CAPÍTULO 9
Logan
Entro a la casa con ella sobre mi hombro. No hay nadie dentro, están todos de cacería, así que aprovecho la ocasión y voy directo a la cocina.
Dejo el cuchillo en la encimera y con ambas manos, con mucha delicadeza, la siento a ella justo al lado del arma.
—Vas a pagar por lo que hizo tu amiga.
—¿Me vas a matar? —dice, apoyada sobre sus codos, mirándome con miedo.
—Peor. Te voy a volver loca.
—Ya lo estoy.
Esa respuesta me hace sonreír; cojo su cuerpo y, de nuevo, la cargo, pero esta vez no vamos muy lejos. La dejo caer sobre el charco de sangre que hay en el suelo, justo al lado del cuerpo sin vida de Stacey.
El rostro de pánico de Mia es indescriptible; pagaría por ver esa expresión cada noche.
—Deja que me vaya.
—¿A dónde te vas a ir? ¿A tu casa?
—Sí…
—No, la respuesta correcta es no.
Caigo de rodillas frente a ella, abro sus piernas y me deleito con la imagen. Patalea, pero no le permito golpearme; mis dos manos van directas a sus rodillas, haciendo presión para que se mantenga abierta.
Me quito la máscara y la lanzo sin ver dónde cae. Acerco mi cara a su coño y con la lengua rozo su clítoris ya hinchado. Gime. Lleva sus manos a mi cabello, apretándolo con fuerza, impidiéndome la posibilidad de separarme de su cuerpo.
Acerco mi mano a su abertura e introduzco 3 dedos de golpe, al tiempo que mi boca succiona. Es absolutamente perfecto cada sonido que sale de su boca. Agradezco en silencio que estemos solos, para así poder escuchar cómo grita de placer.
Me incorporo, saco mi polla deseosa del chándal, cojo su mano y la guío, para que me toque, para que sienta cómo me tiene.
Trabaja con experiencia mi miembro; su mano cubierta de sangre marca un ritmo perfecto, subiendo y bajando, estirando mi piel, mirándome a los ojos sin casi pestañear.
—¿La quieres probar? —pregunto. Mueve la cabeza de arriba abajo.
—Quiero escucharte.
—S-sí…
—Ven aquí y muéstrame lo mucho que me deseas.
Se pone de rodillas, su mano sigue sosteniendo mi miembro, su lengua realiza pequeños círculos sobre la punta y sus ojos siguen puestos en mí.
—Qué bien lo haces, angelito.
«Y como sigas así, me voy a correr en pocos segundos».
Aprieto con una mano su cabello y la acerco, metiéndosela entera en la boca hasta escuchar una arcada.
—¿Quieres atragantarte con mi polla en tu boca? Asiente.
—¿Quieres que te llene la boquita de leche? Asiente.
La puerta de la casa se abre, y antes de poder procesar quién ha entrado, algo impacta en mi cabeza y caigo al suelo, perdiendo la conciencia.