El último Halloween CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

Mia

Nos adentramos en el bosque, cogidos de la mano. La verdad es que es una sensación agradable; a pesar del miedo que siento por lo que pueda pasarle a mi amiga, estar con él se siente bien. Me siento en paz.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro, dime.

—¿Mi madre está bien?

Sonríe y me da un beso rápido en la comisura de los labios.

—Claro que está bien, sabe que estás aquí esta noche, como cada noche de Halloween, y que te quedarás a dormir.

—¿Puedo hablar con ella? No tengo móvil.

—Si tienes móvil, está en mi habitación; cuando regresemos la llamas, ¿te parece?

Asiento, sintiéndome más tranquila. «Mamá está bien».

Es todo lo que me queda de familia; cuando estaba muy pequeña, vivía también con mi padre, pero murió en un accidente de coche.

La familia de él no quiso saber nada de nosotras después de eso; la familia de mi madre vive en España y tampoco es que llamen demasiado.

Así que solo somos mi madre y yo contra el mundo.

Aunque vivamos en casas diferentes, es como mi mejor amiga.

—¿Recuerdas este lugar?

Salgo de mi ensoñación, miro a mi alrededor y disfruto por unos segundos del espacio en el que nos encontramos.

Un círculo perfecto, sin árboles en medio, rocas más altas que yo y millones de hojas en el suelo.

—Es precioso.

—Aquí venimos cada año, cuando necesitamos un respiro de la fiesta.

Doy vueltas en mi mismo eje, con la cabeza arriba, disfrutando del momento, intentando olvidar la pesadilla que he vivido.

Logan me coge de la cintura y me atrae hacia él. Nos miramos, en silencio. Sus ojos caen a mis labios.

—Quiero hacerte mía en este lugar.

Sus palabras hacen el efecto correcto en mi cuerpo; siento cómo mi clítoris palpita en respuesta.

Sus labios se unen a los míos, devorándome.

Me separo, cojo el cierre de su disfraz y lo bajo, me pongo de rodillas y su cara de sorpresa lo dice todo.

—Primero yo —digo, bajando el bóxer un poco, sacando su miembro erecto.

Recorro el tronco con la lengua; al llegar a la punta, hago pequeños círculos. Sus manos me cogen del cabello y me empujan para metérmela completa. Él gime en respuesta.

—Eres perfecta, joder.

Mueve sus caderas, follándome la boca y, cuando siente que está a punto de correrse, la saca, la aleja de mí. Se pone de rodillas y me empuja.

Mi cuerpo cae boca arriba, pero para mi sorpresa estoy mucho más abajo de lo que debería, en un hueco, como una tumba llena de hojas y ramas.

Abro las piernas para recibirlo, pero no es su polla lo que toca mi centro, sino su lengua. Muerde un poco el clítoris y mi cuerpo tiembla de placer.

Se incorpora y, sin darme un segundo de tregua, me penetra hasta el fondo. Se me escapa un grito, pero su mano se apoya en mi boca para silenciarme mientras la otra me aprieta el cuello, ahorcándome.

—Te penetraré 10 veces hasta que te corras y mojes toda mi polla; si no te corres, habrá consecuencias, ¿entendido?

Asiento, aún con su mano en mi boca, y comienza el conteo regresivo.

—Diez. —Me penetra duro.

—Nueve —grito de placer debajo de su mano.

—Ocho. —Se me escapan las lágrimas.

—Siete. —Esa cara de psicópata, es lo que está a punto de hacerme llegar antes de tiempo.

—Seis. —Voy a correrme.

—Cinco. —Mi cuerpo tiembla sin control.

—Cuatro. —Me suelta la boca y con el pulgar hace círculos en mi clítoris.

—Tres.

—Logan… ¡Ah! —grito cuando recibo el orgasmo.

—Dos. —Pongo los ojos en blanco. Me ahorca ahora con ambas manos, haciendo presión.

Se acerca a mi oído y dice:

—Uno.

Y pierdo el conocimiento.