El secreto del dragón escondido LORD ZARACEN
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LORD ZARACEN

Unos minutos más tarde un séquito de 12 wiccas entraron en la fortaleza. Ataron a Coraje y registraron todo en busca del Duque Perro y de cualquier indicio del Diario de Maddam Thenesis.

Hacía décadas que Las Leonas del Club de Edimburgo querían dar con la fortaleza del Duke Perro. Coraje las escuchaba cómo se reían mientras daban vuelta la casa buscando evidencias. Jean Mackenzie se encontraba con ellas.

Respecto a Drakar, usaron un perfume para despertarlo y le ordenaron que cargara a todos los perros dormidos hasta los caniles y luego lo encerraron junto con ellos. Cuando la jauría despertara Drakar iba a estar jodidamente jodido.

Luego de una hora de revisar toda la construcción llegaron a la conclusión de que ni el Duque Perro ni el Diario de Maddam Thenesis estaban allí. El asunto seguía siendo un misterio: el misterio del Duque Perro.

—Quítenle el paraguas y el silbato —ordenó una de las wiccas.

Dafne se interpuso. No deseaba cargar con la muerte del hijo de Ana.

Solo les permitió llevarse el paraguas. Respecto al silbato, intencionalmente lo colocó en la chaqueta del muchacho guiñándole un ojo antes de salir.

Una vez solo, Coraje comenzó a moverse intentando sacarse las ataduras.

Tenía que hacerlo antes de que los perros lo atacaran.

—Psssst —escuchó una voz ronca. Miró a todos lados, pero no había nadie.

—Psssst —volvió a oír.

La voz provenía de arriba. Miró al techo. Había un agujero que antes no estaba allí. Le sorprendió ver una “cosa” a través del hueco en el entretecho, era una suerte de hombre muy peludo o un perro muy humano, que se asomaba. La cosa arrojó una soga y bajó.

—Hola —dijo acercando su hocico para olfatearlo. A Coraje le pareció que movía la cola, como perro.

—¿Puedes soltarme? —dijo estirando una mano.

La cosa peluda titubeó. Primero sacó el silbato del bolsillo de Coraje y se lo guardó para él.

El silbato pertenecía a su amo, el Duque Perro, desde que este se había marchado, controlar a la jauría había sido imposible.

Por ello Lord Zaracen se mantenía oculto en la fortaleza.

Luego con sus dientes mordió las sogas y lo liberó.

—Lord Zaracen —encantado.

—Timotheo.

—Coraje —lo interrumpió—. Pude olerlo a kilómetros. Rápido, será mejor sacar a tu amigo del canil antes de que los perros se despierten.

—¿Dónde está el Duke Perro? —preguntó Drakar.

—No lo sé. Es un misterio. Deben irse de aquí —les advirtió—. Están llegando wiccas de todo Gran Bretaña. Puedo olerlas a kilómetros de distancia. Fueron muy tontos al abrir las tres puertas.

Respecto a Lord Zaracen, deben saber que es un ser salido de otro lugar, un lugar difícil de acceder llamado Cassadonia y que poco tiene que ver con esta historia. No hay mucho más que contar; es un ser de lo más astuto, un poco mentiroso, pero de buen corazón.