Antes de ir
Nadie discutió que había que ir esa misma noche.
Lo que sí discutieron, durante los minutos que tardaron en reunir lo poco que Arthur creía que podía ayudar la llave vieja, un frasco con tierra bendecida por un párroco que ya no vivía, un cuaderno con las anotaciones de la Orden que Evelyn se negó a soltar, fue quién debía acompañar a Kim hasta la valla del solar.
Voy yo dijo Arthur, con una rmeza que no admitía discusión. Fui el que estuvo allí la primera vez. Es justo que esté también en esta.
Yo también voy dijo Lucas, antes de que nadie pudiera objetar. Soy el único que la oye de verdad. Si algo cambia en el último momento, seré el primero en saberlo.
Kim lo miró un instante, pensando en la valla, en el brillo hambriento de sus ojos aquella noche, en la promesa rota que él mismo había hecho de no acercarse.
Pero también pensó en lo que Lucas le había dicho aquella misma noche no sé cuánto tiempo más voy a poder decir que no y entendió que quizá fuera mejor tenerlo cerca, vigilado, que dejarlo solo con la tentación de ir por su cuenta.
Vale dijo. Pero te quedas donde yo pueda verte en todo momento.Emma se ofreció a quedarse con Ana, que dormía por n, agotada, ajena a que aquella noche podía ser la última en la que el mundo tuviera la forma que ella todavía recordaba con claridad.
Gabriel y Evelyn se quedarían con las cámaras y los registros, documentando lo que pudieran desde fuera de la valla, por si algo de lo que estaba a punto de pasar merecía la pena que alguien lo recordara después.Si esto sale mal dijo Gabriel, ajustándose la correa de la cámara con manos que no dejaban de moverse, ¾qué quieres que hagamos?
Con la grabación, quiero decir. Con todo lo que hemos averiguado.Kim lo pensó un momento antes de contestar.Que se lo enseñéis a quien haga falta para que nadie más tenga que pasar por esto solo, como le pasó a Arthur durante setenta y tres años.
Que si alguien vuelve a sentir un frío raro en el pecho alguna vez, sepa que hay alguien que puede contarle la verdad de lo que le está pasando, en vez de dejarlo creer que se está volviendo loco.Gabriel asintió, con los ojos brillantes, y no dijo nada más.
Evelyn, a su lado, apretó el cuaderno de la Orden contra el pecho un momento antes de guardarlo con cuidado en su bolso, como quien guarda algo que ya ha decidido proteger con su propia vida si hace falta.Antes de salir, Kim se detuvo un momento en la puerta de Gabriel y miró a cada uno de ellos por turno: Emma, con los ojos enrojecidos de no haber dormido en días; Gabriel, serio, con la cámara ya colgada del hombro; Evelyn, abrazando el cuaderno de la Orden como si fuera lo único sólido que le quedaba.Si esto sale bien dijo Kim, con la voz más rme de lo que se sentía, puede que no vuelva a ser exactamente quien era.
Quiero que lo sepáis antes de que pase, no después.Lo sabemos dijo Emma, acercándose para abrazarla.
Y vamos a estar aquí de todas formas, seas quien seas cuando vuelvas.Kim cerró los ojos un segundo, grabándose ese abrazo, esa frase, ese instante exacto, como quien guarda algo pequeño y valioso en el bolsillo antes de un viaje del que no sabe si va a volver con las manos vacías.Después, sin decir nada más, salió hacia la noche, con Arthur a un lado y Lucas al otro, camino del solar donde todo había empezado setenta y tres años atrás.