El Sitio Abierto Capítulo 40 — El último día de Mateo
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Capítulo 40 — El último día de Mateo

La semana después del solsticio se dedicó a la documentación de cierre: los relevamientos finales, los inventarios del material, los expedientes que había que enviar al ministerio, los protocolos de protección del sitio para el período entre la misión actual y la de seguimiento.

Mateo participó en todo eso con su discreción habitual, eficaz e invisible como suele ser el trabajo de las personas que hacen las cosas tan bien que solo se les nota cuando faltan. Supervisaba el ordenamiento del material, revisaba las cajas, organizaba las cargas para el transporte de regreso.

La última noche antes de partir, se acercó a Ixchel mientras ella trabajaba sola en la tienda principal.

—¿Puedo hablarle?

—Por supuesto.

Se sentó y guardó silencio un momento, buscando sus palabras con la cautela de un hombre acostumbrado a hablar solo cuando tiene algo preciso que decir.

—Mi abuelo me hablaba de este lugar —dijo.

Ixchel levantó la vista.

—¿Sabía que estaba aquí?

—Sabía que había algo en esta zona de la selva. Lo había oído de su propio abuelo. No los detalles. Solo que estaba ahí y que era importante.

—¿Por qué no me lo dijo al principio?

Mateo lo pensó.

—Porque no estaba seguro de que fuera el mismo lugar. Y porque las cosas que saben los antiguos no se explican fácilmente a personas que no comparten el contexto. Quería ver primero qué encontraban ustedes.

—¿Y ahora que vio?

—Ahora creo que encontraron lo que mis mayores sabían que estaba ahí. Pero que lo saben de una manera distinta a la de ellos.

—¿Mejor? ¿Peor?

Mateo negó con la cabeza.

—Solo distinta. Ellos sabían qué. Ustedes están empezando a entender cómo. Tal vez sea necesario que existan los dos tipos de conocimiento.

Ixchel guardó silencio un momento.

—¿Hay cosas que los antiguos sabían sobre este lugar que todavía no encontramos?

Mateo pensó seriamente la pregunta.

—Mi abuelo decía que el lugar tenía guardianes. No personas. Condiciones. Había momentos en que se podía ir y momentos en que no. No sabía cómo sus antepasados habían sabido hacer esa distinción. Decía que era un conocimiento que se había perdido.

Ixchel pensó en la variable temporal que había identificado el modelo. En el solsticio. En las condiciones necesarias para que el sistema funcionara a su nivel máximo.

—Creo que tenemos parte de esa respuesta —dijo.

—Lo sé —dijo Mateo—. Por eso se lo cuento ahora.