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El proyecto del placer
Hacía mucho calor aquella tarde en el centro comercial.
Ni siquiera pensaba en qué le diría cuando ella llegara, solo pensaba en beber un enorme tarro de cerveza bien fría.
Había un grupo de chicos justo frente a mí en aquel bar de la esquina, no podía dejar de ver sus enormes tarros de cerveza bien frías y preguntarme si Leah me dejaría esperando por más tiempo, ya eran las 19:05 de la tarde y nada que aparecía ella.
Estaba aburrido y sediento, dispuesto a refugiarme en aquel bar y tomarme un tarro bien frío de cerveza.
Si ella no llegaba en diez minutos más me dispondría a irme.
De repente, sentí que alguien tocó mi espalda, y volteé.
Era una hermosa chica que vestía unos Converse negros, un short de mezclilla, una playera tipo polo negra, pelo suelto y olía tan rico, que olvidé el calor, era Leah.
—Tengo cinco minutos aquí atrás de ti, Jerry, y tú nada que volteas, ¿que estás viendo que estás tan embobado?
—Nada, nada, olvídalo solo te estaba esperando, y ¿cómo estás?
— Tengo mucho calor, se me antoja un enorme tarro de cerveza bien fría.
Leah me tomó de la mano y me jaló.
—Ven, vamos a platicar del proyecto en ese bar —murmura Leah bajito.
—Oh, claro, vamos.
—Hola, buenas tardes, mesa para dos —Leah le dice al encargado del bar.
—Por aquí, señorita. Pasen y siéntense en donde más les agrade el lugar —
responde el empleado.
—¿Te parece en este lugar? —me pregunta Leah.
—Sí, el que más te agrade —respondí.
—Espere. Le encargo de una vez un tarro enorme de cerveza la 1906 Red Vintage —le dice Leah.
— Yo quiero uno igual —agregué.
—Oooh también me trae algunas tapas —replica Leah.
No podía parar de pensar en lo hermosa que era esta chica, en lo perfecta, sexy, decidida, y segura, además de oler tan rico y vestir tan bien.
—Ahora sí, Jerry, hablemos del proyecto —dice Leah.
—Tan bien que estábamos —respingué.
—Está bien. Entonces dime, además del tarro de cerveza bien fría, ¿qué otra cosa te gusta?
—Pues es obvio, ¿no? —respondí.
—Lo obvio para mí, puede ser algo extraño e inusual para ti —comentó Leah.
—Bueno, pues la comida que más me gusta con la cerveza son las tapas españolas. Con un buen vino me encanta la pasta o la pizza italiana, y con una agua de horchata bien fría unos tacos mexicanos —concluí.
—Mierda, no te creo, ¿me estás estaqueando? —respondió Leah.
—No, para nada ¿por qué? —le dije.
—Te pasas. A excepción del agua que cambiaría por una soda bien fría, esas son mis comidas favoritas del mundo mundial —sonrió Leah.
—Qué curioso es el mundo. Estamos conectados —respingué.
—A ver, dime cuál es tu color favorito —preguntó Leah.
—El rojo. Mi película favorita, en verdad estoy entre dos, La quimera del oro de Charles Chaplin y la de P.S. I love you. Mi canción favorita es Imagine de John Lennon, mi bebida favorita podría ser una cerveza Westvleteren 12 o un vino Airén, y mi postre favorito es arroz con leche —respondí.
—El rojo solo en autos, el negro y blanco en ropa.
Prefiero El vagabundo o El chico, aunque las de terror son mis favoritas.
Y opto más por una cerveza Duvel y un vino Merlot, aunque en ambas bebidas me gusta más lo artesanal.
Y, por último, la comida chatarra con mucho picante es, por demás, mi postre preferido —dijo Leah.
Y continuó— Bueno, Jerry, pasemos a lo que nos trajo aquí.
No me gusta trabajar con alguien que rinde el mínimo y no se esfuerza en los trabajos grupales.
El cortometraje podría estar basado en un experimento social en donde se quiera conocer si existe la depresión post- coito, y se busquen personas que estén interesadas en follar con fines de investigación…
—Espera, espera, espera, ¿de qué estás hablando? —grité alarmado.
—Si follar sería un buen proyecto —dijo Leah—. Perdón, un cortometraje sobre lo que experimentan las personas después de follar —aclaró Leah.
—Es un tema muy interesante.
—Pero —refunfuñó Leah.
—Está bien, pero anda, dime cómo le vamos a hacer —contesté.
—Oh, pues me interrumpiste. Eres muy impaciente, ¿así eres para todo? — dice Leah.
—Vamos pues, continúa —respondí.
—Podemos buscar a cinco personas para que relaten, por lo menos, dos de sus experiencias antes, durante y después de follar —dijo Leah.
—Me suena interesante, pero crees que accedan —conteste.
—Oye, estamos en pleno siglo XXI. Lo que más le gusta a las personas es que las vean y las escuchen. Osea claro, que acceden —explicó Leah.
—Aquí tienen su orden —dijo el empleado del bar.
—Muchas gracias, qué amable —respondimos ambos.
Leah, con expresión muy decidida y seria, le preguntó al chico del bar si le podíamos realizarle una pregunta y grabarlo con fines de investigación para un proyecto escolar.
