El Último Tanto (La Serie de Knoxville Football 5) 7. Gage
57%

7. Gage

GAGE

Me encanta el rubor de sus mejillas y cómo el viento juega con su pelo. Callie mira hacia el mar y me fijo en la facilidad de sus movimientos. La tensión que suele cargar en los hombros ha desaparecido. La pequeña arruga que a veces se le forma entre las cejas ya no está.

Callie me está dejando entrar y, por primera vez en años, yo también me siento en calma.

Sentado en este restaurante frente al mar, con una copa de vino en la mano y comiendo una paella increíble, siento que he vuelto a casa. A una casa que anhelaba, aunque no sabía cuánto hasta ahora. Hasta este momento con ella.

—¿En qué estás pensando? —le pregunto.

Se gira hacia mí, con una sonrisa insinuándose en sus labios.

—No puedo creer que yo… que nosotros… —se queda a medias, negando con la cabeza—. Esto lo cambia todo, Gage.

—Todo —confirmo—. Pero no te solté palabras bonitas para meterte en mi cama, Cal. Quiero un futuro contigo.

Da un sorbo a su vino y deja la copa sobre la mesa. Me fijo en cómo sus dedos tamborilean contra el mantel blanco.

—Yo también quiero un futuro contigo —susurra.

—Vale. —Suelto el aire de golpe, aliviado, y me inclino hacia ella. Mi mano cubre la suya y entrelazo mis dedos con los suyos.

Sus ojos se llenan de emoción.

—Es que nunca me permití creer que pudiera… que nosotros… —sonríe con cierta inseguridad—. Nunca me dejé tener esperanza contigo, Gage.

—Porque era, soy, tu cliente.

—Porque eres más grande que cualquier vida que yo imaginara para mí —dice, ladeando la cabeza mientras me observa—.

Trabajo en un sector competitivo, acelerado.

Estoy rodeada de algunos de los mejores atletas del mundo.

Gente que supera retos increíbles. Y yo…

nunca me permití pensar que… Es que, Gage, tú eres tú.

Frunzo el ceño, intentando entender por dónde va.

—Cal, eres una de las mujeres más exitosas y más guays que conozco.

Resopla.

—Pero tú eres tú. Ganaste la maldita Super Bowl.

¡Tres veces! Eres guapísimo, divertido, le caes bien a todo el mundo, tienes una familia increíble que adoras.

O sea, ¿sabes lo difícil que es encontrar a un tío al que le guste su familia tanto como a ti la tuya?

¡A los niños les encantas! —lanza lo último como si aún le sorprendiera.

Sonrío.

—¿Te parezco guapo?

Callie se ríe.

—Sabes que lo eres, Gage.

—Ya me estoy haciendo mayor, Cal.

—Tienes treinta y ocho.

—Mi hermano tuvo a su primer hijo con veinticinco —explico, refiriéndome a la edad que tenía Joe cuando nació Jake.

—Ya… —asiente—. Mis amigas del instituto, de la universidad, incluso del trabajo… llevan años casándose y teniendo hijos. Yo… dejé de pensar que eso pudiera formar parte de mi vida.

—¿Lo quieres? —pregunto despacio, observando su cara en busca de cualquier señal.

Me sostiene la mirada y aprieta los labios. Por un segundo, los nervios me recorren el cuerpo. ¿Va a decir que no? ¿Ha cerrado esa puerta para siempre?

Me muerdo la comisura del labio, procesando lo que sentiría ante eso.

Pero joder… quiero casarme con Callie James. Quiero verla caminar hacia mí por un pasillo y plantarme delante de toda mi familia—grande, ruidosa y metomentodo—y decirle al mundo que es mía.

—Muchísimo —murmura.

Su voz es casi un suspiro, y en sus ojos hay una esperanza tan contenida que algo en mi pecho se rompe.

—Quiero una familia, Gage. Quiero pertenecer a gente que me quiera, que me acepte, que me elija.

—Entonces… ¿vamos a por ello? —confirmo.

—Sí —respira—. Aunque rompa mi regla de oro.

—No seré tu cliente para siempre.

—No, pero ahora lo eres. Y este contrato, el de Grayson Watches… ¿sientes que hay conflicto de intereses si sigo llevándolo yo?

Suelto una carcajada.

—¿En serio? —le aprieto la mano—. No, Callie. Todo está bien. Confío en ti más que en nadie para representarme.

Sonríe y llevo nuestras manos unidas a mi boca, besándole los nudillos.

—Esta es la mejor cena de mi vida —confiesa.

—Es la paella —le digo.

—La paella está increíble —admite—. Pero eres tú, Gage. Es el tiempo que paso contigo.

—Espera a que te lleve a casa —bromeo.

Callie me lanza un guiño.

—Cuento con ello.

El camarero se acerca y retira los platos. Seguimos con el vino, hablando del futuro—de mi retirada, de su deseo de bajar el ritmo de trabajo—. La brisa del mar nos envuelve y la noche nos cubre.

Las estrellas brillan sobre nosotros, el mar besa la orilla, y me dejo llevar por la paz del momento.

Y todo se intensifica cuando llevo a Callie a la cama, la desenvuelvo como el mejor regalo que me han dado jamás y hago el amor con ella.

Nos movemos en sincronía. Nos tocamos, nos exploramos. Nos saboreamos. Nos besamos.

Encajamos a la perfección, como si todo lo que ha pasado antes hubiera sido el camino hacia esto. Hacia esta mujer. Esta noche. Esta sensación.

Grito su nombre y ella me aprieta más fuerte, besándome el cuello mientras dejamos que el placer nos atraviese.

Después, ya limpios, la rodeo con los brazos y la estrecho contra mi pecho, escuchando su respiración.

Cuando se duerme, beso la parte de atrás de su cabeza, cierro los ojos… y me dejo llevar.

Esta noche, ni siquiera mis sueños pueden competir con mi realidad.

Por fin estoy en paz.

Y, en el fondo, sé que estoy listo para anunciar mi retirada.

El regalo que me ha dado Callie está por encima de todo: mi carrera, la vida tal y como la conocía, el fútbol.

Ahora quiero estar a su lado mientras atraviesa esta nueva etapa de su vida. Quiero ponerle un anillo en el dedo. Quiero formar una familia con ella.

Me estoy preparando para mi último touchdown.