El secreto del dragón escondido EL MISTERIO
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EL MISTERIO

DEL DUKE PERRO

Guiados por el instinto de Sir Arthur, se adentraron en el frondoso bosque. A lo lejos volvió a escucharse ese terrorífico rugido, seguido de más gritos, ladridos y disparos. Luego, silencio absoluto.

Atento a todos sus sentidos, Sir Arthur caminaba adelante.

El paisaje era mágico. Había árboles que subían hasta el cielo, hongos de todo tipo y flores que Coraje jamás había visto.

Anduvieron a pie un buen rato hasta llegar a un claro.

Escucharon pisadas pesadas y una respiración recargada acercándose. El aire podía cortarse con un cuchillo.

Se escondieron fuera del claro detrás de unos arbustos para espiar. Al principio a Coraje le pareció que se trataba de un león. Tenía una cabeza enorme, pero no llegaba a verlo con claridad. Si su vista no le fallaba, tenía una cola de reptil. Sir Arthur se mostraba inmóvil, incapaz de reaccionar.

De pronto, lo que parecía un enorme león comenzó a cambiar de forma para convertirse en una persona que caminaba en dos pies debajo de una túnica roja. Los pies eran los de una cabra. Entonces supo perfectamente de quién se trataba.

Coraje intentó escapar, pero al igual que Sir Arthur, ya estaba completamente paralizado. La mujer se quitó la capucha y rápidamente los descubrió con sus ojos de serpiente. Llevaba un pequeño cuaderno con tapa de cuero en sus monstruosas manos.

—Kurras tras1 —murmuró sin separar los dientes.

Se escucharon ladridos y un disparo que la hirió. La mujer volvió a convertirse en bestia y se escapó con el libro en su boca.

Una jauría de no menos de doscientos perros apareció corriendo entre los bosques siguiendo desesperadamente al animal. Más atrás, montado en un caballo negro, un hombre vestido de smoking cabalgaba a máxima velocidad. Se detuvo abruptamente al verlos.

—¿Estás bien? —preguntó con rudeza. No tardó en reconocer el parentesco. —¿Qué diablos haces tú aquí? ¿Dónde está tu padre?

Coraje apenas podía mover la lengua; el hombre le ofreció un trago de aguardiente.

—James —balbuceó el muchacho.

—Ese fui hace demasiado tiempo. El hombre sacó un reloj de su chaleco. —Hay que apurarse.

—El viejo Rowley —dijo acariciando su caballo—. Él conoce el camino de vuelta. Debes salir de inmediato. Lord Zaracen tiene instrucciones de destruir el espejo. Si no te apuras, podrías quedar atrapado aquí para siempre.

—¿Y tú?

—No te preocupes por mí. ¿La viste? Es horriblemente hermosa —dijo orgulloso—. Esa cosa me robó el Diario de Maddam Thenesis. Debo recuperarlo —agregó dándole la mano con su guante de cuero. Sus dedos estaban helados. James había dejado de ser humano hacía demasiado tiempo.

El Duke Perro lo subió a su caballo con una fuerza extraordinaria y le dio un golpe en el lomo para que cabalgara.

El caballo salió disparado de regreso hasta el espejo.

Coraje descubrió que atada a la montura estaba su paraguas.

Coraje todavía tenía el cuerpo un poco entumecido y le costaba hacer equilibrio sobre el animal.

Sir Arthur lo seguía unos metros más atrás.

Llegó hasta el extremo del bosque donde estaba el espejo, se bajó torpemente del caballo y desató el paraguas. Luego Rowley lo abandonó volviendo con su amo. Coraje y Sir Arthur atravesaron el espejo de regreso a la sala. Lord Zaracen estaba al otro lado con los papeles listos para firmar.

—Los firmaré cuando haya terminado —dijo con un tono serio. Luego levantó el paraguas en el aire, cerró los ojos y pensó en el lugar en Manhattan que le generaba mayor felicidad, la casa en el número 16 en la calle 20, en el Gramercy Park.

—Verschwinden —dijo y desapareció.