EL UMBRAL (SAGA DE TERROR KOI FROIN nº 3) Tareas
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Tareas

Volvieron a reunirse en casa de Gabriel, esta vez con un mapa de la ciudad extendido sobre la mesa y el peso nuevo de lo que Arthur había contado sobre Teodoro otando entre todos, aunque solo Kim lo hubiera oído entero.

Si esto ya pasó una vez, en algún sitio tiene que haber quedado constancia dijo Evelyn, la primera en romper el silencio. Registros de la Orden, aunque sea fragmentarios. Yo tengo contactos en el archivo diocesano por lo de la casa; puedo empezar a tirar de ahí.

Yo puedo encargarme de Ana se ofreció Emma. Si el Umbral le está rellenando huecos a ella también, alguien tiene que vigilar que no empeore mientras el resto investiga. Y si empeora, quiero ser la primera en saberlo, no la última.

Gabriel señaló el solar en el mapa, marcado con una cruz que Kim había dibujado la noche anterior sin decírselo a nadie.

Yo me quedo con esto dijo. Si la puerta se está manifestando ahí, alguien debería vigilarlo de cerca. Con cámaras, con lo que sea. No podemos permitirnos que se abra del todo sin que nadie se entere hasta que sea demasiado tarde.

Y yo con Lucas dijo Kim, aunque nadie se lo había preguntado directamente. Es el único que la oye de verdad, no solo la siente. Si alguien puede decirnos cuándo se acerca, es él. Pero después de lo de la sexta puerta, no pienso perderlo de vista ni un segundo.

Ana, que llevaba toda la reunión más callada que de costumbre, levantó la vista del mapa.

¾Y yo qué hago?Se hizo un silencio incómodo.

Fue Evelyn quien nalmente respondió, con la delicadeza de quien elige con cuidado cada palabra:Tú aguantas, Ana.

Tú nos avisas si notas más huecos, más recuerdos que no encajan.

Eso también es una tarea, aunque no lo parezca.Antes de que la reunión terminara, Evelyn levantó la vista del mapa una última vez.Hay algo que deberíamos decir en voz alta, ya que estamos todos aquí dijo.

Si esto se parece en algo a lo de 1958, no todos vamos a salir de esto exactamente igual que como hemos entrado.

Puede que a algunos ni siquiera nos toque directamente, pero quiero que quede claro que lo sabemos, que lo hemos hablado, y que nadie de los que estamos en esta mesa se ha apuntado a esto sin saberlo.Nadie discutió aquello.

Gabriel asintió despacio, con la cámara todavía colgada del hombro, como recordándose a sí mismo que documentar también era una forma de estar dispuesto a quedarse.

Emma se limitó a apretar la mano de Ana por debajo de la mesa, un gesto pequeño que Kim ngió no haber visto, aunque le pareció, por primera vez en toda la noche, el detalle más esperanzador de la reunión entera.Ana asintió, pero Kim vio en su cara algo que no le gustó: el mismo desconcierto breve de la cafetería, la misma sombra que se le había pasado por la mirada al hablar del lago que nunca habían visitado juntas.

Esta vez no dijo nada al respecto. Se limitó a memorizar el gesto, a guardarlo junto a las demás señales, y a pensar, con un frío que no tenía nada que ver con octubre, que quizá Ana no fuera solo la que aguantaba.Antes de que la reunión terminara del todo, Ana se levantó a por más café y, al pasar junto a la ventana de la cocina de Gabriel, se quedó un momento mirando hacia fuera, hacia la calle vacía, con una expresión ausente que ninguno de los demás llegó a ver.

Cuando volvió a la mesa, sonriente, con las tazas llenas, nadie hubiera dicho que un segundo antes había estado convencida, durante un instante completo, de que aquella calle era otra calle, de otra ciudad, de otra vida que no le pertenecía del todo.Quizá fuera también la que menos tiempo les quedaba antes de perder del todo.