EL VETERINARIO 4 #3
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Rafa y yo nos reíamos como idiotas. Era una de esas noches en la que el alcohol y la compañía te hacen olvidar los problemas. Pero cuando vi a Javier en el centro haciendo la imitación, con la corona de plástico sobre la cabeza. No pude evitar pensar en Mariana.

Recordé las grabaciones, cómo Vicente la había follado en la clínica, cómo ella gemía su nombre, cómo se había corrido para él.

Me pregunté si Javier tenía alguna idea de lo que había pasado. Si sabía que su futura esposa había sido follada y «estrenada» por otro hombre justo antes de la boda. Si alguna vez se enteraría.

La culpa y la rabia me subieron por el pecho.

¿Cómo podía Mariana haberle hecho eso?

¿Cómo podía Vicente ser tan hijo de puta?

También pensé brevemente en Clarisse. En si era verdad que ella también se está acostando con él.

El número anónimo que me envío aquel video jamás se volvió a contactar. Nuevamente me estaba perdiendo en esos oscuros pensamientos, pero sacudí la cabeza. Esa noche no quería pensar en eso. Quería olvidarme, aunque fuera por unas horas.

—Venga, otra ronda —le dije a Rafa, forzando la sonrisa—. Esta noche nos emborrachamos.

Rafa levantó su vaso.

—¡Eso es! ¡Por Javier y por la noche!

Brindamos y seguimos bebiendo. Intentaba relajarme, ahogar mis pesares en ese caudaloso momento.

Rafa y yo bromeábamos con el grupo. Las copas corrían con más frecuencia, las risas eran más escandalosas.

La música estaba buena. En un momento, me acerqué a la barra a pedir otra ronda.

A mi lado, un pequeño grupo de amigos de Javier hablaba animadamente.

No pude evitar escuchar parte de la conversación.

—…te digo que el tío ese, es un todas mías —decía uno—. Se liga a las tías con una maestría que flipas. Las tiene comiendo de su mano en dos conversaciones.

Otro rio.

—Dicen que tiene una polla enorme. El cabrón las deja con secuelas por días.

Otro asintió.

—El viejo sabe cómo tratar a las hembras, literal.

Me quedé congelado un segundo. «viejo». «secuelas». No podía evitar relacionarlo con Vicente. ¿Estaban hablando de él? ¿O era sólo coincidencia?

Fruncí el ceño.

Y justo cuando alguien mencionaba sobre quien ayudaba al viejo en sus hazañas, el volumen de la música bajó repentinamente. Los amigos más cercanos de Javier hicieron un ademán exagerado para llamar la atención de todos.

—¡Atención, cabrones! —gritó uno de ellos, subiéndose a una silla—. Para esta noche tan especial, hemos preparado una sorpresa que Javier nunca va a olvidar.

Todos empezaron a aplaudir y silbar. Javier, que estaba bastante animado por las bebidas, reía con cara de no saber que esperar.

—Venga, Traedlas —dijo otro amigo.

Dos de ellos se dirigieron a la puerta del local y abrieron. Entraron las sorpresas de la noche.

Primero llegaron tres strippers. Eran mujeres jóvenes, con cuerpos espectaculares y una presencia que llenaba el espacio.

La primera era alta, morena con pelo largo y liso, piel bronceada, tetas grandes y firmes, cintura estrecha y culo redondo. Vestía un conjunto de lencería rojo brillante, botas altas de tacón.

La segunda era rubia, de cuerpo más atlético, tetas medianas pero muy bien formadas, piernas largas. Llevaba lencería negra de transparencia, con ligueros y medias.

La tercera tenía pintado el cabello de fucsia, con tetas generosas y caderas anchas (La más culona de las tres). Vestía lencería blanca en látex.

Tras de ellas de manera más discreta entraron tres anfitrionas, todas con antifaz negro que les cubría los ojos y parte de la nariz, las tres vestían vestidos dorados cortos y sutilmente holgados, escote pronunciado que dejaba ver la forma redonda de sus tetas, y tacones altos.

Eran las encargadas de servir copas y en general atender a la gente.

Una de ellas llamó inmediatamente mi atención. La morena exuberante de curvas generosas, me hizo recordar a la mujer que vi de espaldas en el bar. Todo coincidía: El pelo negro largo y ondulado, la altura, el vestido, esas curvas…

Yo estaba perdido mirando a la morena.

Y las sorpresas avanzaron sexys hasta Javier, que le habían sentado casi en el centro del salón. Las tres empezaron a bailar alrededor de Javier, empezando así un Show muy provocativo.

Rafa me dio un codazo. Sacándome de mi trance.

—Joder, qué nivel. Esta noche va a ser memorable.

Yo sonreí, pero por dentro sentía intriga y esa sensación de familiaridad que me producía la morena, la seguía con la mirada. Se movía con seguridad, sirviendo copas y sonriendo. Cuando pasó cerca de mí, me miró un segundo y me guiñó un ojo.

Me sentí algo ruborizado, no sé por qué… sólo alcancé a sonreí, creo que con una cara estúpida.

La sorpresa de la noche se volvió el centro de atención. Las tres strippers tomaron el control del ambiente con sensualidad desbordante.

Estaban centradas en Javier. La stripper morena alta se sentó en su regazo, moviéndose con ritmo lento y provocativo, rozando su cuerpo contra él.

La rubia se colocó detrás, acariciándole el pecho y besándole el cuello.

La de pelo tintado se arrodilló frente a él, deslizando sus manos por sus muslos mientras lo miraba con ojos juguetones.

