El secreto del dragón escondido INSTRUCCIONES PARA
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INSTRUCCIONES PARA

ATRAPAR UNA GAVIOTA

—¿Cómo se supone que voy a atrapar una gaviota?

—Voy a anotarlo en un papel para que no lo olvides —dijo Georgina Stormback y tomando un lápiz escribió unas breves líneas.

—Vuelve con una antes del atardecer, la vamos a necesitar. Puedes llevarte mi bicicleta. Estamos apenas a 15 minutos del mar. No olvides llevar una jaula para aves y la pala.

Georgina le preparó un pan con sal y también unas semillas con un sabor horrible para que comiera. Las lombrices solitarias odian la sal y las semillas la mantendrán ocupada digiriendo un buen rato.

La bicicleta de Georgina Stormback tenía un banderín con los colores de la bandera inglesa y una pequeña patente con la leyenda: God Save The Queen.

Con un par de pedaleadas largas, se deslizó colina abajo hasta la playa.

El sonido de las olas, golpeteando contra la orilla lo llevó mentalmente a las playas de Nueva York, aunque el paisaje era brutalmente diferente: mar abierto.

Tomó las instrucciones de Georgina Stormback y las siguió al pie de la letra.

Primero arrojó una buena cantidad de migas de pan, papas y algo de pescado frito a su alrededor; luego se puso a cavar.

Las costas de Fort William tenían arena oscura y húmeda, no pudo hacerlo muy profundo porque el agua comenzó a emanar desde el fondo.

Hacer un pozo en donde entrara todo su cuerpo le llevó hasta el mediodía.

Finalmente, se fue tapando con arena hasta dejar solo su cabeza afuera, la cual cubrió con una lona.

La mayoría de las gaviotas estaban paradas sobre unas rocas, retozando al sol, a unos cien metros. Al cabo de media hora las aves comenzaron a entrar en confianza, caminando y picoteando trozos de comida a pocos metros de donde Coraje estaba enterrado.

Finalmente, una un poco distraída se acercó lo suficiente como para caer en la trampa.

Coraje salió debajo de la arena como una momia que resucita en medio del desierto y atrapó al ave con las dos manos envolviéndola en la lona.

La gaviota luchó unos segundos aleteando y picoteando, pero rápidamente se dio por vencida.

Coraje estaba orgulloso; las indicaciones de Georgina Stormback habían funcionado. Luego cargó el ave y la pasó a una jaula de alambre que había atado al asiento trasero de la bicicleta.

Empujó la bicicleta inglesa por la arena pesada y pedaleó en sentido inverso barranca arriba hasta llegar sin aliento de regreso a la casa.

Georgina Stormback estaba cortando unas hierbas de su huerta cuando lo vio entrar tocando la campanilla de la bicicleta, con su flequillo volando.

El muchacho sonreía orgulloso, con su trofeo enjaulado.

Apoyó la bicicleta contra un árbol y le mostró la presa.

—Bien hecho. ¿Tienes hambre?

—De gigante.

—¡Excelente! —exclamó mientras podaba una flor y anotaba algo en un cuaderno.

—No vamos a comernos la gaviota, ¿cierto?

—Claro que no, ¡qué idea más retorcida!

Georgina le explicó que no podría volver a probar bocado hasta no terminar con el procedimiento completo.

—Si nos apuramos podemos terminar con todo esto antes del atardecer.

Coraje asintió y ella lo invitó a pasar. La casa olía fatal, Georgina se había pasado la mañana mezclando ingredientes en sus tubos de ensayo hasta lograr la fórmula esperada.

La mujer le solicitó que pasara a una habitación y que se recostara. Coraje apoyó la jaula con la gaviota que miraba intrigada sobre una cómoda y se acostó. Georgina sacó unas sogas de un armario.

—Bien, ahora vamos a ver si realmente confías en mí —dijo.

Georgina sujetó con fuerza pies y manos a los extremos de la cama, luego trajo un líquido que olía horrible y se lo aplicó en la boca. Coraje quiso vomitar, pero tenía que tolerarlo.

