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Hasta olvidarte.
Año de 2014.
Logré conseguir empleo en una de las mejores compañías productoras cinematográficas de España.
La vida al fin se está normalizando a mi alrededor.
Esta faceta de mi vida sin duda me agrada, o al menos trato de convencerme de ello.
Las noches de llanto, de vaciar cada botella de whisky que se me pusiera en frente, de besar diferentes labios y recorrer diferentes cuerpos para olvidar a Leah.
Llamar, buscar y enviar miles de emails sin duda terminaron para mí.
Tengo que demostrar que yo valgo más, que soy más, que me volví más fuerte, que nada ni nadie puede volver hacerme daño.
Sin duda no puedo negar que cada vez que pienso en ella, la sangre que corre por mis venas hierve, mi mente divaga, mi alma suspira, que aún cada vez que recuerdo su cuerpo mi piel se eriza, que he estado al pendiente de los pasos que siguió,
aunque ella se esfumó de este mundo del cine y mis manos escriben uno y mil mensajes que antes de enviar borro.
Los viajes, las cosas y placeres que ahora poseo no han logrado disipar todo pensamiento, todo sentimiento que aun mi mente y mi corazón albergan de su existencia, de su locura, de ella y su mente.
Pero estoy convencido que lograre superarla, que lograre olvidarla, que habrá un día en el cual dejaré de pensar en ella, en sus labios, en su mente, en su cuerpo y en los placeres y deseos que ella despierta en mi.
Soy fuerte, determinante y lo lograre, tengo que. Un mundo cerca de ella no podría ser.
Estoy convencido que hay algo más, sino mejor, sino peor, algo diferente, algo que sea para mi y que logre llenar mis días de alegría, de entusiasmo y de paz mental que en esta vida es lo que más deseo.
El Jerry de ahora, se conforma con una vida normal, cotidiana, con placeres mundanos, metas y sueños que cumplir.
El Jerry de ahora ya no está dispuesto a someterse a más dramas, a más dolor, a más sentimientos que se desbordan como una montaña rusa.
El Jerry de ahora, es un joven de veintiséis años con una preparación profesional impecable, donde el trabajo arduo habla por mí, dispuesto a comenzar un futuro próspero y donde la estabilidad aumenta.
No creo en el amor, no creo en casarme y formar una linda familia, pues no estoy más listo para eso, y creo que jamás lo volveré a estar.
Sin duda lo que busco ahora puede ser una pareja con quien pasar los días de soledad.
Año de 2015.
Durante todo este año he viajado y conocido diferentes ambientes, lugares, personas y círculos sociales.
El trabajo me ha mantenido ocupado y satisfecho, he logrado al fin establecerme en Madrid, tengo una hermosa casa a la cual me he dedicado a convertir en un hogar, no solo una casa donde llegar a dormir y comer después del arduo trabajo, sino un hogar el cual se convierte en mi refugio,
en mi resguardo y en la compañía que necesito.
Tengo un nuevo pasatiempos que hace que mis pensamientos se disipen y se enfoquen en algo sin malestares.
He convertido el jardín de mi hogar en un lugar lleno de plantas, árboles y diferentes flores.
Allí es donde paso mis largas tardes y extensos fines de semana.
En agosto viajé a Italia a conseguir un cactus caudex, que es sin duda hermoso y raro.
En octubre fui a Barcelona por la planta polyrrhiza lindenii, coloquialmente llamada orquídea fantasma, y en diciembre llegó a mi hogar por paquetería una extravagante y rara planta llamada dicentra spectabilis y un cactus llamado tephrocactus articulatus.
No tenía remitente ni dirección, se veía bastante sospechoso.
Esas plantas son difíciles de conseguir y aunque en mis redes sociales he publicado algunas fotos de mi jardín, y por ende de mis plantas, aquellas dos que me llegaron tenían un raro significado.
La primera, en forma de corazón, algo raro y peculiar.
De amor hace mucho no sé, pues aunque he tenido un par de parejas, nada serio ni romántico ha ocurrido en ello.
Y la forma del cactus es algo sarcástica, ya que define un buen polvo.
Y en verdad, aunque no podría quejarme, nada inolvidable ha ocurrido en este año.
Ese paquete revivió mi curiosidad que por este año había olvidado, revivió mis recuerdos y mis sentimientos.
No se si simplemente era una excusa para pensar en ella o creer que de alguna manera está presente en mi vida, pero indudablemente este diciembre no la pude sacar de mis pensamientos.
Creí que iba a lograr cerrar el año sin pensar en ella, sin recordarla o esperarla.
