CAPÍTULO 12
Mia
Abro los ojos e inmediatamente me doy cuenta de que estoy en su habitación, en su cama y él no está.
Me llega el recuerdo de lo que sucedió; busco algún reloj, pero no encuentro nada que pueda decirme qué hora es o cuánto tiempo dormí, aunque aún es de noche.
Pongo los pies fuera de la cama, temblando. Nerviosa, abro la puerta de la habitación, camino por el pasillo hacia las escaleras y es cuando me doy cuenta de algo.
«Hay música».
Freno en el borde del primer escalón y observo la fiesta que han vuelto a montar en el salón. Bailan como si nada hubiese pasado.
Entro en la cocina buscando alguna cara conocida y, al llegar, lo que veo me paraliza de absoluto terror.
No solo están mis dos amigas, sino que allí, de pie, frente a mí, está la chica muerta, que estaba desangrada hace tan solo un rato justo en este mismo espacio.
—¡Mia! —grita Claire, acercándose a mí con dos chupitos en las manos.
—¿Qué está pasando?
—¿Qué está pasando, de qué? —pregunta, curiosa.
—Esa chica estaba muerta hace unas horas. —Mi voz sale temblorosa y apenas puedo parpadear.
Ella voltea, ve a la chica de la que hablo, que es la única mujer en la cocina aparte de mis amigas.
—Pues yo la veo muy viva; hace unos minutos estaba follando con el novio en el baño y los gemidos los escuchamos todos.
«A lo mejor fue una pesadilla, tiene que ser eso, tuve una pesadilla».
—¿Y Logan?
Hace un gesto con la cara para señalar detrás de mí.
Me giro y ahí está, apoyado en el marco de la puerta, nuevamente con el disfraz de esqueleto con el que empezó la noche, con el que lo conocí.
—¿Me buscabas? —pregunta, acercándose con lentitud.
—¿Podemos hablar?
—Por supuesto, aquí estoy, angelito.
Está demasiado cerca, sus labios apenas rozan los míos, mi cuerpo responde en el acto, sus manos se deslizan sobre mis brazos y ahora tan solo quiero follármelo de nuevo. «¿Habrá pasado realmente?».
—Pero, en privado, por favor.
Acerca su boca a mi oído y en un susurro me dice:
—Espero que cuando estemos en privado, también sepas decir por favor.
Da un paso atrás con esa sonrisa de lado que me ha vuelto loca toda la noche, coge mi mano y me lleva con él, escaleras arriba.
Volvemos al punto de partida: su habitación.
Me permite entrar de primera; me siento en el borde de la cama al tiempo que él cierra la puerta con seguro.
—Soy todo oídos, ¿de qué quieres hablar?
Está ahí de pie frente a mí; la vista se me va a ese bulto que se marca en el disfraz y no puedo evitar imaginar que desgarro la tela y pruebo lo que hay debajo.
Se aclara la garganta para sacarme de mi ensoñación, levanto la mirada y lo veo, sonriendo. Por supuesto, se dio cuenta de lo que estaba mirando fijamente hace unos segundos.
—Está pasando algo muy, muy extraño.
— Sí. Estoy de acuerdo, no es nada común que una chica en una fiesta te invite a hablar y no a follar.
—Logan, sé serio por un momento, por favor.
Sonríe cuando escucha que nuevamente digo: por favor.
—Vale. —Se sienta a mi lado, en la cama—. Te escucho.
—¿Cómo llegué a tu cama?
—¿No recuerdas nada?
—No…
Coge una almohada, la dobla y apoya su cabeza en ella.
—Estábamos bailando, te sentiste mareada, así que te traje para que te acostaras un rato. Bajé unos segundos a buscarte un vaso de agua, pero cuando regresé estabas dormida.
—¿Y cuánto tiempo dormí?
—Unos 20 minutos diría yo.
—Necesito que me creas lo que te voy a decir, en serio, necesito que me escuches y creas lo que diré.
—Vale, dime.
—Antes de despertar en tu cama, esa chica que hace rato estaba en la cocina estaba muerta, desangrada en ese mismo lugar y ya no había una fiesta; estaban todos en el bosque persiguiendo al culpable de esa muerte.
Me mira fijamente y vuelve a sonreír de lado.
—En el hipotético caso de que eso haya pasado, ya no es verdad. Tú la has visto, está ahí abajo, viva.
—Sí, pero yo…
—No le des más vueltas, lo importante es que está todo bien, ¿no?
Asiento con la cabeza, su mano se posiciona en mi nuca y me atrae hacia él.
—Ahora, ¿podemos hacer lo que hacen las parejas en las fiestas cuando se encierran en una habitación?
—¿Pareja?
—¿Qué otra cosa seríamos?
Me subo a su regazo, vuelve a coger mi nuca y nuestros labios se encuentran. Nos besamos con hambre, desenfrenados, deseosos de sentirnos.
—¿Ya hemos hecho esto antes? —pregunto entre besos.
—No me jodas que no recuerdas nada. —Me lanza a su lado en la cama y se ubica de rodillas en el medio de mis piernas abiertas. Tan solo niego con la cabeza.
—Sí, Mia, claro que lo hemos hecho antes… Eres mi novia.
—¡¿Qué?! —Incorporo mi cuerpo apoyándome sobre los codos en el colchón.
—No me jodas. No es gracioso.
Se levanta de la cama y comienza a caminar por la habitación, buscando algo. Cuando lo consigue, se acerca y me lo enseña.
Una foto.
Aparecemos los dos en una fiesta, juntos, vestidos exactamente como estamos vestidos hoy.
—¿Eso fue hoy?
—Eso fue hace cuatro años.
—¿Y por qué estamos vestidos igual?
—Es nuestra tradición, cada Halloween usamos estos disfraces porque son los que estábamos usando el día que nos conocimos.
—¿Cómo nos conocimos?
—Hace cuatro años, en una fiesta aquí en mi casa, llegaste con tus amigas sin conocer a nadie.
—¿Me estás hablando en serio?
—Te juro que no puedo creerme que no recuerdes nada.
—Te juro que es verdad. En mi cabeza, yo te conocí esta noche.
Se sienta en el borde de la cama, apoyando sus codos en las rodillas y su cara en las manos.
—¿Hubo alguna muerte en algún momento? Niega con la cabeza sin decir nada más.
Vuelvo a apoyar mi cabeza en la almohada; se me escapa una lágrima.
«¿Cómo es posible que lleve cuatro años siendo su novia y no lo recuerde?»
—Logan, yo…
Un grito me interrumpe. Sara…