Javier reía nervioso, pero claramente excitado, con la corona torcida en la cabeza.

Las strippers le quitaron la camisa entre risas y le hicieron participar en un baile grupal muy subido de tono.

Le dieron un lap dance colectivo, frotándose contra él, besándole el pecho y dejando que sus manos exploraran los límites.

Luego el show se abrió al resto de los hombres.

Las strippers se repartieron por el local, bailando sobre las mesas, haciendo lap dances individuales y grupales.

La morena se acercó a nuestro grupo y bailó frente a Rafa y a mí, moviendo las caderas de manera hipnotizante, bajando lentamente y subiendo con una sonrisa provocadora. Su perfume dulce invadía el aire.

El ambiente era eléctrico. Los hombres aplaudían, silbaban y reían. La noche avanzaba y el ambiente estaba a tope. Mientras Rafa estaba distraído en el grupo, con las strippers y los bailes, yo fui a la barra a pedir una copa de Whisky.

La anfitriona morena estaba ayudando en la barra y se acercó a servirme.

—Un whisky en las rocas, por favor —dije.

Ella sonrió bajo el antifaz, sirviéndome con movimientos lentos y sensuales.

—Aquí tienes —dijo con voz suave y ronca—. Pareces el más serio de la fiesta. ¿No te gusta el show?

Hasta su voz se me hizo familiar. ¿En dónde la había escuchado?… Sonreí mirándola.

—Es entretenido. Pero no soy de los que se desmadran fácilmente.

Ella se inclinó un poco sobre la barra, dejando ver más escote.

—Qué pena. A las chicas nos gustan los que se dejan llevar un poco…

La conversación fluyó con coqueteo. Ella me preguntaba por Javier, por la boda, y yo le seguía el juego. En un momento cuando sólo estábamos los dos en la barra, se me acercó más.

—¿Sabes? Me suenas de algo —dijo, mirándome con curiosidad—. ¿Nos hemos visto antes?

—No creo —respondí—. Pero tú también me suenas conocida.

Ella sonrió y se inclinó aún más. Su perfume era dulce y embriagador.

—Tal vez… —dijo, seductora—. Eres guapo. Y se nota que estás tenso. ¿Quieres que te relaje un poco?

Antes de que pudiera responder, se acercó y me besó. Fue un beso lento y morboso, con sabor a licor y a deseo. Sus labios carnosos eran suaves, su lengua buscó la mía con decisión y confianza. Me agarró suavemente de la nuca, profundizando el beso.

Me separé un poco sorprendido pero excitado.

—Esto… ¿Se incluye en el contrato? —dije, con una sonrisa.

Ella se rio bajito.

—Esta noche no hay reglas. sólo diversión.

Rafa y los demás seguían entretenidos con las strippers. Riendo a carcajadas. Nadie veía nada.

La morena que aún no sabía su nombre, me miró con ojos brillantes bajo el antifaz.

—¿Quieres que sigamos en un sitio más privado?

Dudé, por un momento. Mi cabeza era un lío y creo que eso de alguna manera, me dio valor que necesitaba. «Si Clarisse ya me había engañado… ¿por qué no darme un gusto?», pensé, justificándome.

—segura… —reté, con la voz algo pastosa por el alcohol.

Ella sonrió y me tomó de la mano, guiándome hacia una puerta lateral.

Entramos en una pequeña habitación privada, con un sofá, luces tenues y la música del exterior haciendo eco en el interior.

Nada más cerrar la puerta, me besó de nuevo.

Mis manos con reacción automática le tomaron el rostro, intenté quitarle el antifaz.

—Déjame verte —dije en un susurro.

Ella esquivó el rostro a un lado.

—Aún no… Creo que es más excitante si hay algo de misterio —me dijo con voz seductora.

Sonreí. La besé y ella me correspondió todavía con más pasión. Me dejé llevar por un momento. Le tocaba la cintura, subí las manos deleitándome con sus curvas generosas y la besaba con ganas morbosas. Ella empezaba a gemir bajito contra mi boca, frotándose contra mí.

—Vaya… sí que eres travieso… —dijo, sorprendida. Cuando metía la mano bajo su falda.

Me ruboricé un poco.

—Perdona… es que…

Y me besó con más lujuria, casi vulgar, interrumpiendo mis palabras.

La morena me estaba haciendo sentir el momento más excitante, que jamás haya recordado. Nos acariciábamos sin barreras, explorando con caricias nuestros cuerpos.

Ella empezaba a liberar, uno a uno los botones de mi camisa, acompañando cada movimiento con besos y lengüeteos por mi pecho. Sus manos curiosas frotaban y me cogían la polla. La morena estaba decidida en avanzar hasta las últimas consecuencias.

Yo estaba empaladísimo. Ella con mirada perversa bajo el antifaz se relamía los labios de forma seductora, liberó mi cinturón, el cierre y el botón de mi pantalón, y yo la ayudaba con un movimiento de caderas para quitarme los pantalones. Deseaba tanto saber, ¿qué iba a hacer? ¿cómo lo iba a hacer?

Toc Toc Toc.

—Laura —llamó, una voz femenina, tras la puerta.

Yo demoré en reaccionar. Ella detuvo en seco lo que estaba haciendo.

—Laura… es hora de irnos —volvió a sonar la voz tras la puerta, esta vez más fuerte.

Yo recobrando algo de serenidad, la mire a los ojos-

—Así qué… ¿eres Laura?