Y el mesero muy amable accedió. Jamás imaginé que Leah fuera tan directa y decidida, pues después de explicarle de qué se trataba dicho proyecto solo le dijo que si podía explicarnos qué sentía usualmente después de follar, es decir, qué sensaciones o sentimientos experimentaba.
Su respuesta me sorprendió, no puedo creer que un hombre se pudiera sentir utilizado porque su pareja solo lo buscara para follar, preocupado por la incertidumbre de no lograr satisfacer adecuadamente a su pareja, por no tener el tamaño adecuado de su falo, porque esté demasiado chicho, delgado,
por no tener una erección, o sucio por follar con diferentes parejas sexuales a diario.
—¿Te has sentido triste después de follar? —me preguntó Leah.
—¿Triste? ¿Porqué habría de sentirme triste? —respondí.
—Entonces jamás te has despedido de alguien que has amado profundamente haciendo el amor —dijo Leah.
—Jamás he amado a nadie —comenté.
—Entonces jamás has follado de tal manera que parecería que perderás la cabeza, nunca te han tomado de la mano y se han acercado tan despacio a ti que por dentro estás ardiendo, y cuando sus labios tocan tus labios y su cuerpo rosa con el tuyo,
tu excitación es tal que no paras de besarla y abrazarla.
Entonces, ella te abraza rodeando con sus brazos tu cuello, muerde tu oreja, besa tiernamente tu cuello mientras desabotona tu camisa lentamente para lamer tu pecho, acariciarlo y besarlo, y tú, sin dejarla de besarla, le quitas sutilmente su vestido.
Ella te susurra al oído lo mucho que la excitas y desabotona tu pantalón para terminar tumbándote en el sofá de tu habitación para subirse encima de ti, y tú la sientas tan mojada y caliente que solo buscas llegar hasta dentro lentamente, y cuando al fin estás adentro de ella,
sientes como su pelvis se mueve para arriba y para abajo, para arriba y para abajo.
Luego, sutilmente cambia el movimiento de manera circular para que tu pene pueda tocar toda su vagina, y ella termina cuando se está moviendo para adelante y para atrás, para adelante y para atrás, ya que su clítoris está súper estimulado —comentó Leah.
Me quedé un par de minutos asombrado, no sabía qué contestar. No es que fuera virgen y que jamás hubiera follado, pero de esa forma tan gráfica como ella lo describió dudo que haya pasado.
—Y ¿has follado? —preguntó Leah.
— Claro que he follado. Es más, a diario lo hago. Follar es mi fuerte — refunfuñé.
—¿Y cuándo despiertas? —cuestionó Leah.
—Sí, he follado varias veces y he tenido buenos polvos. Dime tú, ¿cuál ha sido el mejor polvo que has tenido? —respondí.
—Mi mejor polvo, ese que me ha hecho correrme más de tres veces, el que me dejó sin aliento, aquel que deseé que jamás se acabará y que cuando acabó en mi mente y en mi mundo aún recorre todo mi cuerpo de pies a cabeza, aquel que al recordarlo eriza mi piel,
que me hizo volar y soñar más y mejor que cualquier maldita droga existente —exclamó Leah.
— Si ¿cuál ha sido? —pregunté.
—Espero que contigo —respondió Leah.
—Siempre eres así de sarcástica —le respondí un poco molesto.
Leah solo se rio a carcajadas y me dijo que yo era demasiado amargado, que me relajara y que la vida no era más que un simple juego que teníamos que disfrutar día a día, minuto a minuto porque cuando acabara de ninguna manera se podía reiniciar.
Nos fuimos del bar conversando y la llevé hasta su casa.
Cuando llegamos, se volteó a verme, tomó mi brazo y se acercó lentamente para darme un beso de buenas noches en la mejilla Yo no podía disimular lo nervioso que eso me puso y lo contento que había quedado, pero mi única respuesta fue «nos vemos el sábado».
¿Qué estaba pensando? Cómo es que con esa chica podía estar tan tranquilo y me podía poner tan nervioso a la vez.
Cuando por fin llegué a mi casa, esa noche revisé mi email y tenía un extraño correo.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: el proyecto de follar
Hola extraño, solo quería saber si llegaste bien a casa y preguntarte si podemos terminar el
proyecto en mi casa.
P.D. Follar es la meta.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: ¿follar es la meta? ¿enserio?
Hola rara podrías explicarme lo de follar es la meta, y por lo de terminar el proyecto en tu casa por mi esta bien, solo dime si quieres que lleve algo.
P.D. Primero invítame un café.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: ¿Jerry el serio o el sucio?
Podrías decirme porque eres tan sucio y pervertido. Yo estaba hablando del proyecto cuando dije que follar era la meta, simplemente del proyecto.
P.D. Terminar es el fin.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Descansa
No soy mal pensado, simplemente tus correos son confusos.
P.D. Eres una chica muy rara e interesante.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: Soñare contigo…
Jamás nadie había pensado que yo era rara e interesante, quizá sueñe contigo para descubrir que
más piensa de mí el extraño Jerry.
P.D. Solo por conocerte.
De: Jerry
Para: Leah
Asunto: Soñé contigo…
Diablos, sí que soñé contigo. En que en el proyecto nos reprobaron por hacer algo tan explícito…
P.D. No pienses mal.
De: Leah
Para: Jerry
Asunto: Relájate
Si que eres un nerd que hasta en los sueños piensa en tareas, necesitas un buen polvo. Nos vemos más tarde.
P.D. Solo sugerencia..