Luego la mujer se sentó al costado de la cama y comenzó a tejer mientras tarareaba una canción.

—¿Qué esperamos? —preguntó.

—Que despierte.

—Pueden pasar semanas entre ataque y ataque —le explicó.

—Se despertará en cualquier momento, el cebo para aparearse las vuelve locas.

—¿Aparearse? —preguntó empezando a arrepentirse—. ¿Y qué hacemos cuando se despierte?

—Tendrá hambre, se moverá buscando alimento.

—Entonces…

—Hay dos métodos —le explicó Georgina—. No creo que quieras conocer mucho más.

—Prefiero saberlo.

—Bien, primero trataremos de sacarla por las buenas.

¿Alguna vez saliste de pesca? Podría ser por la boca o por el ano y, si la pesca no da resultado,, tendremos que abrirte el estómago antes de que ella lo haga.

Coraje miró a su alrededor y notó que sobre una de las mesas había cuatro cuchillos diferentes y algunos artefactos quirúrgicos.

—No estoy seguro —confesó—. ¿Y la gaviota?

—Solo necesitaba un poco de espacio para prepararme, además, supuse que el ejercicio podría abrirles el apetito —dijo la mujer sonriendo.

—¿Abrirnos?

—A ti y a la lombriz.

Coraje comenzó a transpirar frío, dudando si no había cometido el peor error de su vida al aceptar el tratamiento. ¿Y si la mujer era una bruja y solo estaba jugando con él? Nadie tenía idea de su paradero. Nadie reclamaría jamás por su cuerpo.

Coraje sintió el primer retorcijón. Georgina se acercó y le levantó la remera. Algo se movía rápido en sus intestinos.

—Se está quejando.

Coraje se quejó también: primero un poco, luego más, hasta gritar de dolor.

Georgina Stormback lo miró con sus dos ojos azules pacíficos y le rogó que respirara profundo mientras con sus manos iba haciendo presión sobre su estómago, como si estuviera guiando a la cosa hacia su garganta.

—Debes permanecer tranquilo. Es posible que se abra paso mordiendo. Si cree que tus signos vitales están bajos, saldrá sin dar demasiada pelea. Vamos, sal de ahí, gusano —rogó Georgina, pero la lombriz parecía haberse detenido.

La mujer volvió a colocarle más cebo en la boca y la lombriz empezó a moverse en forma brusca otra vez. Coraje podía ver su panza revolviéndose, como si tuviera un niño tratando de salirse.

Gritó de dolor otra vez y le pareció ver a Georgina Stormback un tanto dubitativa. Luego la mujer tomó una tanza y colocó un trozo de carne con un anzuelo en el extremo.

Coraje sintió arcadas y se resistió.

—Debes tragar, es la única forma. ¡Es ahora! Debes tragarlo —le ordenó otra vez empujando el trozo de carne con sus dedos.

La tanza le raspaba la garganta y Coraje comenzó a toser como si fuera a ahogarse.

Georgina Stormback sostenía la tanza con firmeza hasta que sintió el tirón.

Le rogó que a partir de ese momento respirara solo por su nariz.

Después comenzó a jalar despacio, mientras el muchacho empezaba a ponerse azul, verde, morado.

Tenía bloqueadas todas las vías respiratorias debido a la lombriz.

Georgina jaló con más fuerza. La lombriz trataba de volver al estómago llevándose la carnada consigo. Si eso sucedía, no tendría más remedio que abrirle.

Jaló con paciencia una vez más, intentando no cortar la tanza. Coraje ya casi no respiraba, sus ojos se fueron hacia atrás junto con su lengua. De pronto, la Señora Stormback pudo ver por la boca la cabeza de la lombriz.

La cosa era más grande de lo que Georgina creía. Jaló un poco más y con una mano abrió la jaula donde estaba la gaviota, la cual no dudó en pararse sobre el pecho de Coraje mientras con su pico intentaba pescar la cabeza de la lombriz.