16 #2
No me puedes hacer esto, necesitamos hablar. Donde estas.
P.D. Te amo.
Después de infinidad de llamadas y mensajes no supe más de Leah.
Ella ya no me quiso contestar, pasó una semana y lo único que sabía es que estaba con Cristián.
Llegó el punto en donde no me importó y lo único que quería era verla.
Esto debía ser una pesadilla, cómo de la noche a la mañana nuestras vidas cambiaron tan repentinamente y de la nada.
Fui a buscarla a casa de Cristián, quería derribar la puerta, pensé que tenían apagadas las luces y que simplemente no querían abrir.
Pero para mi sorpresa ella no estaba allí, ni él estaba allí, esperé un par de horas y él llegó en un lujoso auto deportivo.
—Dime dónde está Leah —le grité.
—Vete de aquí, seguro estás ebrio —contestó.
—No me iré de aquí sin verla —respondí.
Comencé a gritar su nombre, y Cristián me sujeto de la camisa tan fuerte y me amenazó para que me callara.
Yo lo empujé, él me empujó y nos soltamos un par de golpes.
Estaba tan eufórico que ni siquiera me había percatado de que Jackson estaba allí hasta que salió del auto y nos separó para que paráramos de comportarnos así de infantiles e inmaduros.
—Jerry, tienes que parar esto —sugirió Jackson.
—Necesito verla, necesitamos hablar —respondí.
—Recuerda que fuiste tú quien le dijo que no la querías volver a ver, quien le dijo que se fuera de su casa, y que ese hijo que llevaba no era tuyo.
¿Recuerda todas las cosas que le dijiste el día que se suponía que ambos irían al médico para saber qué género sería su bebé?
Ese día debiste estar con ella, acompañándola y afrontando su situación juntos y dónde estabas tú
—contestó un poco molesto.
—Lo sé, y lo siento. Pero Fernanda me mostró pruebas de que Cristián y tu hermana seguían en contacto, de que él era el padre del bebé, de que ellos se amaban —grité.
—Pruebas, Jerry, ¿acaso eres idiota o un poco lento? ¿te mostró una prueba de ADN? ¿te mostró la conversación completa? Además nunca le diste el beneficio de la duda a mi hermana, te dejaste engañar, te dejaste convencer. Tenía razón Leah cuando dijo que ya no eras el mismo —replicó.
—Además, Jerry, si de verdad crees lo que te dijo Fernanda por qué sigues buscando a Leah, simplemente déjala —agregó.
—No puedo. Necesitamos hablar, ¿dónde está? ¿cómo está? necesito saber de ella —dije.
—Ahora te interesa cómo está, cuando la dejaste sola en el peor momento de su vida —contestó.
—¿De qué hablas? Ella y el bebé siempre me han interesado, siempre he querido lo mejor para ellos, y su salud y bienestar es por lo que siempre me he esforzado —repliqué.
—El día que discutieron y tenían que ir al médico, ella se empezó a sentir mal, le empezó a doler demasiado el abdomen y tuvo un pequeño sangrado vaginal.
En ese momento te llamó para que fueras a ayudarla, pero resulta que le contestó Fernanda de tu parte para decirle toda esa sarta de cosas, ella en ese momento se puso peor, y me llamó.
Cristián estaba conmigo de guardia y ambos fuimos a ayudarla, ya que ella estaba teniendo una amenaza de aborto.
Cuando llegamos al estudio donde ustedes vivían, ella estaba tirada en el suelo llorando, con el celular en la mano, creo que estaba viendo unas fotos que le habías enviado, en fin.
Le dijo a Cristián que acomodara todas sus cosas, mientras yo la ayudé a llegar al auto.
De inmediato la llevamos a urgencias al hospital —comentó Jackson.
—¿De qué carajos hablas? Todo iba perfecto con Leah y el bebé —repliqué.
—No, Jerry, con las condiciones físicas, de salud y anímicas de mi hermana ese embarazo siempre fue un embarazo de alto riesgo y se debió cuidar lo mejor posible, con la mayor atención y delicadeza, pero como ambos son un par de jóvenes idiotas, ni siquiera prestaron atención en eso —contestó.
— En fin, cuando llegamos a urgencias Leah ya se encontraba muy grave, tuvo una hemorragia vaginal y los médicos esta vez no la pudieron controlar.
Ella luchó por no perder al bebé, pero Leah cayó en paro cardiaco, los doctores hicieron todo lo que estuvo en sus manos.
Lo siento, Jerry, de verdad lo lamento —dijo Jackson con la cara empapada en llanto.
—¿Y Leah? ¿ella está bien? Necesito verla —pregunté a gritos.
—Tras sufrir el aborto, Leah quedó muy débil y no despertó durante dos días, pero ahora ya está fuera de peligro y se encuentra bien —contestó.
Mi querido angelito de apenas veintidós semanas de gestación no pudo sobrevivir.
Nunca imaginé arrepentirme tanto de no haber terminado mi carrera de Derecho, pues quizá si hubiera sido abogado hubiera apelado y demandado porque se le reconociera a mi hijo como un cuerpo humano para poder darle un funeral y no como restos quirúrgicos.
Mi bebé tenía ciento cincuenta y cuatro días de gestación y pesaba cuatrocientos veinte gramos.
No lo pude ver, no pude despedirme de él, alzarlo, besarlo, ni siquiera pude conocerlo.
Ese es uno de los dolores más grandes que sin duda acompañan mis días.
Leah no respondía ni mis mensajes, ni mis llamadas.
Cristián ya me había amenazado un par de veces y una vez me topó muy ebrio y me dio un par de golpes para que yo accediera a dejar de buscar a Leah.
Quería cerrar esto, quería decirle cómo me sentía, el dolor que estaba pasando al perder a mi bebé y perderla a ella.
Debíamos estar juntos compartiendo este dolor, haciéndonos compañía y apoyándonos mutuamente.
De ella no supe más. Mi única compañía eran algunas botellas de whisky, mucha cerveza y mi cámara.
La cámara guardaba todos nuestros recuerdos juntos y el whisky me ayudaba a olvidar todo.
Qué paradójico. Lo único que hice durante los últimos días, durante las últimas semanas e incluso los meses enteros fue recordarla y olvidarla.
Del departamento no salía, no sabía si era de día, si era de noche o si ya era otro día, el tiempo transcurría como el agua entre las manos, sin darme cuenta habían pasado ya cuatro meses desde lo ocurrido.
Año de 2013.