El Vicio de los Entendidos 17
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Desquiciar la mente de Leah es un vicio refinado para entendidos.

De: Leah.

Para: Jerry

Asunto: Hey…

¿como estas?

P.D. Llego a las 7 al depa.

Pero qué carajos, después de tanto tiempo buscándola, y simplemente de la nada recibo este maldito mensaje.

Pero qué carajos, qué está ocurriendo. Uno y mil pensamientos corrieron por mi cabeza.

Leah. Tenerla de frente de nuevo, no sé si lo soportaría, no sé cómo comportarme, no sé que pasará.

Me ocupé en limpiar el departamento y arreglar lo máximo posible para que ella no supiera lo devastado, destruido y mal que me sentía, lo triste y simplemente dolido que estaba por todo lo que habíamos pasado, aquellas dudas, aquellas incógnitas y todos aquellos malentendidos que jamás solucionamos.

—Hey, ¿cómo estás? —fue lo primero que me dijo Leah al abrir la puerta del departamento. Tragué un bocado de saliva, cerré mis ojos, y traté de no perder mi compostura.

—Pasa, Leah —le respondí.

Leah se sentó en el sofá justo del lado mío, me tomó de la mano y acarició mi rostro y me dijo «mírame a los ojos, Jerry» simplemente no pude sostener mi mirada y no sé cómo, ni a qué hora, pero mis lágrimas no dejaban de salir de mis ojos.

Leah, me secó las lágrimas, besó mi mejilla y me abrazó fuertemente por más de veinticinco minutos.

Ella simplemente no dejaba de besar mi mejilla, secar mis lágrimas y abrazarme.

Sentí que todo estaría bien, que todo volvería a ser lo mismo, que estaría seguro y a salvo a su lado.

Ese momento volvió a ser mágico e inolvidable.

—¿Lo viste? ¿lo conociste? —pregunté.

—No, Jerry, no me pude despedir de él, pero mi hermano le tomó una foto. ¿Quieres verlo? — contestó.

Asentí con la cabeza y me mostró una foto en su celular. En ese momento no me pude sostener más, me volví a desbordar. Simplemente no me pude contener, ella me volvió a abrazar y sostener la mano.

—Leah, hablemos, necesitamos hablar —dije cuando al fin logré recuperarme.

Ella no me dejó seguir hablando y cerró mis labios con sus besos, me acarició y jugueteó con mi cabello, y con su otra mano desabotonó mi camisa, besó y lamió mi cuello, mordisqueó mis labios, mis mejillas y mi oreja.

Imposible defenderse ante eso, ante ella, si cada vez que la veía mi corazón no dejaba de palpitar, parecía que se saldría de mi pecho, me ponía muy nervioso y ella siempre supo desarmar mi armadura y penetrar mi alma.

Me tomó de la mano y me llevó hacia la cama.

Solo me tumbó y se acostó a mi lado, nos besamos, nos abrazamos y no dejamos de tocarnos durante toda la noche.

Nos sentamos desnudos uno frente del otro en la cama, le pedí que me diera sus manos, las besé lentamente y sutilmente.

Las palabras simplemente salieron de mi boca y le dije cuánto la amaba, cuánto la había extrañado y la falta que me hacía.

Le pedí que se casara conmigo y le di un anillo, nada costoso y nada aparatoso, pero ese anillo era muy especial para ambos.

Ella no dijo nada y solo me besó y me pidió que le hiciera el amor.

Me tumbó, me besó y se subió en mí. Yo la deseaba, deseaba penetrarla, deseaba estar dentro de ella, mi pene extrañaba su húmeda y caliente vagina.

Ella jugueteó con mi cuerpo, con mi pene y con mis manos.

Me besó todo el cuerpo, me besó en los labios mientras nuestros cuerpos se fundían, se unían y se penetraban mutuamente.

Nos pertenecimos, nos necesitábamos, nos amábamos y deseábamos.

No solo nuestros cuerpos se reconocieron, sino además nuestros corazones y nuestras almas estaban más que intoxicadas uno del otro.

Sentirme dentro de ella, sentirla moverse para adelante y para atrás, para arriba y para abajo y de forma circular, sin duda mi pene conocía cada centímetro de su vagina.

Escucharla gemir, pedir más y decirme al oído lo mucho que me amaba, eso era mi éxtasis.

Eso hacía que la punta de mi falo estallara y esa sensación recorría todo mi cuerpo.

Terminar todo rasguñado de la espalda y el pecho, mordisqueado, lamido e impregnado de su olor, pasar toda la noche abrazados y cuidándonos mutuamente, me daba esperanzas, revivía mi sentir, mi pensar

y le daba sentido a la vida. Al día siguiente desperté y lo primero que hice fue buscarla a mi lado.

Susurré su nombre, me levanté de la cama para buscarla en la cocina, en el baño y en el resto del apartamento.

Mi corazón latía tan fuerte y el aire me faltaba, no podía respirar con facilidad.

No podía creerlo, ella no estaba. En ese momento creí que lo que viví ese día anterior había sido solo un sueño o una alucinación causada por el abuso del alcohol que había estado consumiendo.

Tomé un baño de agua helada y busqué en mi celular.

Sin duda allí estaba su mensaje, allí estaba la foto de mi bebé.

Lo que no estaba era Leah ni el anillo de compromiso que le di.

Se fue. Se volvió a ir sin ninguna explicación después de haberme dicho que me amaba y que todo estaría bien, de haberse entregado a mí, de haberme besado, abrazado, y consolado.

Sin duda, Leah y yo podíamos follar tantas veces como estrellas hay en el cielo, pero jamás pude follar su mente. Esta

vez me desquicié por lo menos durante seis meses. Pero tenía que avanzar, tenía que seguir, tenía que olvidarla. Ya no quedaba más de mí, ya no tenía sentimientos, ya no me importaba nada, lo único que quería era olvidarla.

Sacar su olor de mi mente, su sabor de mis labios, y su piel de mis recuerdos.

Creí que probando otros labios, follando otros cuerpos, besando otros pechos ella desaparecería de mis recuerdos.

Follé, me embriagué, viajé y disfruté tanto que simplemente mi cuerpo y mi alma se cansaron.

Yo no era esto, esta no era la mejor versión de mí, simplemente tenía que avanzar, tenía que ser yo, simplemente tenía que seguir.