MISS GREENICH
El final del túnel desembocaba en la ladera de una montaña. Coraje salió por la grieta de una gran roca. Decidió que sería ventajoso marcar la roca con crayón en caso de que tuviera que regresar.
Vagando sin mucho sentido, comenzó el descenso por un fino sendero. Coraje no tenía la más mínima idea de dónde estaba, ni este narrador tampoco. Pero supongo, por los dichos de Lord Zaracen, que estaba cerca de Fort William. Las luces que se divisaban a lo lejos más tarde lo confirmarían.
Un granjero cuidaba unas ovejas unos metros más abajo.
Cuando Coraje pasó a su lado y el hombre le ofreció conversación.
El granjero le explicó que ese sendero que seguía desembocaba en un arroyo caudaloso y que sería peligroso cruzarlo.
En cambio, le recomendó bordear la ladera de la montaña para llegar a Fort William por el este.
El camino era apenas unas horas más largo, pero el destino más seguro.
Coraje siguió las indicaciones, sin tener la menor idea de que la Señorita Greenich estaba haciendo de las suyas otra vez.