El Vicio de los Entendidos 14 #3
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—Jerry, baja a comer algo en lo que hablo con ella, por favor —dijo Jackson.

Yo no me pude negar, moría de hambre. Pasaban de las seis de la tarde y en todo el día no habíamos probado un bocado.

Si quería estar para ella, necesitaba estar fuerte.

Comí muy sabroso y a gusto, y además tomé dos tazas de café.

Cuando regresé a mi habitación, ni Leah ni Jackson estaban, así que aproveché para tomarme una ducha de agua caliente y relajarme un poco más.

Tocaron la puerta de la habitación y entraron despacio, era Jackson.

—Jerry, cuéntame qué te ha dicho Leah, no ha querido decirme nada —dijo Jackson.

—Pues no ha dicho ni una sola palabra. Cuando intento hablar, preguntarle algo o simplemente saber cómo está, literalmente me calla con su mano — contesté.

—Se ha encerrado en su habitación y no quiere salir.

Le tuve que hablar ya a mis padres para que se regresen de Milán porque esta situación se me está saliendo de las manos.

Ella ya está recuperando su memoria poco a poco, y recordó a mi hermano menor y lo que le sucedió.

Y así es como se puso aquella vez, temo que vuelva ha hacer lo mismo —me dijo.

—Y qué es eso que pasó —pregunté.

—Lo siento, pero no te puedo contar. Considero que es ella, y solo ella, quien te puede compartir esa parte de su vida tan íntima —replicó.

El Jueves, Leah al fin me dirigió la palabra y me pidió que nos metiéramos al jacuzzi.

Tomamos un poco de vino y comimos algunos quesos raros y frutos frescos.

No me atreví a tocar el tema de lo que había ocurrido los días anteriores.

Esos momentos que pasamos en el jacuzzi fueron íntimos.

Al fin estaba logrando poder entrar en sus pensamientos, en su vida, en su historia, al fin podía follar su mente.

Ahora ya tenía otro vicio, un vicio refinado, un vicio que no cualquiera podía, me estaba perdiendo en su mente, en su cuerpo, en su alma.

El Viernes, Leah sugirió hacer un último paseo por el lago Lemán, era un paisaje incomparable. Realizamos un hermoso tour panorámico por Ginebra. Ese último tour con ella jamás lo olvidaré y no por ver el famoso Jet d’Eau sino porque al fin pude entrar en el corazón de Leah.

—Sabes, Jerry, yo siempre quise ser médico, me quería especializar en el área de urgencias.

A los catorce años, en lugar de salir al cine, a viajes, fiestas o cualquier actividad social, le solicité a mi padre que me dejara hacer voluntariado en el área de urgencias.

Mi padre accedió, nadie allí sabía que yo era la hija del director y dueño de ese hospital, así que el trato conmigo no era nada especial.

Así me fui ganando a los enfermeros, médicos y a todos los de urgencias.

Allí fue donde conocí a Cristián, él era apenas estudiante de medicina, pero solía ir al hospital.

Él es mayor que yo por cinco años, es de la misma generación que mi hermano Jackson.

En fin, así duré tres años como voluntaria en el hospital, me estaba preparando para entrar a la escuela de medicina y todo era color de rosa en nuestras vidas.

Cristián para ese entonces ya estaba haciendo su residencia en el hospital y él y yo éramos muy cercanos.

Más que amigos, me entiendes. Un día hubo un accidente muy fuerte donde estuvieron involucrados varios autos y una motocicleta, todos las víctimas fueron trasladadas al hospital, todo era un caos, sangre por doquier, doctores para un lado y para otro, enfermeras corriendo y así.

Yo ya estaba entrenada para esas cosas. Dos personas salieron mal heridas, tres con lesiones leves y solo uno murió.

El que murió fue el que manejaba la moto, una moto hermosa y deportiva.

Sé que los médicos hicieron lo que estuvo a su alcance para salvarlo, pero también sé que si hubiera habido un neurocirujano disponible en esos momentos en el hospital hubiera tenido una oportunidad de salvarse.

Ese día, mis padres tenían un evento de caridad para recaudar fondos para el hospital, sus mejores médicos se encontraban allí, ese evento estaba como a diez minutos del hospital.

En fin, estoy segura que se pudo haber salvado a ese niño porque era un niño de solo quince años.

Para cuando le avisaron a mi papá que era mi hermano, él ya tenía muerte cerebral y solo los tubos en los que estaba conectado le mantenían la vida artificial, era solo para que los familiares se despidieran de él.

Lo desconectaron dos días después y donaron parte de sus órganos.

En lo que sucedió todo este caos, Cristián estaba follando con una enfermera en la sala de descanso de médicos.

Si él hubiera estado allí, y se hubiera percatado de que era mi hermano, quizá le hubieran avisado a mi padre, quizá hubiera habido otro desenlace, no sé.

Yo solo me encargaba de atender a enfermos que no estaban tan graves, jamás vi que era mi hermano al que llevaban al quirófano.

Jackson debía estar esa noche allí, cubriendo la guardia en quirófano, él debía haber ayudado allí, pero mi padre es tan pedante y autoritario que a veces pienso que le interesan más los fondos que salvar vidas.

Y mi madre no puede ser una mujer más permisiva.

Cómo regalar por sus quince años una moto deportiva a un niño, solo en su mundo esos actos de permisibilidad, de consentimiento, de ignorancia y de siempre decir que sí están bien.

Cristián dice que esto no es culpa de nadie, que la muerte de mi hermanito menor no es culpa de nadie.

Yo, por el contrario, pienso que esto es culpa de mi madre por ser tan permisiva, de mi padre por no interesarse en la educación de mi hermano, de Jackson por no enfrentar a mi padre y quedarse ese día en el hospital a cubrir su guardia,

de Cristián por follar en lugar de hacer su trabajo y sobretodo mía, por no ver a mi hermano entrar a esa área de urgencias.

No lo vi, jamás noté que era él quien entró en una camilla con el paramédico encima de él dándole RCP, cómo fui tan idiota de no darme cuenta

de que era él quien estaba luchando entre la vida y la muerte.

Después de su funeral, simplemente desaparecí del radar de mi familia.

Me esfumé, me fui lejos, entré a estudiar algo que simplemente me dio un poco de paz.

Cuando al fin me encontraron en Valencia, me mudé a Gandía.

Y aquellas veces que desaparezco, es cuando voy a llorar a la tumba de mi hermano, recorro ese último camino que él recorrió al perder la vida.

Año de 2012