EL UMBRAL (SAGA DE TERROR KOI FROIN nº 3) Transformar, no sellar
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Transformar, no sellar

Kim volvió a casa de Arthur al amanecer, sin haber dormido, con la fotografía de Teodoro todavía dándole vueltas en la cabeza junto a la voz rota de Ana pidiéndole que le dijera que sus recuerdos eran reales.

Encontró a su abuelo despierto, sentado en la butaca de siempre, como si llevara toda la noche esperando a que ella llegara con esa misma cara.

Ana está peor dijo Kim, sin rodeos, sentándose frente a él. Y no ha tocado ni una sola puerta en su vida. Si el Umbral puede hacerle esto a ella, desde fuera, entonces lo que me está haciendo a mí, desde dentro, no va a parar nunca. No con el tiempo que tenemos.

Arthur asintió despacio, como si llevara ya un rato pensando exactamente lo mismo.Llevo desde lo de Teodoro dándole vueltas a la misma frase dijo.

El Umbral no libera. Modica y devuelve. Durante setenta y tres años pensé que esa frase hablaba solo de lo que le pasó a él.

Pero anoche, después de ver la cara de Ana en tu mensaje, entendí que habla de algo más grande.

El Umbral no entiende de sellar ni de encerrar, Kim.

Solo entiende de intercambiar una cosa por otra.

Le diste tu sangre para cerrar siete puertas, y a cambio te convertiste en el corazón del sistema.

Ahora quiere completar el intercambio del todo.

¾Y eso qué signica?Signica que no hay ninguna llave, ni ningún ritual, que pueda volver a sellar un origen dijo Arthur, con la voz más rme de la que Kim le había oído en meses.

Un origen no se cierra. Se convierte. La única forma de detener lo que le está pasando a Ana, a Emma, a Gabriel, a toda esta ciudad poco a poco, es que alguien acepte terminar el intercambio antes de que el Umbral decida hacerlo por su cuenta, a su manera, con todos nosotros de por medio.Kim se quedó en silencio un largo rato, mirando la llave vieja que seguía sobre la mesa desde la conversación de semanas atrás, entendiendo por n, con una claridad que le heló hasta la última cicatriz, lo que aquello signicaba en realidad.Tendría que ser yo dijo, no como pregunta.Tendría que ser alguien que ya esté a medio camino contestó Arthur, y por primera vez en toda la conversación no pudo sostenerle la mirada.

Y de todos nosotros, Kim, solo hay una persona que ya lleva ocho meses siendo, en parte, la propia puerta.Kim cerró los ojos.

Pensó en Ana, en su miedo a no saber ya distinguir lo real de lo que el Umbral tejía por debajo.

Pensó en Lucas, de pie junto a la valla, admitiendo que no sabía cuánto tiempo más podría decir que no.

Pensó, por último, en Teodoro, con su sonrisa de veintidós años congelada para siempre en una fotografía, devuelto convertido en otra cosa porque nadie supo, entonces, que la única salida era completar el intercambio a propósito, en sus propios términos, en lugar de esperar a que el Umbral terminara de decidirlo por su cuenta.Entonces no vamos a sellar nada dijo Kim al n, abriendo los ojos.

Vamos a averiguar cómo se hace esto bien.

Cómo se hace de forma que sea yo quien decida qué queda de mí al otro lado, y no ella.Arthur asintió, y por primera vez desde que había abierto aquel cajón, algo parecido al alivio le cruzó la cara, aunque fuera un alivio triste, del tamaño exacto de lo que estaba a punto de perder.

¾Y si me equivoco? preguntó Kim, en voz baja, después de un rato de silencio.

¾Y si elijo esto y no queda nada de mí al otro lado, igual que con Teodoro?

Arthur no le ofreció una respuesta fácil, y Kim se lo agradeció en silencio, porque llevaba ocho meses rodeada de gente que intentaba tranquilizarla con certezas que nadie podía tener de verdad.Entonces habrás fracasado intentando hacer lo correcto dijo al n, que es mucho más de lo que la mayoría de la gente puede decir de su propia vida.

Pero no creo que te equivoques, Kim. No después de ver cómo has cuidado de cada uno de ellos estos ocho meses, sin pedir nada a cambio.

Si el Umbral de verdad entiende de intercambios, dudo que exista una oferta más honesta que la tuya.Kim se quedó mirando a su abuelo, sintiendo que, por primera vez desde que todo aquello había empezado, no estaba sola cargando el peso de la decisión, aunque al nal tuviera que ser ella quien cruzara el arco.

Le tomó la mano, la de las manchas de la edad y los dedos ya un poco temblorosos, y se la sostuvo un momento en silencio.Gracias por no mentirme dijo.

Todo el mundo lleva meses intentando protegerme con medias verdades.

Tú eres el único que me ha dado la verdad completa, aunque doliera.Es lo mínimo que te debía contestó Arthur, apretándole la mano con una fuerza que desmentía sus dedos temblorosos.

Después de setenta y tres años callando, ya era hora de que alguien de esta familia dijera las cosas como son.