El último Halloween CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Tras un largo día de clases, salimos del campus a toda prisa. El aparcamiento está lleno de gente cruzando entre los coches.

Nate y Harris se suben a mi pick-up; Eric, Will y John, al coche de Will. Nos espera un fin de semana brutal. Vamos a celebrar Halloween por todo lo alto.

Antes de arrancar, saco el móvil. Sé perfectamente que mi novia acaba de salir de su última clase, así que le escribo un mensaje rápido.

«Te quiero. Espero hayas tenido un buen día».

Mis padres se van de viaje todos los años en estas fechas, así que tengo la propiedad entera para nosotros solos, sin restricciones. La policía jamás pasa por esas carreteras secundarias y los pocos vecinos que tenemos cerca ni se enteran de lo que hacemos.

Lo positivo de vivir en este país es que puedes pasar una vida entera con los mismos vecinos y jamás te hablarán ni molestarán.

Cada treinta de octubre hacemos limpieza por la zona. Nos encargamos de gente que sobra y que nadie va a extrañar: violadores, pederastas o tipos violentos que agreden a sus parejas.

Llevamos un par de nombres en la lista para hoy, pero hay uno que nos interesa más que el resto.

Daniel Davis.

Exnovio de Sara, compañera de clase de Will, y un auténtico imbécil. La chica llegaba a la universidad tapándose los moretones con capas de maquillaje. Apenas dejaron la relación, el tipo buscó a su siguiente víctima: Savanah, de nuestro grupo, y con los nuestros nadie se mete.

Sabemos que el tío mató a su mejor amigo por acostarse con Sara cuando estaban juntos.

Se lo comentó a nuestra amiga estando borracho.

Ahora se pasa el día diciendo por todas partes que la culpa es de su exnovia.

No tiene familia, su único amigo ya no existe y su ligue actual nos está echando una mano, por lo que lo convierte en el blanco perfecto.

Will le da un acelerón a su coche y me saca de mis pensamientos. Giro la llave, el motor ruge y nos ponemos en marcha para ir a recoger al elegido.

El chaval está en casa de Lucas montando todo para el evento de mañana.

No son amigos del alma, pero se llevan bien y cada año va a echarle un cable con los adornos del jardín.

La casa de Lucas queda pasando la mía, a unos diez minutos conduciendo a buen ritmo.

Llegamos y lo vemos justo en el sitio planeado. Está agachado conectando el cableado de una calabaza gigante en el patio principal.

John baja del coche de Will con el trapo en la mano, lleno de cloroformo. Camina tranquilo hacia Daniel. El tipo ni se entera porque lleva los auriculares puestos. John lo sorprende por detrás y en cuestión de segundos cae rendido sobre el césped.

Eric y Will reaccionan al instante. Levantan el cuerpo sin mucho esfuerzo y lo tiran a la parte trasera de mi pick-up, echándole encima la lona impermeable para taparlo de posibles ojos chismosos.

Al llegar a casa, aparco en la entrada. Nate y Harris me ayudan a bajar las cajas de cerveza y las botellas para la fiesta de mañana. Eric y John cargan otra vez a Daniel.

—Al bosque. Ya saben qué hacer.

Will asiente con la cabeza y se van, metiéndose entre los árboles detrás de la casa.

Minutos más tarde, termino de colocar el alcohol en la barra de la cocina. Ya estamos listos para alcanzarlos en el bosque cuando a Nate le suena el móvil.

Ve la pantalla y pone cara de preocupación.

—Es Will. —Me enseña el aparato.

Le hago un gesto para que lo coja rápido.

Se queda unos segundos escuchando, suelta un par de «ajá» y cuelga.

—¿Qué pasa? —pregunto.

—Se les ha escapado —dice, caminando rápido hacia la salida.

—¡Me cago en su puta madre!

Harris y yo vamos detrás de él. Nos subimos a la pick-up, arranco el motor y salimos a buscarlo.

—No habrá podido ir lejos, estará escondido, con los pantalones meados —dice Harris mirando por la ventanilla.

—Envía un mensaje a Will. Que peinen la zona a pie. Nosotros iremos por la carretera —respondo sin despegar los ojos del camino.

«Ese imbécil no nos va a joder la noche».