4 #2
Vicente siguió embistiendo con afán. Luego llevó una de sus manos por debajo del vientre de ella.
Mariana empezó a reaccionar, gemía de forma diferente, como si empezara a disfrutar el anal que le estaban haciendo.
—Ahh… ¿qué haces…?
—¿Te gusta?
—E-es raro… pero… ahhh…
Vicente aceleró. Sus embestidas se volvieron más fuertes. Una mano en las caderas, la otra que se movía debajo con propio ritmo acompañando en sincronía la follada anal.
—Dime que te gusta que te den por el culo —Exigió, desviando un instante la vista hacia la ventana a un costado casi detrás de ellos.
Mariana entregada, con la voz rota, terminó respondiendo:
—Ahh… me gusta… me gusta que me folles el culo…
Vicente sonrió con triunfo y siguió follándola salvajemente. Mariana volvió a correrse con un grito largo, el cuerpo convulsionando, su ano contrayéndose alrededor de la polla de Vicente.
Vicente no tardó mucho más. Se corrió dentro de su culo, llenándola con su semen de viejo.
Se quedó dentro unos segundos, respirando agitado (tomando el móvil que había dejado a un lado), y luego salió lentamente, enfocando como un chorro abundante de semen blanco y espeso salía del ano dilatado y enrojecido de Mariana, bajando por su perineo y manchando la colchoneta.
Mariana se quedó tumbada boca abajo con el pecho en la colchoneta y el culo aun expuesto, exhausta, con las piernas temblando. Su vestido azul noche estaba subido hasta la espalda, arrugado. Las bragas de encaje negro habían quedado tiradas en el piso cerca a ellos.
Vicente se tomó su tiempo. Antes de que Mariana se mueva le dio una orden.
—No te muevas —ordenó con voz ronca.
Mariana intentaba incorporarse, avergonzada. Y notó que el viejo tenía el móvil en la mano.
—Vicente… por favor… no me grabes… —Suplicó débilmente, intentando bajarse el vestido.
Vicente le dio una palmada fuerte en el culo.
—Quédate así. Quiero guardarme esto.
Grabó el video: el agujero abierto y chorreando semen, la cara de Mariana con lágrimas y expresión de vergüenza, su cuerpo marcado.
Luego tomo varias fotos: close-up del culo expuesto, de su coño chorreado, de su cara sonrojada.
—Que putita más rica… —dijo con una sonrisa, guardando el móvil—. Mira cómo te deje el culito. Vas a caminar recordándome por días.
Mariana se incorporó con dificultad, bajándose el vestido con manos temblorosas. Las piernas le temblaban tanto que tuvo que apoyarse en la mesa.
—Me… me tengo que ir… mis amigas me deben estar buscando —dijo con voz rota.
Vicente se acercó, tomó las bragas que estaban en el piso y se las guardó.
—Esto es mi recuerdo —dijo, mientras con un gesto de mano le mostraba la salida a Mariana, para luego ir tras de ella.
Mariana caminaba con esa dificultad que Clarisse había mencionado en su relato de la tarde. Al llegar a la entrada de la veterinaria. Vicente se acercó, le levantó la barbilla y le dio un beso posesivo.
—Cuídate. Tu culito ya me pertenece.
Mariana bajó la mirada, avergonzada, y salió del local intentando caminar con rapidez.
Vicente se quedó sonriendo, revisando las fotos y videos en el móvil.
Apagué el ordenador con un temblor inevitable en las manos, como si tuviera frío. Mi mente iba a mil. Si le fue tan fácil con Mariana, la amiga de reputación intachable y para colmo a punto de casarse… ¿Qué le esperaba a Clarisse? o ¿Qué le estaría haciendo…?
Una llamada repentina me sacó del trance. Era Rafa.
—¡Ey!, Martín —dijo Rafa con su tono alegre de siempre—. ¿Estás listo para esta noche?
—¿Sí? —dije confundido.
—No me digas que lo has olvidado. Hablo de la despedida de soltero de Javier, el tío ese…
Me quedé en silencio un segundo. Casi había olvidado la despedida de soltero del prometido de Mariana.
Javier era sólo un conocido, pero Rafa y yo habíamos sido invitados por compromiso.
Aunque Rafa me dijo que era posible que no pudiera asistir, yo no quería ir sólo, así que le pedí que me avise si se libraba.
—Ah… sí… ¿qué pasa? —dije, aún desorientado.
—Ya terminé aquí. Así que… venga tío, vamos.
—Sí… sí, por qué no —respondí, intentando sonar normal.
—Bien… te parece si nos vemos en el bar de siempre sobre las 9. Y de ahí partimos. ¿Estás bien? Te noto raro.
—sólo cansado —mentí—. Pero esa fiesta me vendrá bien, ya sabes…
—Bien, hasta entonces… —finalizó Rafa.
Colgué el teléfono y me quedé mirando la pantalla apagada.
Ir a esa despedida, tal vez me ayudaría a no pensar en todo lo que he estado viendo y experimentando, en Vicente, en Clarisse… En fin, en todo lo que estaba pasando.
Clarisse aún no llegaba a casa. Me había escrito hace unas horas diciendo que llegaría un poco más tarde porque seguía acompañando a Marina ultimando detalles. Yo por mi parte, me estaba preparando para salir.
Antes de marcharme, decidí llamarla.
—Hola, amor —dijo—. ¿Todo bien?
—Sí, todo bien —respondí intentando sonar normal—. sólo llamó para avisar que ya voy de salida a la despedida de Javier.
—Vale… diviértete. Pero nada de stripers —ordenó, autoritaria—. Y no bebas demasiado, ¿vale? Mañana es la boda y quiero que estemos bien.
