El Sitio Abierto Capítulo 44 — El regreso
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Capítulo 44 — El regreso

El regreso tomó cuatro días. Menos que la ida, porque ya conocían el camino y porque los cuerpos estaban adaptados a un terreno que había sido desconocido en la ida.

Mateo y Salvador abrían camino con la misma eficacia silenciosa que a la ida.

Los demás seguían con la facilidad que da la experiencia.

La primera noche de regreso, en el campamento, Marco dijo algo que a Ixchel le pareció acertado.

—La próxima misión va a ser distinta.

—¿Cómo así? —dijo Daniela.

—Porque vamos a saber qué buscamos. En esta misión buscamos sin saber qué. La próxima vez vamos a buscar sabiendo. Y buscar sabiendo es más eficaz, pero también más riesgoso. Uno corre el riesgo de encontrar lo que busca en vez de lo que está ahí.

Ixchel lo escuchó y pensó que tenía razón. Era la principal dificultad de los grandes descubrimientos: cambiaban las condiciones de la observación posterior.

—Por eso hará falta más gente —dijo—. Personas que lleguen sin haber visto lo que vimos nosotros. Miradas nuevas.

—Gente que no se nos parezca —dijo Ixcoy.

—Exactamente. Físicos, acústicos, geofísicos. Gente sin formación arqueológica y sin nuestros sesgos.

—Y gente como Salvador —dijo Elías.

Los demás lo miraron.

—Él tiene algo que nosotros no tenemos —dijo Elías—. No una formación adicional. Una manera distinta de tener acceso a lo que hay ahí. Sería una lástima no tenerlo en cuenta.

Nadie lo discutió.

* * *

El cruce del río fue menos dramático que a la ida. El nivel había bajado. El fondo se veía mejor. Cruzaron sin incidentes, con la cuerda como precaución, pero no como necesidad.

Del otro lado, Salvador se detuvo y miró el agua un momento. Luego le dijo algo a Mateo en su idioma. Mateo respondió brevemente. Salvador sonrió.

Elías les preguntó qué se habían dicho.

—Le dije que el río nos dejó volver a pasar —dijo Salvador.

—¿Y él?

—Dijo que es porque nos ganamos el volver a pasar.

Elías anotó eso en su cuaderno. Luego lo guardó y siguió caminando.