Toallas sobre los espejos
A la mañana siguiente, Kim llamó a Emma con una pregunta que le costó formular sin sonar completamente absurda.
¾Alguna vez te ha hablado tu reejo? preguntó, casi de golpe, sin preámbulo, apenas Emma descolgó.Hubo un silencio al otro lado de la línea, un silencio que a Kim le dijo, antes de que Emma contestara nada, que la respuesta no iba a ser un simple "no".
Una vez admitió Emma, con la voz más baja de lo habitual.
Hace como una semana. No dijo nada raro, la verdad, solo...
se rió un segundo antes de que yo me riera.
Fue tan rápido que me convencí de que lo había imaginado.No lo imaginaste dijo Kim, sintiendo que se le encogía el estómago.
A mí me pasó anoche. Habló, Emma. Me dijo que ya casi estaba lista para volver a casa.Se quedaron las dos en silencio un momento, procesando juntas, a distancia, el peso de lo que aquello signicaba: que el ltrado no se limitaba ya a recuerdos ajenos o canciones inexistentes, sino que empezaba a manifestarse también en los reejos de quienes estaban más cerca de Kim, como si el Umbral, al no poder alcanzarla del todo a través del cristal, hubiera decidido probar con la gente que la rodeaba.Voy a comprar unas cuantas toallas más dijo Emma nalmente, con un intento de humor que no llegó a sonar del todo gracioso.
Por si acaso.Buena idea contestó Kim, sin ganas de reírse tampoco, pero agradeciendo, aunque fuera solo un poco, no tener que llevar esa carga completamente sola.