El Sitio Abierto Capítulo 12 — Informe de avance
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Capítulo 12 — Informe de avance

Ixchel redactó el informe de avance destinado al ministerio durante la noche del quinto día en el sitio. Se tomó su tiempo. Cada palabra de ese documento tendría consecuencias que ella no controlaría del todo, y quería que esas consecuencias se acercaran lo más posible a lo que deseaba.

El problema central era el de calibrar el registro.

Un informe demasiado entusiasta desataría solicitudes de expansión rápida de la misión que los recursos disponibles no permitirían satisfacer correctamente.

Un informe demasiado cauteloso corría el riesgo de subestimar la importancia del hallazgo y provocar un cierre prematuro de la misión.

Buscaba un equilibrio entre la precisión científica y la legibilidad administrativa, dos lenguajes que no coincidían de manera natural.

Escribió y reescribió varias veces la sección sobre las incisiones.

Formularlas como un «sistema de representación no identificado» era exacto pero podía parecer demasiado vago.

Formularlas como un «lenguaje desconocido» era inexacto y abriría debates sobre el desciframiento que no venían al caso en esta etapa.

Terminó escribiendo: «organización gráfica no convencional cuya lógica composicional sugiere una función representativa o descriptiva más que decorativa».

Era pesado y preciso. Era lo que hacía falta.

La sección de recomendaciones fue la más difícil.

Sabía lo que quería: tiempo, un experto adicional, y la garantía de que el sitio no sería objeto de ninguna comunicación pública antes de contar con un análisis suficiente.

Conseguir esas tres cosas al mismo tiempo de una administración con restricciones presupuestarias exigía una argumentación cuidadosa.

Terminó escribiendo una frase que consideró acertada: «El valor científico potencial de este sitio justifica un enfoque progresivo y riguroso que preserve la integridad de los datos en beneficio de análisis posteriores más profundos.

Una intervención apresurada produciría resultados incompletos cuyo valor se vería irremediablemente disminuido frente a lo que un enfoque metódico permitiría obtener».

Releyó el documento completo dos veces, corrigió tres formulaciones y lo envió por la conexión satelital poco antes de la medianoche.

La respuesta llegó a la mañana siguiente, más rápido de lo que había previsto.

El ministerio acusaba recibo, autorizaba la prórroga de la misión por diez días adicionales, aprobaba en principio la solicitud de un experto adicional sujeta a validación presupuestaria, y pedía un informe intermedio en cinco días.

Ixchel leyó el mensaje dos veces. La prórroga era buena. El experto adicional era bueno. El plazo del informe era exigente pero manejable. Trasladó la respuesta a Elías y Marco, anotó los nuevos plazos en su cuaderno y volvió al sitio.

* * *

Fue Marco quien encontró la anomalía. Estaba realizando los relevamientos de espesor de las paredes en el corredor de acceso —un procedimiento de rutina para evaluar la solidez estructural— cuando el instrumento dio un valor incoherente en una sección de unos ochenta centímetros.

Repitió la medición. Luego cambió de instrumento y volvió a repetir. El resultado era el mismo: la pared era notablemente más delgada en ese punto que en cualquier otro lugar. En un muro construido con la precisión de este, una variación de esa magnitud no podía ser accidental.

Llamó a Ixchel sin levantar la voz.

—Tengo algo que mostrarle.

Ella examinó las mediciones. Examinó la sección de pared. No vio nada particular a simple vista: la superficie era idéntica a la de las secciones adyacentes. Pero los números de Marco no mentían.

—Marque el punto —dijo.

Marco colocó una marca discreta de referencia en la pared.

Ixchel retrocedió unos pasos y miró la sección en su contexto.

Estaba en el corredor de acceso, a unos cuatro metros de la entrada a la sala principal.

A la altura de una persona. Orientada según un eje perpendicular a la dirección general del corredor.

No dijo nada más. Anotó las coordenadas y las mediciones en su cuaderno.

Esa noche le dijo a Elías:

—Hay algo detrás de esa pared.

—¿Qué?

—Todavía no lo sé. Pero la variación de espesor es demasiado regular para ser natural. Y está en un lugar demasiado preciso para ser casual.

Elías lo pensó.

—¿Va a abrirla?

—Todavía no. No antes de tener al experto adicional. Lo que estamos encontrando va más allá del marco de la arqueología clásica. Quiero a alguien capaz de leer un sistema que yo todavía no estoy segura de saber leer.

—Rafael Ixcoy —dijo Elías.

—Sí.

—Trabajé con él una vez, hace cuatro años. No en el terreno. En una publicación conjunta sobre los efectos fisiológicos de los entornos con baja estimulación sensorial. Su manera de pensar es poco común.

—¿Poco común cómo?

—Siempre empieza por las relaciones. Nunca por los elementos. Busca primero qué pasa entre las cosas antes de interesarse por las cosas en sí. Es un enfoque distinto al de la mayoría de los científicos que conozco.

—Es exactamente lo que necesitamos.