El Vicio de los Entendidos 5
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Leah, la perversa.

No podía esperar a que se acabaran las clases. Esta vez no solo ella me dejaría con ganas de perderme en sus brazos, de probar sus labios y de estar todo el tiempo con ella. Mi meta era dejarla con ganas de repetir mis besos, de dejarla mojada y súper excitada con un solo beso.

—Hola, extraño, ¿cómo estás? ¿listo para tocar el cielo? —preguntó Leah.

Me acerqué hacia ella, y le murmuré en el oído que esta vez ella sería la que tocaría el cielo, se perdería en mis ojos y pediría por más. Toqué su brazo y rocé sus labios.

—Me gustaría probarlo —contestó Leah tan cerca de mis labios que alcancé a sentir su respiración.

Acordamos caminar juntos hasta su casa y, al despedirnos, besarnos.

Al llegar a su casa, sentí un sutil, delicado y caluroso abrazo, una voz suave pidiendo que besara sus labios tan delicado, lento y sexualmente que la dejara queriendo más.

La tomé de la cintura con la mano izquierda y con la mano derecha acaricié su rostro y sus labios.

Mis labios tocaron lentamente sus labios y así nos besamos.

Mi corazón latía a mil por hora, nunca lo había sentido latir tan fuerte.

Sentí cómo algo recorrió desde mi cabeza hasta la punta de mis pies.

Mi cuerpo estaba pegado al suyo e inevitablemente me excité tanto que creí que algo estallaría en mi interior.

No podía dejar de besarla y abrazarla, tampoco es que quería, ella se perdió en mis brazos y en mis labios.

De la nada mordió mi labio y se alejó de mí diciendo «espero que me extrañes», y así solamente se fue.

No podía dejar de pensar en ese beso, en ese extraño, raro y perfecto beso.

Recordar cómo, mientras me besaba, jugueteaba con mi cabello y me abrazaba, recordar cómo su sensual cuerpo rozaba el mío, cómo sus perfectos pechos acariciaban el mío, recordar su olor, su sabor, la calidez de su piel. Necesitaba más de ella, inevitablemente tenía razón.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: Tenías razón

Puedo aceptar que me encanto ese beso, y necesitamos repetirlo.

P.D. Quiero más.

De: Leah

Para: Jerry

Asunto: Casi perfecto.

Ese beso merece otro final ¿no crees?

P.D. Ven a mi casa hoy…

Me pregunté si ir a su casa acaso no era una locura, pero en menos de cinco minutos tomé la decisión de ir a verla, pues no podía dejar de pensar en ella y sacarla de mi mente.

El camino a su casa se me hizo eterno y estaba tan nervioso que no sabía qué pasaría, no estaba preparado para nada, lo único que pensaba era en besarla, acariciarla y abrazarla.

—Pensé que no vendrías, pasa. ¿Gustas algo de tomar? —dijo Leah.

Sin responder, me abalancé hacia ella, la tomé de la cintura, acaricié su rostro y la besé lentamente.

Ella respondió tan dulce y sensualmente mis besos que parecía como si, al besarnos, nos convirtiéramos en una sola persona.

Sentir su respiración, su corazón latir tan rápido, sus manos abrazando mi cuerpo, y su cuerpo tan junto al mío, me hicieron querer más.

Leah mordió delicada y sutilmente mi labio, me dio un dulce beso en la mejilla, lamió y mordió sensualmente mi oreja.

Recorrió con sus besos todo mi cuello, desabotonó mi camisa y me tumbó en el sofá y quedé sentado.

Ella se sentó en mí, quedando frente a mí y con los pies abiertos.

Acarició mi rostro y despeinó mi cabello, su mirada penetró la mía y solo nos perdimos el uno en el otro, besándonos.

Me encontraba tan excitado que no podía dejar de acariciar sus lindas piernas y su enorme trasero.

Leah comenzó a besar mi pecho y yo lamí y mordí lentamente sus pechos y sus pezones.

Sentir cómo su vagina toda caliente y mojada tocaba mi pene tan excitado y duro hizo que algo dentro de mi estallara.

Leah me tumbó en el suelo de su sala, esta vez caí acostado, y lentamente se subió arriba de mí, apretó mis manos y me besó como si fuera la última vez, con esas ganas y esa desesperación que solo los sentenciados a muerte han sentido.

Yo la calmé con un beso delicado y sutil para darle la vuelta y tocarla.

Comencé a besar su cuello, lamí sus orejas, todo su pecho, sus mejillas, su cuello, sus manos y piernas.

Con mis dedos toqué su vulva. Estaba tan caliente y húmeda, deslicé mis dedos hasta llegar a su clítoris y con movimientos suaves y sutiles lo estimulé.

Solo quería encontrar su punto G para hacerla gemir de placer, así que introduje mi dedo índice volteado, y una vez dentro levanté la punta para estimularlo, a la vez combiné tocando y estimulando toda la vagina.

Mientras tanto, nos estábamos besando, y mordía sus labios, besaba su cuello, lamía su pecho y mordía y chupaba sus pezones.

Cuando Leah gimió tan fuerte que arañó toda mi espalda, y estremeció su cuerpo como si algo le recorriera de pies a cabeza, en mi mente quedé satisfecho, buscar su placer y su goce me llenó de satisfacción más que mis anteriores polvos.

Leah me abrazó tan fuerte que me dio miedo de que jamás nos volveríamos a ver.

Lo único que pude hacer fue abrazarla de vuelta y besarle la frente.

Con su mirada y su sonrisa me besó tan apasionadamente que pensé que eso era el más perfecto principio de todo lo que sucedería después.

Nos quedamos toda la noche abrazados, sin despegarnos un solo minuto, y platicando sobre algunas cosas tan mundanas de la vida que a las 4:00 am me fui de prisa a mi casa solo a bañarme y desayunar para ir a la universidad.