CAPÍTULO 10
Mia
—¡¿Qué coño has hecho?! ¡Lo mataste! —le grito, mirando el cuerpo tendido de Logan en el suelo.
No sé si la sangre que hay a su alrededor es de él o de la chica muerta, pero no me importa; acerco mis dedos a su pulso.
—Está vivo, pero hay que llamar a una ambulancia.
No responde, la hija de puta no responde. Está ahí parada, sin decir absolutamente nada, observando la escena.
Verdaderamente es una escena bastante perturbadora: un cuerpo sin vida, desangrado; yo cubierta de heridas con la sangre de la chica muerta en cada espacio de piel; Logan desmayado con la polla al aire y el jarrón casi homicida esparcido en pedazos a su alrededor.
—Claire, ¿puedes reaccionar? ¿Cómo es que estás aquí? ¿Qué te hicieron? ¿Estás bien? —Con ambas manos muevo sus hombros.
—S-í, s-í. Ambulancia. Voy.
Respiro profundo y me apoyo en el mueble que tengo detrás. «Puto accidente, ya estaría en mi cama durmiendo».
Cierro los ojos y de pronto siento paz; todo está en calma, hasta que la voz de Logan me devuelve a la realidad.
—Mia…
—Estás vivo, joder, qué susto me has pegado —admito, tirándome encima de su cuerpo, abrazándolo.
—Estoy vivo, pero puede que muera ahogado si no te apartas.
Me río, secándome la lágrima que se había escapado, y me aparto de él, dándole espacio para respirar.
—Le pedí a Claire que buscara ayuda para llamar a una ambulancia.
—¿No tienes móvil?
—No… Lo perdí en el accidente.
Apenas pronuncio esa última palabra, me doy cuenta del error que acabo de cometer. «Me cago en todo».
—¿Accidente?
Ya es imposible salir de esta, así que termino de contarle todo lo que sucedió antes de llegar aquí.
—¿Cómo es que están vivas?
—Un milagro, supongo.
—Yo no creo en los milagros.
—Pues, deberías comenzar a creer, porque aquí me tienes, vivita y coleando.
Sonríe y acerca su mano a mi cara, acariciando con su pulgar mi piel.
—En ese caso, eres el milagro más bonito que he visto en mi vida.
—Vaya… El golpe te puso cursi. Vuelve a reír.
—O el conocerte. Una de dos.
No puedo evitar sonrojarme, porque el sentimiento es mutuo; pocas veces en mi vida me ha pasado que un chico me dice algo bonito y yo opino exactamente lo mismo.
—¿Te gusto? —suelta, y si antes estaba sonrojada, ahora debo parecer un tomate.
En vez de responder con palabras, me acerco a él y uno mis labios con los suyos.
Lo que comienza con un beso tierno, en pocos segundos se transforma en lascivia, en lujuria. Me siento a horcajadas sobre él; su mano tira de mi cabello, haciéndome sentir su respiración en el cuello.
—Fóllame, Mia, quiero sentirte.
Claro que mentí. No es mi primera vez y pronto lo va a descubrir. Bajo mis caderas, dejando que su polla entre con calma, permitiéndome sentir cada centímetro. La tiene enorme y arde un poco, pero continúo.
—¿Te duele?
Niego con la cabeza.
Pone ambas manos en mis nalgas y me penetra desde abajo, terminando de entrar por completo en mí.
Me incorporo, quedando sentada sobre su miembro. Muevo mis caderas de adelante hacia atrás, tocando mi clítoris con el dedo índice.
Me empuja hacia él, quedando acostada en su pecho. Levanta la parte baja de mi cuerpo y me penetra duro, sin aviso, arrancándome del fondo de la garganta un grito de placer.
Un beso profundo acompaña el vaivén coordinado de la piel; los gemidos nacen y mueren justo aquí, atrapados entre nuestras bocas.
—Córrete para mí, angelito, córrete conmigo.
Asiento y una corriente me invade el cuerpo, se me nubla la vista, se me escapan las lágrimas por el placer que estoy sintiendo. Lo escucho corriéndose dentro de mí y me dejo llevar en un orgasmo que hace que mis ojos se pongan en blanco y mi corazón palpite descontrolado.
Cuando vuelvo en mí, lo miro a los ojos y me sonríe, besa de nuevo mis labios con dulzura y me pongo de pie, acomodándome la falda.
—Debería buscar a Claire, me preocupa que no ha regresado.
—A lo mejor sí lo hizo, pero estábamos ocupados.
—Tienes tu punto, enmascarado.
Le lanzo un beso con la mano y salgo de la cocina, dispuesta una vez más a encontrar a mi amiga perdida.