CAPÍTULO 7
Logan
Están todos en la cocina reunidos esperando mis órdenes; saben que no podemos actuar en solitario, necesitamos un plan.
No es la primera vez que hacemos esto, pero esta vez la situación es mucho más complicada, porque es tan solo una chica de la que estamos todos seguros de que no tenía intención de hacer lo que hizo y actuó sin pensarlo para salvar a su amiga.
Lamentablemente, eso no la salva de sus pecados y pagará por ello.
—Tú dirás —comienza Nate, esperando que diga algo rápido o se va a ir demasiado lejos.
—Vamos a repartirnos, sabemos lo que hay que hacer, no la quiero muerta; el que la encuentre…
—La atamos a un árbol hasta estar todos, ya lo sabemos, ¿podemos irnos ya? —termina la frase Eric, demasiado impaciente.
—Cómo les gusta cazar, cabrones. —Me burlo intentando relajar un poco esa sed de sangre que veo en sus rostros—. Está bien, vamos a ello… Que comience la cacería.
Salen los cinco pitando por la puerta trasera de la cocina, por donde salió.
Antes de seguirlos, subo a mi habitación a comprobar que Mia sigue donde la dejé.
Cruzo el pasillo trotando; ya con la llave en mano, abro rápidamente y no me sorprende en lo absoluto ver la habitación vacía.
Me acerco a la ventana y asomo la cabeza para saber qué tan lejos puede estar, pero no la ubico; tampoco es que pueda ver demasiado con la oscuridad del bosque que rodea la casa. Seguramente se haya escapado justo cuando bajé a la cocina.
Cierro la ventana con seguro para evitar que pueda entrar alguien cuando todos estemos fuera, abro el armario, me quito rápidamente el disfraz de esqueleto que llevaba puesto, saco un chándal negro, una camiseta del mismo color, me calzo unas deportivas y corro lo más rápido que puedo a la entrada de la casa.
Antes de salir por la puerta, vislumbro una máscara de ghostface tirada en la encimera y, sin pensarlo, me la pongo, cojo también el arma homicida y es así como ya estoy preparado y con otro objetivo al que tenía hace un minuto.
«Hoy voy a cazar a un ángel y la traeré de vuelta al infierno».
Corro hacia el bosque que se presenta imponente ante mí. Lo conozco a la perfección; sería imposible perderme en este lugar por más oscuro que esté, así que eso juega a mi favor.
Unos minutos más tarde me detengo a escuchar. Todo está en completo silencio: no hay pisadas, gritos ni crujidos de ramas.
Por el rabillo del ojo veo una sombra esconderse tras un árbol. Giro despacio y me acerco sin hacer ruido. Al rodear la corteza, la encuentro de espaldas a mí, cubriéndose la boca para no delatarse.
«Mi ángel está asustada».
Intento no reírme por el susto que se va a dar en cuanto voltee y me vea; toco su hombro con el filo del cuchillo y efectivamente brinca, aterrada. Su grito me deja trastocado, pero consigo taparle la boca, pegando su espalda a mi pecho.
—Te voy a soltar y no vas a gritar. —Emite un sonido que no logro entender, no sé si está hablando o gritando.
En el momento en que separo la mano de su boca, en un susurro junto a su oído tan solo menciono dos palabras:
—Corre, Angelito.
No espera, no cuestiona, no duda un segundo en echar a correr sin mirar atrás.
He estado de cacería muchas veces, hemos matado a muchas personas, pero esto es diferente.
Ver cómo huye de mí me la pone muy dura. No veo el momento de atraparla y follármela contra un árbol, quitarle su virginidad, ser el primer y único hombre en sentir ese coño apretando mi polla, sentir su sangre cayendo por mi miembro.
Así que, sin perderla de vista, ya habiéndole dado unos segundos de ventaja, corro tras ella.