EL VETERINARIO 36
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El viejo se quedó quieto varios segundos, le acarició la espalda con una mano, sin moverse. Dejándola acostumbrarse a sentir la polla caliente y gruesa dentro del culo.

Era una imagen bizarra de ver. Ese viejo asqueroso sobre ella, con la panza colgando, hasta sus pechos colgaban, estaba sodomizando a mi delicada novia. Lo odia por eso, me odiaba más a mí que me jalaba la polla con fuerza al ver el contraste amorfo de los cuerpos.

Entonces él empezó a moverse lentamente, con cautela, viendo como respondía Clarisse. Sacó la polla casi por completo y volvió a entrar con un empujón más rápido pero delicado.

Clarisse gritó:

—¡Ahhh…¡ ¡Uugh… Nnghh…¡ ¡No…¡

—Shhh… aguanta —gruño él—Ahora sí. Te voy a follar como se debe…

El ritmo de sus caderas era lento y hacía que la polla vaya profundo. Cada embestida hacía que el sofá crujiera y que el culo de Clarisse temblara. El sonido cada vez se volvía más obsceno, más húmedo y más escandaloso se podría decir:

Slap… glup… slap… glup… slap… glup…

Él le dio la primera nalgada. Seca. Fuerte.

«¡Pam!»

La carne del culo de Clarisse rebotaba. Ella sollozó.

—¡Duele… ahhh… por favor…!

Vicente puso más empeño y empezó a embestirle el culo con estocadas profundas. Cada entrada se oía húmeda y pesada:

«Glup… glup… slap… glup… slap… slap…»

—¡Ngh… ahhh… sácala…!

«¡Pam…!» Otra nalgada. Después otra «¡Plas… Plas… Plas…!»

Yo me estaba cascando la polla con unas ganas enfermizas, mientras miraba las dos pantallas.

Vicente aceleró. El sonido se volvió más rápido, más sucio:

«Pap-pap-pap-pap…» «Pap-pap-pap-pap…»

«Glup-glup-glup…»

—Síhh… Joder… —gruñía él—. Joder… Qué culito más rico…

—¡Ahhh… nghhh… no… tan fuerte…!

«¡Pam…!» «¡Pam…!»

«¡Pam…!» «¡Pam…!»

Las nalgas se le ponían cada vez más rojas. Cada estocada hacía que las tetas se sacudieran de forma vehemente. Yo me masturbaba más rápido, odiándome por cada movimiento de mi mano, mientras el audio traía el coro de sonidos:

«Slap-slap-slap…»

«Ahhh… ahhh… A-a-ahhmmn…»

«Glup… glup…»

«¡Pam…!» «¡Pam…!» «¡Pam…!»

—¡Vicente… duele… ahhh…!

—¿Te gusta…? —preguntó él—. ¿Te gusta… zorra…?

—Nnnf… N-no sé… —Respondió ella, dudando.

Que lo dijera con ese tono de duda, me destrozó. Clarisse estaba llorando mientras era enculada. Yo me corría casi sin darme cuenta, con los ojos fijos en cómo el culo de mi novia era abierto y follado con esa mezcla de dolor y duda que expresó ella.

El vídeo seguía y, yo no paraba de pajearme.

Vicente la cambió de pose y, al sacar la polla, el ano de Clarisse se veía abierto y demoró en cerrarse.

Primero la puso de lado en el sofá. Le levantó una pierna y volvió a entrar en el culo. Clarisse gritó, pero el sonido ya no era sólo de dolor:

—¡Ahhh… ngh… ahhh…!

«Slap… glup… slap…»

Después la volteó boca arriba. Otra vez le dobló las rodillas contra el pecho y las sujetó abiertas. Desde la cámara baja se veía todo: Los pelos del culo enmarcando el agujero rojo y dilatado tragándose la polla, el coño hinchado justo encima, las tetas aplastadas. Vicente embestía profundo.

—¡Ahhh… ahhh… Joder…!

El dolor se le estaba mezclando y se le notaba en la cara. Los gritos se volvían más largos, más agudos, ya no eran tanto de protesta, había más de otra cosa. Yo me masturbaba con fuerza, mi polla estaba cada vez más hinchada y sensible. Apenas y parpadeaba sin poder apartar la vista.

Vicente empezó a alternar. Sacaba la polla del culo, se la clavaba de un golpe en el coño y le daba cuatro o cinco estocadas rápidas:

«Chap-chap-chap-chap…»

Después volvía al anillo rugoso:

«Glup… slap… glup… slap…»

—¡Ngh… ahhh… no… otra vez mi cu-culo… ahhh…!

