El Vicio de los Entendidos 6
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¿Y ahora qué sigue?

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: ¡Pasa algo!

Hola como te encuentras, hoy no fuiste a la Universidad y eso me dejó muy preocupado. Al menos manda señales de humo para saber algo de ti.

P.D. Te extraño

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Hey.

No quiero parecer acosador, pero ¿todo bien?

P.D. Contesta, anda.

De: Leah

Para: Jerry

Asunto: Todo bien, nos vemos el Luego.…

P.D. Tanto me extrañas.

Recibir ese mensaje de Leah solo podría significar que aquella noche en la cual yo me quedé sin aliento, y entregué mi todo, para ella no significó nada.

Esa indiferencia con la que me había contestado me dolía hasta lo más profundo de mi corazón.

Qué otra explicación existe para que después de que dos personas pasan un día increíble y una inolvidable noche, ella sea tan fría e indiferente conmigo.

Necesitaba otra respuesta, quería otra explicación.

Después de pensar por más de media hora, fui con Armando, Lucas y Eduardo.

Necesitaba decirles qué había pasado, necesitaba su consejo.

Aunque esos chicos eran igual de ingenuos que yo, de repente tenían ideas

interesantes y quizá me podrían ayudar.

—Después de besarnos, Leah no fue a la universidad e ignoró mis email, portándose muy fría y alejada —les conté a los chicos.

—Aay, Jerry, seguro no le gustaron tus besos —contestó Eduardo.

—¿Y suele faltar a la universidad? Habías comentado que no era de Gandía, que venía de fuera de Valencia —dijo Lucas.

—Sí, ella es de Málaga y vivía en Valencia, pero hace menos de un mes que se vino para acá —contesté.

— Quizá le pasó algo, ¿no crees, Jerry? —dijo Armando.

—Y ella sola acá, sin familia o amigos que la puedan ayudar —dijo Lucas.

Ni en un millón de años se me hubiese ocurrido que a Leah le hubiese pasado algo, que podría haberle pasado algo que no le haya permitido ir a la universidad, algo que no le permitía contestar como se debería, algo para que se alejara tan fría y bruscamente.

No, no podía ser. La preocupación me invadió hasta el punto de ir a su casa, pero al estar a cuatro calles de distancia me preocupó que me viera bastante acosador, así que me detuve pensé y envíe un email.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Te extraño…

Hola estoy cerca de tu casa y me preguntaba si se te ofrece algo, pues me preocupa mucho que te

encuentres sola en un lugar extraño. Avísame lo que necesites.

P.D. Contesta, anda.

De: Leah

Para: Jerry

Asunto: …

Pasa nomas.

P.D. Quizá a ti.

Cuando abrió la puerta de su casa, solo se arrojó a mis brazos y suspiró tan fuerte que se le salieron un par de lágrimas.

Lo único que podía hacer era corresponder su abrazo y abrazarla tan pero tan fuerte que se sintiera un poco protegida, cobijada y en paz.

No podía presionarla para que me contara qué le ocurrió, solo opté por abrazarla hasta que tuviera las fuerzas de decirme algo y así duramos por lo menos diez minutos abrazados y en absoluto silencio.

—Se murió mi perro —dijo Leah con una cara de tristeza.

—Lo siento mucho, todo estará bien —la abracé y le di un beso en la frente.

—Lo tenía desde que nació, era un Boston terrier, tenía nueve años y se llamaba Manchas. Era mi mejor amigo, crecimos juntos —me contó Leah.

—¿Y dónde se encontraba tu hermoso amigo? — le pregunté.

—Estaba con mi mamá es de que me mudé a Valencia a la universidad no lo había visto —replicó.

—Tranquila, pronto pasará el dolor —contesté.

—Me dolió tanto no poder ir a verlo por última vez. Saber que murió al dormir es lo único que me reconforta. Gracias por venir, Jerry, me había sentido muy mal —me dijo Leah.

—¿Y por qué no me avisaste que te sentías mal para que viniera a acompañarte? —le contesté.

—Siento que apenas te conozco y esto para mí es algo muy íntimo —contestó.

—¿Cómo que apenas me conoces? Siento que te conozco de toda la vida — repliqué.

