Lo que Teodoro repetía
Kim se quedó pensando en aquella historia durante días, incapaz de sacarse de la cabeza los tres días en que el grupo había dejado hablar, comer y dormir a algo que ya no era del todo Teodoro.
Volvió a casa de Arthur una semana después, sola, sin avisar, solo para hacerle la pregunta que llevaba dándole vueltas desde la primera conversación.
¾Qué decía? preguntó, sentándose frente a él sin ni siquiera quitarse el abrigo. Dijiste que repetía frases que nadie reconocía. ¾Recuerdas alguna?
Arthur tardó en contestar, como si tuviera que rebuscar en un cajón que llevaba setenta y tres años cerrado con más fuerza que el del aparador.
Una dijo al n. Solo recuerdo una entera, porque la repitió tantas veces que se me quedó grabada aunque no entendiera ni una palabra.
Sonaba algo así como "seren mikai thalos ven", aunque nunca supe escribirla bien, porque no era un idioma con el que ninguno de nosotros hubiera tenido contacto jamás.
Uno de los mayores de la Orden, un hombre que había estudiado lenguas antiguas durante años, dijo que le recordaba vagamente a fragmentos de textos precristianos que él mismo no había sabido traducir del todo. Nunca llegamos a saber qué signicaba.
Kim repitió las palabras en voz baja, sintiendo un escalofrío que no supo explicar, como si su propia boca reconociera algo que su mente no llegaba a procesar del todo.
¾Por qué me lo preguntas ahora? quiso saber Arthur, con una punta de alarma en la voz.Porque anoche, en sueños, alguien me dijo exactamente esas mismas palabras contestó Kim, y por primera vez desde que todo aquello había empezado, vio en la cara de su abuelo un miedo que no tenía nada que ver con la culpa ni con la vergüenza, sino con algo mucho más simple y mucho más viejo: el miedo puro de un hombre que empieza a entender que la historia, después de setenta y tres años, no ha terminado de repetirse del todo.