El Vicio de los Entendidos 16
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No existe alegría sin dolor.

No podíamos estar más emocionados, al fin nos habíamos graduado de nuestros estudios.

A Leah no se le notaba bastante el embarazo, pues ella siempre fue muy delgada, y si no era porque en la madrugada me despertaba para pedirme que fuera a buscarle un helado, una cerveza, una hamburguesa, fresas, duraznos, dulces y ese estilo de cosas que suelen antojarse a una embarazada,

jamás hubiera imaginado que estaba embarazada.

Leah estaba más caliente que de costumbre, había días enteros que no salíamos para nada del estudio por estar haciendo el amor todo el día.

Ella solía decir que estábamos terminando de hacer a nuestro pequeño John.

Ella aseguraba que sería niño y se llamaría así, yo le decía Luna, nuestra pequeña Luna, porque en su hermosa barriga a veces se formaba como una media luna, a veces como una luna llena y a veces solo el resplandor.

Sin duda el o la bebé que venía sería todo un reto como Leah.

A sus apenas dieciocho semanas de vida, ya estaba armando una revuelta en la barriguita de Leah.

Nadie sabía del embarazo de Leah, más que Albert.

Habíamos optado por no anunciarlo hasta saber cuál iba ser nuestro siguiente paso, pues fuera del cuento de hadas que teníamos, la realidad era demasiado dura y compleja.

Su familia no se tomaría nada de esto de la mejor manera.

Mi familia, bueno, mis hermanas solían ser un poco sobreprotectoras pero estaba seguro de que me apoyarían.

De: Fernanda

Para: Jerry

Asunto: Urgente

Necesitamos hablar.

P.D. Es urgente.

De: Jerry

Para: Fernanda

Asunto: ¿?

Dime…

—Jerry, recuerda que a las seis de la tarde tenemos cita con el especialista y nos dirá qué será esta pequeña bola que llevo dentro, si John o Luna — mencionó Leah.

—Amor de mi vida y de mi corazón, cómo crees que yo podría olvidar algo tan importante como eso —respondí.

—Oye, ¿cómo ves si este fin de semana vamos con una de las dos familias a darles la noticia? —sugirió.

—Pero aún no hemos hablado de nuestros planes, Leah —repliqué.

—Amor, nuestros planes no han cambiado, ¿por qué deberían de hacerlo? — replicó.

—Porque un bebé es muy costoso, y yo no pienso quedarme a vivir en este estudio para siempre. El bebé necesita su espacio antes de que nazca, tenemos que mudarnos de aquí, conseguir un empleo, casarnos —argumenté antes de que me callara con su mano.

—¿De qué hablas? Estoy confundida —refunfuñó.

—Amor, ¿cómo pretendes vivir tres años de viaje con un bebé? —respondí.

—Pues de la misma forma que pretendía vivir viajando por tres años sin un bebé. No le veo algún problema, Jerry. Un bebé no es impedimento para viajar, disfrutar y seguir con nuestros planes, no sé de qué estás hablando. En serio no comprendo la postura que has tomado —contestó un poco molesta.

—Amor, un bebé es muy caro y difícil de cuidar. Además necesita una estructura como un hogar y tener un entorno familiar cerca para su sano desarrollo. Viajar y mantener un bebé, además de trabajar, no creo que podamos por ahora. Eso es muy costoso —repliqué.

—¿De qué carajos hablas¿ ¿por qué habríamos de preocuparnos por dinero y de trabajar por ahora?

Yo tengo suficiente dinero como para poder vivir viajando todos los años que queramos, cuidarnos y mantenernos sanos los tres.

Primero necesitamos explorar nuestros gustos por el tipo de trabajo que queremos hacer, además de conocernos más entre nosotros y de cuidar a nuestro bebé.

Eso es lo único que nos debe preocupar por ahora.

No el dinero, no la estructura, ni la familia, ni mucho menos un trabajo Jerry, no sé qué te ocurre —contestó ya un poco molesta.

—Pero cómo se te ocurre que voy a permitir que tú pagues todos los gastos, ¿de qué carajos estás hablando Leah —repliqué.

—¿Y entonces cómo pensabas que sería? —ironizó.

—Pues como hemos estado hasta ahora. Ambos aportamos para cubrir todos los gastos —contesté.

—¿Jerry, tienes dinero para viajar por Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, durante tres años, escribir y producir un cortometraje? ¿Cómo crees que pagaremos ese plan? —ironizó.

—Trabajando, Leah, trabajando. Esa es de la única manera que se consigue el dinero para realizar los planes y las metas. Tú me dijiste que no querías saber nada del dinero de tus padres y que querías empezar por tu cuenta —repliqué.

—Pues no estoy cambiando de opinión, Jerry, pero es obvio que sabías que yo también tengo dinero, y así íbamos a cumplir esos planes —contestó.

—¿Eso es lo que piensas de mí, Leah, que estoy contigo por tu dinero?

Entonces en tu lógica retorcida me estás comprando —le dije con un una tristeza que invadía mi corazón.

— Pensé que te conocía, pero ahora veo lo equivocado que he estado este tiempo —agregué al mismo tiempo que salí del estudio y azoté la puerta.

Simplemente no podía dejar que Leah viera cómo mis lágrimas corrían por todo mi rostro, ese llanto de tristeza, pero a la vez de desilusión y de desahogo.

En ese preciso momento solo quería desaparecer de allí, quería olvidar nuestra amarga discusión, pensar en aquellas palabras que salieron de la boca de Leah partía mi corazón en mil pedazos.