Estaba a punto de hacerlo hasta que ese maldito paquete llegó a mi hogar.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Fuiste tu.
Hola, solo quería preguntarte si tú fuiste la acosadora que envió ese paquete a mi casa.
P.D. Como siempre raro.
Año de 2016.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: El que calla otorga.
Porque no me contestas algo tan simple.
P.D. ¿?
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Olvídalo.
No importa, sigue con tu vida.
P.D. Te deseo lo mejor
A mediados de año me encontraba en Los Ángeles filmando un documental, el cual había durado por lo menos tres meses.
Una tarde de un viernes, al final de filmación, salimos todos a tomar unas cervezas, y allí conocí una belleza de mujer, era sin duda hermosa, tenía una gracia indescriptible y me embelesó.
Su cuerpo parecía de revista: una piel tersa y suave, unos enormes ojos color verde, una cabellera café claro, alta como de mi tamaño.
Dafne, el nombre no era tan hermoso como ella, pero sin duda esa mujer merecía toda mi atención.
Dafne tenía una hermosa sonrisa, ese día llevaba una vestido entallado azul, unas zapatillas negras y olía exquisito.
Su plática sin duda excitó mi cerebro, y despertó mi curiosidad.
Ella era una tenaz abogada penalista, sus historias, su entusiasmo, su pasión por el trabajo despertaron en mí un enorme interés por conocerla más y más.
Lo nuestro empezó a ir despacio, pero seguro.
Pasaron días para que pudiéramos desnudar nuestros cuerpos frente al otro, su figura era como de una diosa griega, tan perfecta, firme y tersa, que indudablemente me perdí en ella.
Mis labios recorrieron desde su cuello hasta llegar a sus pezones rosados y delicados.
Mi lengua recorrió su vientre hasta llegar a su húmeda y caliente vagina, y allí me perdí hasta hacerla chorrear.
Penetrarla era todo lo que deseaba, pero algo en mi cuerpo, en mi desempeño, en mi pene, se sentía diferente, extraño y un poco incómodo.
Aunque la tomé por detrás y la pusé en cuatro para entrar y salir, entrar y salir a veces lento y a veces rápido hasta que llegué al éxtasis.
Ese éxtasis era diferente, algo faltaba, algo no estaba bien.
No puedo negar que terminé y me gusto. Pero había un enorme vacío en mí, mi erección era menos firme, mi excitación no era la gran expectativa, no sé que pasó con mi cuerpo.
Sin duda la hice terminar, gemir y gritar, pero nada de eso me complació por completo.
Dafne solía preguntarme, el por qué después de coger, me levantaba tan rápido y me alejaba de ella.
A veces me quedaba tan pensativo, y esas eran cosas que ni yo podía responderme.
Con ella siempre usé condón, mi excitación jamás llegó al máximo y nunca pude terminar más de una vez e incluso varias veces fingí terminar.
A veces solía notarme pensativo y distante, ni yo sabía que pasaba dentro de mi.
No podía tener una maldita crisis de existencialismo, si esta mujer era más que perfecta, era más hermosa que Leah, era sin duda más sexy que ella, hasta me atrevería a decir que era más inteligente que Leah.
Pero Dafne no era Leah, ese sarcasmo, romanticismo, locura y rareza que caracteriza a Leah, jamás podrá tenerlo alguien.
Por más perfectas, hermosas o diferentes que fueran las personas, nadie nunca será como Leah.
Leah y su sarcasmo, su rareza, su sabor y sus besos te pierden en un mundo que no existe.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Que hiciste conmigo.
Carajo, sal de mi vida ya.
P.D. No me molestes más.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Odio esto.
Cada pensamiento, cada sonrisa, cada recuerdo y cada momento huele a ti.
P.D. Que hago para sacarte de mi para siempre.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: Deberías de buscar ayuda.
Sabes creo que estas obsesionado conmigo, sé que soy irresistible y no te culpo, pero eso no es
nada sano para ti.
P.D. Cuídate.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Tienes razón.
Ni como negarlo, tienes toda la razón del mundo. Nunca más volveré a molestarte.
P.D. Pasala bien.
Año de 2017.
De Dafne solo sé que rayó mi auto y se marchó porque una vez, después de follar, le dije «te amo Leah». Dafne no era mala, simplemente se enfadó, pues no fue la primera vez que le dije Leah. Leah, Leah, Leah, Leah y mil veces maldita Leah.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: ¿Qué quieres?
Jerry, deja de molestarme. Uno, dos, y mil ocho mil emails anónimos recibo. Y siempre lo
mismo, de ti no se nada y no quiero saber. Pueden dejarme en paz.