Pero cada vez que regresaba al culo, Clarisse gemía más fuerte y el cuerpo le temblaba.

—Mira que guarrilla… Te está empezando a gustar… —gruñó Vicente—. Anda… Di que te gusta.

—¡Ahhh… sí… me gusta…! —soltó ella, trastabillante—. ¡Me gusta… ahhh… fóllame el culo…!

El que lo dijera así, con una voz tan de…

de guarra sumisa, Hizo que me empezara a correr solo de oírlo.

Me tuve que apretar la base de la polla para no acabar todavía.

Seguía masturbándome mientras las cámaras enfocaban el rostro de Clarisse completamente entregado: boca abierta recitando gemidos y alaridos, ojos completamente desorbitados entre lágrimas de placer y dolor mezclados.

El viejo la puso otra vez a cuatro patas. Le abrió las nalgas con las dos manos y la folló el culo con ganas. El sonido era constante, obsceno:

«Slap-slap-slap-slap…»

«Glup-glup-glup…»

«Ahhh… ahhh… nghhh…»

—¡Más… ahhh… más Ohhmmn…! ¡No tan fuerte… siento que…! ¡Ahh… me voy a correr…!

El orgasmo le llegó de forma distinta. Gritó de manera más prolongada y temblorosa, mientras el agujero se le contraía alrededor de la polla deforme. Él la embistió con estocadas más lentas a durante el orgasmo, disfrutándolo.

Y yo, yo me cascaba la polla más rápido, al borde otra vez, viendo cómo mi delicada novia gozaba abiertamente, siendo sodomizada y cómo había llegado al punto de pedir más. Con esa voz que yo ya no reconocía. Las pantallas seguían mostrando al detalle cada pose, cada embestida y cada gemido.

Él le tiró del pelo, le obligó a levantar la cabeza mirando hacia la cámara de la vitrina y le habló con esa voz sucia y dominante:

—¿Dónde tengo la polla, Clarisse…? Dilo…

—En el… ahhh… en el culo… —contestó ella, con la voz rota y temblando.

—¿Qué tienes en el culo?

—Tu polla… tu rica polla… me está abriendo… ahhh…

—¿Te gusta? —Seguía preguntando—. Dime la verdad… ¿Te gusta mi polla en el culo?

Hubo un instante de silencio roto por el sonido húmedo de las embestidas. Después Clarisse soltó la respuesta entre gemidos:

—Síiihh… Sí… me gusta… —gimoteaba—. No pares… fóllame el culo…

Esa frase me dolió y al mismo tiempo recorrió un calor por todo el cuerpo.

Me corrí.

La polla me estalló en la mano mientras miraba el vídeo.

Chorros calientes me volvieron a manchar los dedos y el pantalón.

El orgasmo me dobló sobre la silla, largo, sucio, lleno de rabia y de esa excitación enferma que ya no podía negar.

Seguí moviendo la mano, aunque ya me dolía, exprimiendo hasta la última gota mientras el audio seguía:

—Buena puta… Más claro… Pídelo…

—¡Fóllame el culo… por favor… lléname…!

El viejo aceleró de manera increíble y desde la cámara baja se veía cómo se le tensaban los glúteos, cómo las embestidas se volvían más cortas y más profundas.

estaba al borde. Clarisse gritaba con cada empujón.

Él le abrió una nalga con la mano para mirar cómo la polla desaparecía dentro del agujero rosado y adornado con algunos pelos.

Empujó hasta el fondo y se quedó clavado mientras se corría dentro del culo de Clarisse con un gruñido largo, animal.

Las cámaras captaron el momento exacto: los latidos de su polla, cómo el agujero se le contraía alrededor, y después, cuando empezó a retirarse de manera muy lenta, el semen espeso saliendo en un hilo espeso, bajándole a Clarisse por el perineo, entre los vellos hacia labios del coño.

—Ohhgh… Ohh… ¡Carajo…! Me has ordeñado… toda la lefa… —gruñía él— Tu culo se tragó toda mi lefa…

Clarisse se derrumbó hacia delante, temblando, con el culo en alto y la leche del agujero abierto resbalándole.

Vicente no la dejó descansar, le cogió las caderas y la jaló más a la orilla del asiento en cuatro patas, más hacia el centro del sofá, orientada con precisión a la cámara baja. Le abrió las nalgas con las dos manos.

—Quédate así —ordenó—. No te muevas.