El último Halloween CAPÍTULO 8
32%

CAPÍTULO 8

Mia

Debería estar buscando a mi amiga, salvándola de lo que le pueden llegar a hacer, pero aquí estoy, huyendo de un completo psicópata.

No voy a mentir. Sentí emoción al verlo con la máscara y el cuchillo.

Ojalá nunca haber leído un dark romance. Quisiera que fuera mentira el haberme sentido cachonda o haberme masturbado leyendo a algún protagonista enmascarado y ahora lo estoy viviendo en carne propia.

Por supuesto, mi cuerpo reacciona a ello. «Maldito cuerpo traicionero».

Una parte de mí desea que me atrape, que me haga lo que sea que quiera hacerme, pero no lo conozco. A lo mejor es un puto asesino en serie y yo aquí fantaseando con él, así que no, la idea de dejarme atrapar está descartada.

Mis piernas olvidan lo cansadas que están y se mueven por instinto, lo más rápido posible. Las ramas me rompen la piel, pero no freno. No puede atraparme. Él me está persiguiendo a mí, pero yo pienso encontrar a mis amigas, estén donde estén.

Escucho un grito a lo lejos, un alarido de dolor, un tono que podría reconocer a infinitos metros de distancia. «Claire».

Giro y corro en la dirección del ruido, pero freno de golpe contra un muro de músculos y caigo de culo, apoyando las manos en la tierra.

Subo la mirada y, por supuesto, ahí está Logan frente a mí, con la máscara puesta y el cuchillo en su mano izquierda.

—No, no, no… —Me arrastro hacia atrás, pateando sin control para evitar que me toque.

Su mano consigue coger mi pierna, pero no le dejo; forcejeo hasta que me suelta. Quedo boca abajo y continúo arrastrándome, intentando ponerme de pie, pero es imposible. Sus dedos vuelven a tocar mi piel, coge un tobillo y me arrastra hacia él.

Intento frenar clavando las uñas en la tierra, sacándome sangre, pero está demasiado húmeda y mis dedos resbalan.

—Me estás haciendo daño, ¡suéltame!

Sin soltar el cuchillo, voltea mi cuerpo poniéndome boca arriba y me estudia. Observa cada herida que hay en mi cuerpo y resopla.

Acerca la punta del cuchillo a mi garganta e intento no moverme; está demasiado cerca, podría rebanarme el cuello como le hizo Claire a su amiga, pero no lo hace.

Desliza la punta sobre mi pecho, rozándome apenas la piel, hasta llegar al borde del corsé, y para.

Sus ojos me recorren entera. El filo del arma baja de nuevo, frío contra la piel que arde debajo, y esta vez no se detiene.

La punta traza un camino por mi muslo derecho, subiendo con lentitud. No hay prisa en él. Hay control. Y ese control me aterra tanto como me excita.

En un solo movimiento, sube el tutú con la mano y con el cuchillo corta la tela de las bragas, dejándome expuesta. Sus ojos se quedan ahí, estudiándome, disfrutando lo que ve.

—Estás chorreando, Angelito —susurra.

Se sube la máscara, dejando ver su boca; acerca su cara a mi centro y lo roza con la punta de la lengua, saboreándome.

—Por favor…

—Por favor, ¿qué? ¿Por favor, fóllame duro?

—No puedo, yo… Ahhh… —Succiona mi clítoris y mi cuerpo reacciona ante él. Mi mente se nubla, pongo los ojos en blanco, se me olvida cómo pronunciar una palabra.

—Lo tomaré como una súplica para que te folle, y terminarás suplicándome más y más hasta quedar desmayada sobre mi polla.

No puedo responder a ello porque en cuestión de segundos me carga sobre su hombro y me lleva a través del bosque.