Lo que Gabriel grabó sin querer
Mientras Kim se ocupaba de Lucas esa misma semana, Gabriel pasaba las noches instalando y revisando las cámaras que había prometido colocar junto al solar, una tarea que al principio le había parecido casi ridícula cámaras de seguridad baratas apuntando a un solar vacío y que, con cada noche que pasaba, empezaba a sentir mucho más urgente de lo que se había atrevido a admitir en voz alta.
Una madrugada, revisando el material acumulado con Evelyn, que se había quedado a ayudarlo porque no conseguía dormir de todos modos, encontraron algo que ninguno de los dos supo explicar durante un buen rato: en una de las grabaciones nocturnas, la sombra de la valla se alargaba de una forma que no correspondía a ninguna fuente de luz real, proyectándose hacia el interior del solar en lugar de hacia fuera, como si la propia luz de las farolas hubiera decidido, esa noche, comportarse al revés.
Esto no tiene ningún sentido físico dijo Gabriel, rebobinando la grabación por tercera vez. Las sombras no hacen eso. No pueden hacer eso.
Puede que la física normal ya no aplique del todo tan cerca de la valla contestó Evelyn, sin apartar la vista de la pantalla.
Si el Umbral es un origen, como dice Arthur, quizá las reglas que conocemos empiecen a doblarse antes incluso de que se manieste del todo, como el agua que empieza a moverse antes de hervir.
Gabriel guardó silencio un momento, pensando en la cinta de casete de su padre, en la fotografía que ahora llevaba siempre doblada en el bolsillo, y en lo poco preparado que se sentía para algo que ni siquiera respetaba las reglas más básicas de cómo funcionaba la luz.
¾Y si esto nos supera a todos? preguntó, en voz baja, casi para sí mismo. ¾Y si Kim hace lo que tenga que hacer y ni siquiera basta?
Evelyn no tuvo una respuesta fácil. Se limitó a apoyar una mano en el hombro de Gabriel, del mismo modo silencioso en que Emma había apretado la mano de Ana bajo la mesa semanas atrás, entendiendo que a veces la única ayuda real que se le puede ofrecer a alguien asustado es la certeza tranquila de no estar asustado a solas.