—Jaja… tranquila… —dije, fingiendo una risa—. sólo voy a acompañar. No tengo muchas ganas de fiesta.
Clarisse soltó una risita suave.
—Está bien. Yo iré a casa en un rato. Te quiero. Cuídate… Y nada de stripers —dijo, con voz juguetona.
Yo imité su sonrisa.
—ok… lo tendré en cuenta. Te quiero —respondí—. Nos vemos cuando llegues.
Llegué al bar donde habíamos quedado con Rafa alrededor de las 8:50. Lo busqué con la mirada y lo vi en la barra, estaba allí, con una cerveza en la mano.
—¡Ey, Martín! Justo a tiempo —dijo con una sonrisa—. ¿Quieres una?
—Claro… —respondí, sentándome a su lado.
Mientras Rafa pedía la bebida, mi mirada se fue hacia el fondo, escaneando un poco el lugar.
A unos metros de distancia, había una mujer exuberante de curvas bien definidas y generosas: caderas anchas, cintura marcada y un culo redondo y prominente que el vestido resaltaba sin piedad.
La piernas largas y bien formadas, realzada por tacones altos negros.
El pelo negro, largo y ondulado, le caía por la espalda hasta casi la cintura, moviéndose con cada gesto.
No podía verle la cara, pero su presencia era algo casi imponente. Se notaba que era una mujer que llamaba la atención.
Rafa se dio cuenta de que miraba hacia allá.
—¿Qué miras? —preguntó riendo—. ¿Ya estás en modo caza?
—No —respondí, apartando la mirada—. sólo… me pareció conocida.
Después de unas cervezas, tanto Rafa como yo empezamos a sentir el efecto del alcohol.
La conversación se volvió más animada, las risas más fáciles.
Rafa contaba anécdotas de sus últimos proyectos y yo intentaba seguirle el ritmo, aunque de vez en cuando seguía volviendo la mirada a la morena de espaldas.
Había algo familiar en su forma de moverse, pero no lograba ubicarla.
Sacudía la cabeza y volvía a centrarme en Rafa.
De pronto, Rafa con la lengua un poco suelta por la bebida, bajó la voz y se puso más serio.
—Oye, Martín… hay algo que tengo que contarte. Hace nos días me contacto Vicente, el viejo veterinario ¿Lo recuerdas?
Sentí un nudo en la garganta.
—Sí… —dije, intentando aclarar la voz—. ¿Qué pasa con él?
—¿Recuerdas también que lo reté a ligarse a Sofía? —dijo bajando aún más la voz, como quien cuenta un secreto.
Me quedé mirándolo, con un mal presentimiento.
—Sí… algo recuerdo —y tomé de mi cerveza.
—Pensé que lo había tomado a broma, coño… —bebió su cerveza hasta acabar—. Otra por favor— pidió—. Pero el cabrón me escribió y me ha dejado algo perplejo.
—Venga, macho… —dije, alentándolo a que continue—. ¿Te escribió el vejete ese?
Rafa aclaró la voz. Su cerveza llegó y le dio un sorbo antes de continuar:
—Sí. Me mandó unas fotos y vídeos, de Sofía con él… en situaciones… bueno, ya te imaginarás… —dijo, con suspenso.
Yo tragué el último sorbo de mi cerveza.
—Venga, colega… ¿De qué situaciones hablas?
Rafa asintió visiblemente incómodo.
—Situaciones, macho… —Desvió la mirada—. Sofía de rodillas, con la polla de Vicente en la boca, mirándolo con cara de viciosa, follándola por todos lados…
Sentí una mezcla de sorpresa y, al mismo tiempo, no tanta. Sofía tenía una fama de ser chica fácil, aunque, era más mi sorpresa, porque ella tiene un target alto respecto a los tíos con que se lía.
—Joder, Rafa… ese tío está flipado.
—También lo pensé, pero el tío me sacó de onda —dijo—. El muy hijo de puta me dijo que había ganado y que esperaba que cumpliera como hombre de palabra, con un premio por su victoria.
—¿Qué apostasteis exactamente? —pregunté.
Rafa se encogió de hombros.
—Nada en concreto, Joder. Ya te dije que creí que lo tomaba como una broma más de borrachos —dijo con una sutil muestra de angustia…
(fingida tal vez) —. Le pregunté qué coño quería y me contestó: «Ya te lo diré más adelante. sólo espero que seas hombre de palabra y cumplas» —dijo, imitando la voz de Vicente.
Solté un resoplido y me pasé la mano por la cara.
—Joder, Rafa… si te está tocando las pelotas… no le sigas el juego…
Rafa suspiró.
—Lo sé. Pero no quiero que me haga mala fama. Aunque me sienta como un idiota, voy a cumplir.
La conversación finalizó poco después y partimos rumbo a la despedida. Salimos del bar y tomamos un taxi hacia el lugar.
El ambiente en la despedida era animado, pero no excesivo.
Un local privado con terraza, música electrónica de fondo, mesas con botellas y picoteo.
Javier estaba en el centro, con una corona ridícula, riendo con sus amigos.
Había alrededor de 15-20 hombres, la mayoría de su edad. Y Otros que apenas iban llegando.
Mientras la despedida de soltero iba cogiendo ritmo.
Rafa y yo nos unimos al grupo y empezamos a divertirnos.
Bebimos unas cuantas copas, brindamos por Javier, contamos anécdotas absurdas y nos reímos de las tonterías típicas de estas fiestas.
Rafa propuso un juego de chupitos y terminamos todos riendo cuando Javier tuvo que hacer una imitación ridícula de su futuro suegro.