P.D. Anda.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: ¿?
No sé de qué estás hablando mujer, ni de tu nombre me acuerdo.
P.D. Revísate.
Tengo que hacerle ver a Leah, que ya la he olvidado aunque por dentro me esté muriendo por saber de ella, aunque su olor, su cuerpo, su sabor y toda ella, nunca la pueda olvidar ni en la muerte.
Pero ella tiene que verlo, ella tiene que saber que su presencia no provoca en mí ni el mínimo efecto.
Pero dónde carajos la encontró, dónde carajos me la topo, si por más que la he buscado e investigado sus círculos sociales, sus familiares y amigos más cercanos, no había logrado saber nada de su paradero.
No sé porqué, no sabía cuándo ni cómo, pero la tengo que topar, la tengo que encontrar, la tengo que ver, sé que la vida se está burlando de mí, a tal grado que la pondrá enfrente de mí.
Pero esta vez estoy preparado, esta vez la vida no me joderá.
Esta vez, si la vida tendrá una más de sus jugarretas, estoy listo y me sentó fuerte.
Estábamos filmando un episodio de un nuevo documental en Rochester, Minnesota.
Al terminar, nos dirigimos al hotel donde nos estábamos quedando todo el equipo de la productora.
Sin embargo, estaba cayendo una fuerte y fea lluvia, y el coche donde viajábamos se derrapó y golpeó a otro vehículo, y por el lado del copiloto donde yo iba sentado, un vehículo nos interceptó.
Nos trasladaron a uno de los mejores hospitales porque al menos cuatro de mis compañeros y yo salimos mal heridos.
Una vez en el Mayo Clinic, Rochester, nos ingresaron en el área de urgencias.
Los otros recuerdos en mi mente son tan borrosos.
No sé si estaba dormido, inconsciente y/o alucinado, porque Leah se encontraba arriba de mí haciéndome RCP.
«Vamos, Jerry», «quédate conmigo», «resiste, no te dejaré ir», «quédate conmigo, Jerry», «tienes que resistir», «no me puedes dejar, anda», son las únicas frases que recuerdo salían de su boca.
Cuando desperté, los médicos me dijeron que fui intervenido de urgencias por un derrame interno y que tenía un par de costillas rotas, entre otros golpes.
Estuve inconsciente durante dos días. Al ingresar al ala de urgencias entré en paro y tuvieron que resucitarme, pues técnicamente estuve por lo menos un minuto muerto.
Creí que era por eso que aluciné a Leah.
Sin embargo, las enfermeras murmuraban y en mi historial médico estaba como médico tratante en urgencias la Dr. Leah Cano.
Ella salvó mi vida, no lo podía creer, Leah, aquí, en el hospital, conmigo, ella como doctora y tuvo que ser ella quien salvara mi vida.
Y de ser ese el caso, ¿por qué carajos no la volví a ver?
No se presentó a saber como me encontraba cuando
desperté, ¿por qué no me busco? Ni verme al borde de la muerte le hizo querer saber de mí, querer buscarme y saber cómo es que me encontraba y si ya era feliz sin ella.
¿Cómo una persona que dijo amarme era más insensible y fría que el polo norte?
Sin duda creo que eso fue el acabose para mí.
Acabó definitivamente con cualquier esperanza y sentimiento que aún albergaba en mi corazón.
Terminó de romper en millones de pedazos mis ilusiones y amor.
Año de 2018.
Año de 2019.
Año de 2020.
Después de dos años de terapia, al fin pudo hablar de Leah sin llorar, sin maldecir, sin que me genere ansiedad.
Ya su nombre no provocaba en mí esa electricidad que recorría mi cuerpo.
Las fotos, los recuerdos, los pensamientos sobre nuestra vida juntos no frecuentan mi vida, mi cotidianidad y mi espacio.
Otros asuntos, otros temas, otras cosas han pasado a lo largo de estos dos últimos años.
Cerrar este ciclo es lo único que quería.
Dos años invertidos en terapia tienen que ayudar a poder llevar a cabo de la mejor manera ese duelo.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: Te invito un café.
Como oferta de paz te invito un café. Si no lo aceptas al menos acepta mis disculpas por haberte hecho tanto daño.
He logrado al fin cerrar este ciclo, y me reconforta el saber que tú también, aunque por otro lado me siento avergonzada por mi actuar y por ello te pido perdón.
Eres y serás siempre una parte importante de mi vida, y lo mejor que puedo hacer por ti es invitarte un rico café.
P.D. Por favor cuídate.
To be continue…