El Vicio de los Entendidos 4 #2
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Ella no depende para nada de un hombre para mojarse a chorros y terminar, conoce muy bien su punto G y masturbarse es lo que más le apetece, es por ello que jamás ha experimentado una decepción o depresión post-coito.

Lucas comentó que se estresa al tener sexo porque le intimida saber o pensar que no podría satisfacer a su pareja, que su pene no es de un enorme tamaño y grosor, o que no se sabe mover, y al final del coito su preocupación no lo deja tener un

excelente placer. Eduardo, en verdad, creo que quería impresionar a Leah.

No hacía más que alagarse y decir que había follado más veces que el tiempo que ha vivido —cosa imposible— solo dijo que coge y no vuelve a coger con la misma chica.

Va de flor en flor picando todo lo que se mueve, y después del coito se siente un poco vacío como si necesitara llenar un hueco y es por ello que vuelve a coger y coger sin saciar sus ganas.

Armando fue el que más me impresionó, pues mencionó sentirse un poco desconectado con su cuerpo y el temer no conocer su cuerpo o el de su pareja sexual siempre lo imposibilitaba disfrutar al total cuando follaba.

Es por eso que en ocasiones no podía terminar y se sentía un poco mal después del acto, presionado, confundido y pensante.

—Te toca contestar a ti, Jerry —presionaron los chicos.

—Es que no has follado —comentó Leah.

—Solo con Manuela, ella es quien lo hace terminar —mencionó Lucas.

—Seguro Manuela llora de decepción después de ver la cara de insatisfacción de Jerry —dijo Eduardo.

—Apuesto a que Manuela le da más placer que Samantha. Oh Jerry, nos habías platicado que en uno de tus últimos polvos con Samantha te habías sentido tan insatisfecho que te fue imposible terminar y que incluso ni lo disfrutaste —contó Armando.

—Oh, vamos, pero la vez que no logró excitarse. Pobre de Samantha, no lograr excitar a un chico y creer que en ella hay algo malo —susurró Lucas.

—Jerry también ha experimentado un par de veces depresión post-coito — refirió Eduardo.

—Bueno, ya chicos, dejen de hablar del pobre Jerry y que él hable por él. Vamos, dinos cuál ha sido tu peor polvo y tu depresión post-coito —preguntó Leah.

—Bueno, tenía como dieciocho cuando recién empecé a follar.

Había una chica con la que salía frecuentemente a follar, jamás me gustó ella, ni follar con ella, pero se clavó tanto conmigo que me sentía culpable de no corresponderle, pues no había ni una gota de conexión, era solo el hecho de terminar por terminar, esos eran mis peores polvos.

Y la depresión post-coito la sentí con mi ex.

Al principio me gustaba, me la pasaba bien, y todo estaba normal, pero esa normalidad, esa cotidianidad terminó por hacerme sentir tan vacío que al estar con ella física y sexualmente solo buscaba llenar ese hueco y jamás lo logré, pero me sentía tan culpable que por eso decidí alejarme de ella.

—Y tú, Leah, cuéntanos qué ha pasado contigo —preguntó Evelin.

—Mi historia es tan aburrida, pero en fin.

Cuando tenía quince años e iba en preparatoria me tocó hacer mi servicio social en un hospital y allí conocí a un chico muy guapo, sexy e inteligente.

Él era interno en ese hospital, a mí me fascinó desde el primer día en que lo vi, su mirada era tan penetrante y noté que igual yo le había llamado la atención, pero para mi mala suerte él tenía una chica con la que follaba continuamente y yo no había tenido ni novio,

entonces nos encontrábamos en contextos totalmente diferentes.

Bueno, me salto la historia del pseudo amor platónico.

El punto fue que cuando yo me mudé a Valencia, él me buscó y acordamos que en vacaciones nos veríamos, así que mantuvimos comunicación todo el tiempo, y en las vacaciones lo fui a ver y pasamos un par de días juntos y obviamente follamos.

Es, fue y será un excelente polvo, cada vacación que voy a Málaga nos vemos y cogemos, después de eso me da un poco de depresión, pues sé que eso es simplemente sexo y nada más, que vivimos vidas, caminos y contextos tan diferentes que jamás se traducirá a algo más.

Y después de follar, y permanecer recostados un rato y abrazándonos, me pongo a pensar en que eso es momentáneo y solo es platónico —contestó Leah.

—Qué profundo —repliqué.

—Jerry, me voy con mis amigas. Nos vemos el lunes. Adiós, chicos, un placer conocerlos —dijo Leah

—Espera, espera —repliqué.

—¡Qué pasa, Jerry! —contestó un poco intrigada Leah.

—Dime a qué te refieres con que ahora lo entiendes todo —le pregunté.

Ella solo se acercó y me dijo al oído «quédate con la duda».

Me dio un beso en la mitad de la mejilla, rozando mis labios, y se despidió.

No podía dejar de pensar en sus labios todo el camino a mi casa, no sé ni cómo llegué a mi habitación.

Lo único que recordaba eran sus carnosos, y húmedos labios rozando mis labios.

Esos recuerdos, aparte de excitarme, me provocaron pensar y pensar en ella, no me la podía sacar de la cabeza, necesitaba más de ella, lo necesitaba.

Pero lo que nos contó me preocupó un poco, ¿será que está enamorada de él?

¿será que siguen cogiendo, y que así será siempre que ella vaya a su casa?

¿será que algún día habrá algo más que simple sexo entre ellos?

En esos momentos mi existencia no podía estar más perturbada, por un lado por su historia y por otro lado por sus labios rozando los míos.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: ¿Qué fue eso?

Hola rara podrías explicarme qué fue eso, me refiero a tus labios rozando los míos.

P.D. Necesito probarlos.

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: ¿Estas?

Ha pasado un día y no he sabido nada de ti, no es que sea un acosador ni nada, solo que me preocupas y te escribo para saber si estas bien.

P.D. Necesitas algo.

De: Leah

Para: Jerry

Asunto: Atrévete a probarlos.

Suelo viajar los fines de semana y me alejo de la tecnología, pero estoy muy bien, gracias por

preguntarme.

P.D. Me extrañas…

De: Jerry

Para: Leah

Asunto: En serio…

Nos vemos en la Universidad, espero no te arrepientas.

P.D. Si mucho y, ¿tu?