—En absoluto, Jerry, no sabes nada de mí —refunfuñó.

—Eres tan sarcástica que nunca notamos lo idiotas que somos a tu lado.

Eres rara, pero no de esas raros que sacan de onda sino rara de forma única y difícil de encontrar; sonríes mucho, cantas, bailas, amas la soda y los tacos mexicanos; eres muy exigente, pero también das todo de ti; tu personalidad da miedo, pero tu corazón calma; nunca has amado a nadie,

pero sí has roto muchos corazones; eres muy bonita, pervertida, con una inteligencia más fuera de lo normal, ¿sigo? —contesté.

—Ya pues. Me conoces, pero muy poco y yo a ti nada. Es más, eres un perfecto extraño para mí —contestó.

—Tal vez sea cierto, Leah, pero ¿sabes algo? Nuestros cuerpos y corazones se reconocen, es como si estuvieran conectados desde siempre —contesté.

Me besó tan profundo que jamás olvidaré ese beso.

Un beso que, si bien no fue mi primer beso, sí fue el primero donde mi corazón palpitó tan profundamente, algo me recorrió en toda la piel, me sentí como en un mundo donde nada más existía.

Desabotonó mi camisa lentamente y besó mi cuello, lamió mi oreja mientras desabotonaba mi pantalón, acarició todo mi pecho y me besó lentamente, bajó del oído al cuello, después al pecho hasta llegar a mi ombligo.

Me tumbó en el sofá, no sin antes quitarme la camisa y el pantalón, le quité las bragas, y le bese sus hermosas piernas.

Leah me quito mis boxer se montó en mí y rozó su vagina caliente y húmeda en mi pene.

Yo le quité la playera y desabotoné su brasier mientras la besaba.

Bajé lentamente besando y lamiendo su oído y cuello hasta llegar a sus pechos.

Sus pezones eran tan hermosos que no podía dejar de mirarlos, lamerlos, chuparlos, morderlos y besarlos.

Nos levantamos para poder acomodarnos de posición, mientras le lamía los pechos hasta llegar a su ombligo y me volvió a

tumbar en el sofá mientras me besaba se montó en mi, su vagina tan húmeda rozaba mi pene, que no podía esperar más a penetrarla, le dije en el oído «te quiero hacer el amor» y ella respondió «el amor» Rozó su vagina en mi pene moviéndose lenta y sutilmente para meterlo,

y como estaba tan mojada entró lento y tan rico que esa sensación se quedó tatuada en mi mente y mi piel.

La sensación de estar dentro de ella me dio tanto placer que me recorrió hasta la punta de la cabeza.

Entonces, ella se empezó a mover de una forma tan diferente a todo lo que había conocido antes que mi pene se puso tan duro que parecía que algo dentro de mí iba a estallar.

Sus gemidos me harían terminar tan pronto que le tuve que decir que cambiáramos de posición, así que me paré abrazándola y, sin salirme de ella, la tumbé a la cama,.

Me arrodillé entre sus piernas y, de manera tan íntima, levanté sus piernas colocándolas en mis hombros, empujé lentamente mi pene dentro de ella mientras me movía de lado a lado, de arriba a arriba, para dentro y para afuera.

Ella arañó mis brazos y, con un gemido suspicaz, terminón evitablemente yo iba a terminar, pero ella me dijo «espera, quiero montarte».

Así que se subió en mí y me miro fijamente.

Me besó y al oído me dijo «me gustas mucho«res muy guapo y coges muy rico».

Se movía lentamente y a la vez tan rápidamente, para delante y para atrás, de manera circular, hasta adentro y afuera, que simplemente no puedo explicar lo que sentí en esos momentos con ella encima de mí.

Solamente puedo recordar que ese sexo, esa sensación, esa penetración, estar dentro de ella, sentirla toda es, fue y será lo mejor de mi vida, el mejor sexo que he tenido y que seguramente tendré.

No pude callar. Mientras le pedía más, gemí y terminé dentro de ella, esa sensación de estar dentro, de terminar, de explotar en ella, me hizo sentir en las nubes.

Venirnos juntos, sincronizarnos tan bien en donde nuestros cuerpos sin haberse conocido antes se reconocían tan bien y tan cálidamente.