CAPÍTULO 6
Mia
—Podríamos pedirle a alguno de ellos que nos lleve a casa —susurro en el oído de Sara, evitando que alguien nos escuche y puedan hacer preguntas.
Nos tomó unos diez minutos caminar por el bosque para llegar hasta este lugar y en ese tiempo tomamos la decisión de que no hablaríamos del accidente.
Cuando mencionas ese tipo de situaciones, las personas jóvenes suelen espantarse y les cortas el rollo, así que creímos que lo mejor era no incomodar para que nos aceptaran en la fiesta, unirnos al grupo, fingir que estábamos perfectamente bien y esperar a que salga el sol para así poder caminar hasta nuestras casas sin ningún peligro.
El problema es que desde hace un rato se siente todo muy extraño; la gente a nuestro alrededor está cada vez más borracha, en el salón hay parejas follando frente a todos y es un poco incómodo. No los conocemos de nada.
—A lo mejor deberías tirarte al dueño de la casa; se ve que le gustas. —Me pasa un chupito de tequila.
—No te voy a dejar sola, hoy no…
—Yo estoy bien, puedo pedirle a alguien que me lleve, no es necesario que vayan conmigo.
—No pienso dejar que te vayas sola con alguno de estos borrachos desconocidos.
—No son todos desconocidos, hay chicos de mi clase y hay uno que lleva un rato tirándome la caña. Puedo usarlo a mi favor.
—¿Cuál de ellos?
Mi amiga sonríe sin responder, se bebe su chupito y coge del cuello de la camiseta de marinero al chico que está a su lado. Estoy segura de que no se han dirigido la palabra hasta este momento. Él la mira con sorpresa, pero se deja llevar y se envuelven en un apasionante beso.
Cuando finalizan, se gira y me mira.
—Ves, estoy perfectamente. Puedes irte y buscar a tu hombre esqueleto.
Me río y asiento, tomándome el chupito que tenía en la mano al tiempo que tomo la decisión de hacerle caso a mi amiga e ir a buscarlo para pasar una buena noche de Halloween.
Estoy a punto de salir del área de la cocina cuando escucho el inicio de una pelea a mi espalda.
Giro rápidamente la cabeza y veo a una chica rubia cogiendo del pelo a mi amiga. La tiene apoyada en la encimera, con la cabeza dentro del lavaplatos abierto, buscando ahogarla con el agua que cae con fuerza sobre su nariz y boca.
Hay demasiadas personas a su alrededor; no me dan paso para acercarme y ayudar. Nadie hace nada, nadie se mueve, nadie la ayuda. Tan solo se escuchan los gritos de la chica, insultando a Sara, mientras que esta forcejea y patalea.
Es en ese momento cuando el tiempo se paraliza y tan solo veo a Claire acercarse con un cuchillo de cocina en la mano y, en un movimiento seco, rebana el cuello de la chica, que en un segundo cae al suelo, desangrándose.
No puedo pensar, no puedo moverme, todo sucede en cámara lenta.
A mi alrededor todos gritan y corren en dirección al salón, alejándose de la escena del crimen.
El chico que estaba besando a Sara hace un momento se encuentra en el suelo, tapando la herida de la rubia, intentando salvarla, pero esta convulsiona hasta que se queda sin vida y es cuando Claire sale de la conmoción, suelta el cuchillo y huye por la puerta trasera de la casa.
Sara la acompaña y yo me dispongo a ir tras ellas, pero una mano me sujeta del brazo y me impide moverme.
—Tú no te vas a ningún lado —me advierte Logan, arrastrándome con él por las escaleras de la casa que da a las habitaciones.
Abre la última puerta del pasillo, que imagino que es su habitación, y me lanza sobre la cama.
—¡Por favor! ¡Déjame ir con ellas!
—No.
—Logan, mi amiga acaba de matar a alguien, ¡necesito ir con ellas!
—Te dije que no. Iré yo, tú te quedas aquí y me esperas.
—No me dejes aquí, por favor —suplico, sin poder creerme que lo estoy haciendo.
—¡Que no! ¿Qué parte de la palabra no, no entiendes? No tienes ni puñetera idea de lo que te pueden hacer si sales de aquí.
—Pero yo no he hecho nada, ella… —Salgo de mi aturdimiento y las lágrimas comienzan a brotar por mi cara sin control.
—Espérame aquí. Sé que no me conoces de nada, pero necesito que me hagas caso y confíes en mí.
Se inclina, me coge la cara con ambas manos, con sus pulgares intenta secarme las lágrimas, me da un beso en la frente y se marcha.
Intento ir detrás, pero antes de llegar a la puerta escucho el momento exacto en el que pasa la llave y me encierra.
—¡Logan! ¡Abre la maldita puerta! —Golpeo la madera con fuerza.
Qué ingenua fui en el momento en el que pensé que esta noche no podría ir peor y ahora estoy encerrada en la habitación de un desconocido sin saber lo que le harán a mi amiga allí fuera.
Doy vueltas en la habitación, intentando pensar qué puedo hacer, y es cuando veo la ventana abierta. Me acerco para mirar la altura.
«Creo que puedo bajar sin hacerme daño».
No me queda otra opción y no pienso dejarlas en el bosque con ellos, así que saco mi cuerpo, sentándome en el borde, cuento hasta tres y me dejo caer.