Creí en ella cuando me dijo que el dinero no le importaba, que jamás me haría daño, que jamás me haría llorar, que iniciamos juntos y a la par, que seríamos nuestro soporte y nuestra fuerza, que lo único que quería era estar a mi lado y envejecer juntos.

Para: Jerry

Asunto: Leah te engaña.

Tengo evidencia de que Leah te es infiel y que no te ama.

P.D. Te veo ahora en el bar de la última vez.

—Aquí me tienes, Fernanda, ya ve al grano mira que no estoy del mejor humor del mundo como para aguantar tus comentarios sin sentido —llegué muy molesto por lo que había sucedido con Leah y creo que me desquité con Fernanda.

—No sé qué te ocurre Jerry, pero quizá ya sepas lo que tengo que decirte y por eso estás tan molesto —contestó.

—Disculpa por hablarte así, pero ya ve al punto. ¿Qué ocurre? —repliqué.

—Leah te está engañando. Sé que ella está embarazada y te dijo que era tu bebé, pero en realidad ese bebé que espera es de Cristián —contestó.

—¿Eso es todo lo que me tienes que decir? —repliqué.

—Tengo pruebas. Mira, Jerry. Estas son algunas capturas de pantalla de las conversaciones de Cristián con Leah.

Aquí claramente él le dice a Leah, que la sigue amando y que pueden casarse y cuidar juntos a su bebé.

Le dice que no vales nada y que no les darás la vida que ellos merecen y que él no va a permitir que Leah y su hijo pasen algún tipo de malestar o pobreza.

Ella le contesta que lo va a pensar, que le dé tiempo. ¿Qué más pruebas necesitas? —agregó.

En esos momentos solo recuerdo que Fernanda no dejaba de pedir más tragos y yo no dejaba de beberlos y, por más que lo hacía, lo amargo y seco de mi boca no se esfumaba.

Después esos tragos se convirtieron en botellas vacías de whisky hasta acabarnos la última gota.

Esos recuerdos aún son tan confusos, solo sé que de allí en adelante las cosas no volvieron a ser como antes.

Desperté sin camisa y sin jeans en una extraña cama.

A mi lado estaba acostada y totalmente desnuda Fernanda.

Mierda, no podía creer lo que estaba pasando, cómo pude ser capaz de hacer eso.

En esos momentos ni siquiera sabía qué había hecho, los recuerdos eran tan confusos.

De inmediato me levanté y me puse mi ropa.

—¿Qué pasa, cariño? ¿por qué te levantas tan rápido? —dijo Fernanda.

—Mierda. ¿Cariño? ¿qué carajos sucedió aquí? Lo siento, Fernanda, me tengo que ir a casa. Leah ha de estar preocupada por mí —contesté.

—Oh, sí, ella llamó muchas veces, pero me pediste que respondiera y le dijera que no querías hablar con ella —replicó.

—Mierda, que Leah qué, ¿qué has hecho? ¿qué ha pasado aquí? —grité eufórico.

—¿Cómo, Jerry? ¿acaso me vas a decir que no recuerdas qué ha pasado aquí? —respondió.—Hicimos el amor, solo eso.

—No, no pudimos hacer el amor. No pudimos tener sexo, no pudimos coger, estoy seguro de que eso jamás pasó— respondí.

—Mira, estas fotos lo demuestran. Ambos desnudos y yo encima de ti— me dijo.— Oh y me aseguré de que Leah las pudiera ver.

No pude agregar ni una sola palabra más, en ese instante solo pensé que mi vida se había ido al carajo.

Salí corriendo de allí, tenía que hablar con Leah, tenía que saber de ella.

Al llegar al pequeño estudio en donde vivíamos ella no estaba, nada de sus cosas estaban.

Por lo menos la llamé cien veces pero no contestó, la busqué en casa de Albert, en donde solía dar su pasantía, en la universidad, en todas partes sin tener algún éxito o pista para encontrarla.

Fui al especialista que la estaba atendiendo y el médico me dijo que solo había ido a la cita que tenía programada para saber el género de nuestro bebé y que se retiró al terminar la consulta médica, que era un niño el que íbamos a tener.

Al día siguiente ya había agotado toda y cada una de las opciones a donde podía buscarla, ya no sabía a dónde más podía haber ido, con quién estaría, a dónde

más podría estar. Estaba a punto de llamar a sus padres cuando recibí una llamada de Cristián.

Qué carajos estaba pasando. Me devastó saber que, sin duda alguna, todo se había ido al carajo.

Ella estaba con Cristián y pedía no volver a ser molestada.

¿Acaso era verdad todo lo que Fernanda me había dicho?

¿acaso Leah solo estaba jugando conmigo?

Joder, carajo y mil veces mierda, no podía estar pasando esto.

Necesitaba verla, hablar con ella, y saber dónde estaba.

De: Leah

Para: Jerry

Asunto: Jódete.

Nunca más quiero saber de ti.

P.D. Vete a la mierda, maldito traidor.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Necesitamos hablar.

Yo no soy traidor, tú eres quien me engaño, ese hijo es de Cristian.

P.D. Me mentiste.

De: Leah

Para: Jerry

Asunto: Vete a la mierda.

Nunca más…

P.D. …

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Necesitamos hablar.

Perdóname necesitamos hablar.

P.D. Te amo.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Escúchame.

Solo escúchame una última vez.

P.D. Te amo.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Te amo.

Por favor dime donde estás, necesitamos hablar.

P.D. Te amo.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Perdón.

Quiero y necesito verte.

P.D. Te amo.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Perdón.