Lo que Kim no le dijo a Ana
Antes de reunir lo necesario para ir al solar, Kim pasó un momento por la habitación donde Ana seguía durmiendo, agotada por la crisis de la noche anterior, ajena a la urgencia repentina que había tomado el resto de la casa.
Se quedó de pie junto a la cama un buen rato, mirándola dormir, pensando en todo lo que Ana había signicado para ella desde aquella clase de literatura en la universidad: la persona que le mandaba fotos de gatos random cuando sabía que Kim tenía un mal día, la que había insistido en acompañarla al médico incluso cuando Kim le había dicho que no hacía falta, la que jamás, ni una sola vez en años de amistad, le había preguntado más de lo que Kim estaba dispuesta a contar.
Pensó en despertarla para despedirse. Decidió no hacerlo. Si algo salía mal esa noche, prefería que el último recuerdo de Ana fuera este: verla dormir tranquila, sin miedo, sin huecos, aunque solo fuera por unas horas más.
En vez de eso, sacó del bolsillo un trozo de papel y escribió una nota corta, que dejó sobre la mesilla, junto al vaso de agua que Emma le había preparado antes de acostarla:
"Si lees esto y yo no he vuelto a explicarte por qué me fui esta noche, quiero que sepas que fuiste la razón por la que aguanté ocho meses ngiendo que todo esto había terminado.
Gracias por no preguntar nunca más de lo que yo podía contarte.
Te quiero, Ana. Pase lo que pase esta noche, eso no cambia. "
Dobló el papel, lo dejó bien visible, y salió de la habitación sin hacer ruido, cerrando la puerta con el mismo cuidado con el que se cierra algo que se quiere proteger de cualquier corriente de aire que pueda hacerle daño.