EL ANILLO
Coraje apareció nuevamente en la sala del Duke Perro, Lord Zaracen caminaba impaciente.
—¿Dónde estabas? ¿Y el Duke Perro? ¿Estuviste con él? ¿Vas a firmar los papeles o qué? No queda mucho tiempo. Debo destruir el espejo antes de que esa cosa salga —agregó.
Coraje ni siquiera lo miró. Volvió a concentrarse. Debía llegar a Nueva York antes de que Bullie Rocks muriera. Sin embargo, no podía quitarse la imagen de la lápida sobre su tumba.
—Verschwinden —dijo y apareció nuevamente en el cementerio, esta vez fue durante el entierro de Bullie Rocks. La procesión era larga, todos los alumnos de Old Tower School estaban allí. Coraje se escondió detrás de un árbol para espiar cuando una mano lo tocó por detrás.
—¿Qué cosa fea tuviste que haber hecho para esconderte en un entierro? —dijo una voz femenina. Coraje se giró, la mujer llevaba una túnica negra.
—Momento —dijo la mujer—. No estás completamente aquí. Increíble, nunca había conocido a un viajero en persona. ¿Puedo? —dijo apoyando su mano sobre la cabeza del muchacho.
—Has estado en Hohenzollern. Llevas una pena en el corazón. Tu destino no está escrito. Conoces a Mathilda la conversa. Aún no has matado a nadie. Eres un buen chico. Amas a una muchacha. Eres terco. Y ese caballo blanco... Qué extraño.
—Suficiente —dijo Coraje quitando su mano.
—¿Crees que puedas presentármela? Necesito huir. Sé que ella recibe wiccas y las ayuda —dijo la mujer desesperada—. Van a matarme a mí también. Se arrodilló.
—¿De qué habla?
—De Mathilda, la conversa.
Coraje tomó conciencia de que, si estaba en el entierro de Bullie Rocks, entonces había retrocedido en la línea del tiempo y posiblemente todavía no había llegado hasta Hohenzollern. Si lograba enviarse un aviso a sí mismo podría alertar a Bullie Rocks antes de su muerte.
—¿Cómo se llama? —le preguntó.
—Mi nombre es Eunice Huntor.
—Venga a Hohenzollern. La ayudaremos. Pregunte por mí.
—¿Cómo sabré que no me estás engañando? —dijo la mujer.
—Es un trato. Dígame que nos vimos en el entierro de William Rocks, así sabré que es usted.
—No es suficiente, necesito algo que pueda probarlo, un objeto, por ejemplo —sugirió mirando el dedo de Coraje. El joven llevaba un anillo plateado con las iniciales W.R. desde que habían salido de Nueva York varias semanas atrás.
—Trato hecho —afirmó entregando el anillo—. Verschwinden —dijo después y desapareció.