Capítulo 30 — La variable temporal
La tercera predicción de Ixcoy —la existencia de una variable temporal en el sistema— se convirtió en el centro del trabajo de los días siguientes. Buscaban una abertura hacia el exterior que hubiera permitido a la luz solar entrar en el sistema en ciertos momentos del año.
Marco empezó con un análisis geométrico sistemático de la estructura.
Si existía una abertura, su orientación sería deliberada y por lo tanto predecible si se conocía la intención del sistema.
Trabajó en colaboración con Ixcoy, comparando los ejes del modelo con las orientaciones solares posibles a la latitud del sitio.
Ixchel volvió a examinar la zona exterior de la pirámide con una mirada distinta.
Había recorrido la estructura varias veces desde el inicio de la misión.
Pero la había mirado como una arqueóloga que busca una entrada o documenta una arquitectura.
Ahora la miraba como alguien que busca una óptica: una abertura diseñada para dejar entrar la luz de una manera precisa.
Encontró algo al tercer día de esa búsqueda.
No una abertura evidente, sino una zona de la cara este de la pirámide donde el desgaste de la superficie era ligeramente distinto.
La piedra estaba un poco más erosionada ahí, de una manera que sugería una exposición periódica a algo, no necesariamente luz solar directa, tal vez una concentración de radiación reflejada por los bloques adyacentes.
Llamó a Marco.
—Mida el ángulo de incidencia desde este punto hacia el corredor de acceso.
Marco midió. Se tomó el tiempo necesario para ser preciso.
—Treinta y un grados y medio respecto a la horizontal. Hacia el norte-nornoreste.
Ixcoy, a quien le comunicaron el valor por radio, guardó silencio unos segundos antes de responder.
—El modelo predice una sensibilidad máxima a treinta y dos grados desde el noreste. Su medición está a medio grado de eso.
—¿Qué significa eso? —preguntó Ixchel.
—Que si la luz solar llegara a la sala principal desde ese punto en las condiciones adecuadas, sería en el solsticio de verano. La posición del sol en ese ángulo desde ese punto corresponde exactamente al amanecer del solsticio de verano a esta latitud.
Elías, que seguía el intercambio, dijo:
—Entonces el sistema está calibrado para un momento preciso del año.
—Esa sería la variable temporal. Una vez al año, en el solsticio de verano, la luz solar entra en el sistema desde ese punto y modifica las condiciones de observación en la sala principal.
—No estamos en el solsticio de verano —dijo Ixchel.
—No. Estamos a tres semanas del solsticio.
Silencio.
—Quiere decir que deberíamos quedarnos hasta el solsticio —dijo ella.
—Digo que si queremos observar el sistema en las condiciones para las que fue diseñado, el solsticio es la fecha óptima. Pero no puedo decirle qué observaríamos. El modelo no lo predice. Solo dice que es el momento en que el sistema funciona con su nivel máximo de resolución.
Ixchel no respondió de inmediato. Tres semanas más. El ministerio ya había concedido dos semanas de prórroga. Tres semanas adicionales exigirían una nueva negociación.
—Le transmito la información al ministerio —dijo finalmente—. La decisión les corresponde a ellos. Pero les doy los elementos para tomarla correctamente.
* * *
La solicitud de prórroga al ministerio tomó una forma distinta a las anteriores.
Ixchel no intentó minimizar lo que pedía.
Explicó con claridad la razón: una ventana de observación única en el año, identificada por el modelo matemático, que permitiría validar o descartar una hipótesis central sobre el funcionamiento del sitio.
Perder esa ventana significaría esperar un año para una segunda oportunidad.
La respuesta llegó dos días después, más compleja que las anteriores. El ministerio concedía una semana adicional —no tres— con una condición: el envío de un observador oficial que informaría sobre el estado de la misión y sus resultados antes de cualquier decisión sobre una prórroga adicional.
Ixchel leyó el mensaje dos veces. El observador era el Dr. Menéndez, inspector científico principal del departamento de patrimonio. No lo conocía personalmente, pero lo conocía de reputación: riguroso, poco impresionable, y conocido por informes que no complacían a nadie en ningún sentido.
—¿Es bueno o malo? —preguntó Elías.
—Depende de qué vea y de cómo lo vea. Si Menéndez ve lo que encontramos con ojos abiertos, va a entender. Si llega con categorías ya establecidas, va a ser más difícil.
—¿No lo podemos preparar para que vea con ojos abiertos?
—No. Es el tipo de cosa que no se prepara. O alguien tiene esa capacidad, o no la tiene.
—¿Y Menéndez?
Ixchel lo pensó.
—No lo sé. Ya veremos.