejarse de mí, no quería ni soltarme por un minuto, me apretaba tan fuerte que su miedo se sentía en mis huesos.
Pero cómo era posible que ella, una persona tan dura, tan ruda, fría y racional, estuviera sufriendo tanto, estuviera rota por dentro.
No lo podía creer, y porqué no pidió ayuda, porque no me pidió ayuda.
Me puse a pensar toda la noche que tal vez yo no era para ella, yo no era suficiente para alguien como ella, alguien como yo, tan tonto, despistado y hasta egocéntrico incapaz de ver por sus sentimientos, sus emociones, su sufrimiento.
Me sentía culpable, porque solo estaba viendo por mi, por no volver a sufrir jamás, por no volver a sentir miedo, vulnerabilidad o dolor, y ella estaba sufriendo, llorando, destruida y cansada en silencio.
El siguiente día, Leah se la pasó llorando, y dormida en la habitación, yo simplemente no sabía como actuar, no sabía que debía hacer en esa situación.
Yo simplemente la abrace, la bese de las mejillas y la frente, jugueteo con su cabello y le di un masaje.
El tercer día la logré convencer de ir a dar un paseo y visitar el parque Xcaret, ella es de las personas a las que le encantan las actividades extremas y sabía que este parque le emocionaba por demás.
Ese día nos la pasamos increíble, logré hacerla reír un par de momentos, pero creo que el nadar con delfines la tranquilizó enormemente, cuando se lanzó por la tirolesa grito a más no poder, creo que dejó allí un poco de ansiedad.
Esa noche nos abrazamos, e hicimos el amor despacio y sin prisas, rico y lento.
El siguiente día fuimos al Museo Subacuático de Arte, bucear con ella me tranquilizo y ver esas esculturas sumergidas tan maravillosas y hermosas lleno mi día.
-Leah este día, solo quiero que paseemos por la playa a caballo, y cenemos en el
restaurante del hotel.
-Me parece bien mi vida, hoy quiero salir a correr y dormir un poco más.
-Perfecto amor, te acompaño a correr, y cuando regresemos nos duchamos juntos.
Salimos a correr por la mañana, regresamos a la habitación del hotel y nos duchamos.
Este día era el día en que le pediría matrimonio, tenía todo planeado, cena a la luz de la luna, frente al mar, viendo las estrellas escuchando el sonido de las olas del mar.
Estaba todo planeado de manera perfecta en mi cabeza, sin embargo algo me daba vueltas en la cabeza, algo que no me dejaba estar al cien por ciento seguro de todo, y no lograba descifrar si era el estado de salud mental de Leah o mi estado de salud mental, es decir,
no sabía si por la depresión de Leah, ella fuera a rechazarme, a decirme que no quería casarse conmigo, o si yo era el que no estaba listo, el que no había superado todos mis miedos, todo el pasado, todo el dolor.
No quería entrar en crisis existencialista, pero este sentimiento me estaba generando dudas, esta incertidumbre no me dejó pedirle matrimonio ese día a Leah.
Tenía que hablar con ella primero, saber qué era lo que quería, que era lo que pensaba y esperaba ella de mi, de esta relación.
-Amor, necesito saber ¿como te sientes ahora?- pregunté.
-Me siento como si un camión hubiera pasado encima mio, en verdad amor, me
siento toda adolorida después de este día, veras, corrimos en la mañana, en la tarde cabalgata a caballo, y luego cena, estoy realmente exhausta.
-Entiendo mi vida, y de ánimos ¿como estas?-pregunte.
-Veras, de ánimos creo que me siento muy bien, a tu lado me siento demasiado bien, se me olvida que tengo depresión y ansiedad y me la paso feliz y tranquila a tu lado, el problema es cuando no estas a mi lado, me da mucha tristeza, mucho malestar, miedo y ansiedad.
Me da miedo el perderte, el que te alejes de mí sin previo aviso, el que te enfades de esto, o simplemente tengas miedo de amarme y te marches. Y tu mi vida, ¿cómo te sientes?.
- Yo se que te amo, se que quiero estar contigo, cada segundo, cada minuto y hora que paso a tu lado me enamoro más y más de ti, te admiro más, soy más feliz de tenerte, de estar a tu lado.
Pero tengo un miedo, un miedo que viene de nuestro pasado, miedo a que me dejes, a que te marches, miedo a no saber qué hacer con este amor, con todo esto que siento por ti, creo que si no estas a mi lado, esta vez mi corazón si se marchitaría de tristeza.
Esa noche, hablamos largo y profundo de nuestros sentimientos, de nuestros malestares, de nuestros miedos.
Eso me sirvió para darme cuenta lo mucho que Leah me amaba, lo segura que ella estaba de mi, de nuestro amor, de nuestra vida juntos.
Leah, había cambiado profundamente, ella realmente ya había madurado, era otra, esos miedos, vulnerabilidades y temores que le predecían se habían esfumado, ahora era una mujer segura de sí misma, sincera, y de sentimientos puros y nobles.
Sabía que ella esta vez no me fallaría, que esta vez se entregaría a
mi en cuerpo, pensamientos y sentimientos.
Esta vez había logrado follar su mente, pues se desnudo ante mi, y no solo su cuerpo sino su alma, conocí su alma desnuda, vulnerable y sincera.
Compartió conmigo esos pensamientos más profundos y vergonzosos, sus sueños, sus planes, sus deseos y sus maldades.
Esta vez yo era el que estaba dudando, dudando no de mi amor ante ella, pues sabía que la amaba más que a nadie y más que nada en este mundo, pero si dudaba ante
la vida, ante la cotidianidad, y el pasado.
Ese maldito pasado, que me había hecho temeroso, y precavido al dolor, a la tristeza y malestar, y aunque amo mucho a Leah, no puedo negar ni esconder el daño que me hizo, el pensar que todo esto sería solo un sueño, que todo esto podía acabar en un segundo,
que si Leah simplemente decidía marcharse de nuevo de mi vida, eso me enloquecía.
Decidí hacer a un lado esos malditos sentimientos despreciables de dolor y miedo, y hacerle caso a mi corazón.
Así que planeé, rentar un yate, y pasarnos todo el día navegando.
Leah se encontraba realmente emocionada, quería perderse en medio del océano y gritar, gritar a todo pulmón, sin más.
Yo estaba nervioso, pues ahora sí le iba a pedir matrimonio, no habría nada que me lo impidiera, estaba ya seguro de eso.
-¿Te gusta el Yate?
-Esta hermoso Jerry, que lindo plan el tuyo, nos vamos a divertir.
-Será un día inolvidable. Vamos sube, amor.
-Eres todo un caballero, mi hermoso Jerry, por eso y más te amo.
Nos subimos al Yate, y este empezó a navegar por el océano, llegamos a una hermosa isla donde paramos y bajamos a nadar, a correr por la arena, y a jugar. Nos sentamos, a tomar vino y platicar de la vida. De las cosas mundanas. cuando Leah se paró a gritar yo me arrodille frente a ella.
-Oh Jerry, pero qué es esto, ¿qué haces?-pregunto.