El secreto del dragón escondido ORBISTERTIUS
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ORBISTERTIUS

A la mañana siguiente Coraje se despertó con malestar. El dolor de estómago era brutal. Apenas llegó a colocarse unas gotas bajo la lengua antes de que empezaran las convulsiones.

Era hora de encontrar a Drakar; tomó el paraguas y el amuleto de madera que el vikingo le había obsequiado —Verschwinden —dijo y apareció en un pub mugroso. Drakar estaba tirado en el suelo desmayado de la curda.

—Muchacho —se alegró de verlo. Drakar tenía serios problemas con el alcohol. Coraje le entregó una nota con la dirección de la casa de Bogart.

—¿Acaso crees que soy tan irresponsable? Sé que estás con Dafne. Solo me estaba tomando un recreo. Dile al viejo Bogart que Drakar está en camino y que prepare las llaves —le ordenó. Coraje asintió y desapareció con su paraguas.

Una hora más tarde Drakar tocó el timbre en la casa de Bogart, estaba bien peinado y sin resaca. La capacidad del vikingo para recuperarse era impresionante.

—¿Hasta cuándo planean usar mi casa como club de amigos? —se quejó Bogart al verlo pasar. Ambos se conocían de épocas pasadas cuando Bogart solía defender los intereses de Hohenzollern. En lo que respecta a Dafne, sus pelos se erizaron solo de verlo entrar.

—Depende de ti, Bogart —comenzó Drakar—. ¿Vas a decirnos dónde están las llaves?

—¿De qué tipo de llaves estamos hablando? —contestó haciéndose el desentendido.

—Tlon, Ukbar, Orbistertius —exclamó Dafne.

—¿Alguna pista, Bogart? —preguntó Drakar.

—Ni la más remota idea —respondió rascándose la nariz.

—Hay solo dos formas de entrar en la fortaleza del Duke Perro, una es utilizando las 3 llaves, Tlon, Ukbar y Orbistertius, y la otra es a través de un Draven —dijo Dafne.

Bogart comenzó a rascarse las muñecas nervioso.

—Estuve haciendo algunas averiguaciones —dijo Drakar—. Resulta ser que en los últimos días un hombre con una descripción bastante similar a la tuya, Bogart, ha estado intentando adquirir un Draven.

—¿Qué es un Draven? —preguntó Coraje.

—Lo más parecido a un perro que puedas imaginarte —afirmó Bogart—. Y si es cierto que he estado buscando uno, ¿qué hay de malo en ello?

—¿Quién te lo encomendó, Bogart? —preguntó Dafne.

—No lo sé.

—¿Una bruja? —inquirió Dafne.

—La identidad de mis clientes es reservada.

—¿Para qué quieren las llaves?

—El Duke Perro se robó algo importante —dijo Drakar.

—¿Algo como qué?

—El Diario de Maddam Thenesis, escrito de puño y letra por ella —afirmó Dafne sin rodeos.

—Ahora entiendo por qué tantos interesados.

Bogart se puso de pie, sobre la pared del comedor había al menos unos 60 cuadros, descolgó uno diminuto y lo colocó sobre la mesa. Luego caminó hasta el living. Sobre la chimenea había otra docena de cuadros, seleccionó uno de ellos también extremadamente pequeño.

Los ordenó uno al lado del otro. —A veces la mejor forma de esconder algo es la más obvia. Con ustedes, Tlon y Ukbar.

—Falta una llave —dijo Drakar.

—El tercer cuadro está guardado en la sala de armas de Hohenzollern —confesó Bogart.

—Creo que esto es lo que buscan —los interrumpió Coraje sacando de su morral un cuadrito—. Papá me lo dio cuando fuimos a la sala de armas en Hohenzollern, Sir Jules Le Blanc nos había autorizado a ingresar.

—Mathilda lo planea todo —dijo Dafne—. Maldita malnacida.

Bogart colocó los 3 cuadritos sobre la mesa.

En el primer cuadro había un dibujo de una llave colgada en una pared, un dóberman negro la custodiaba.

En el segundo, la llave estaba apoyada sobre una mesa.

Debajo de ella, un ovejero alemán no le quitaba la vista.

En el tercero, la llave estaba colgada del collar de un gran danés que dormía sobre una alfombra.

—Las tres llaves para entrar a la fortaleza del Duke Perro, Tlon, Ukbar y Orbistertius. Las llaves fueron diseñadas por Sir George Louis, un experto cerrajero, el Duke Perro le encargó el trabajo en persona.

—Bien, es hora de conseguir esas llaves —afirmó Drakar mirando fijo a Coraje—. Es simple, tienes que usar el paraguas para robar las tres llaves y poder entrar a la fortaleza del Duke Perro.

—¿Tengo que meterme en un cuadro?

—¡En tres! Solamente tienes que imaginártelo, y viajar allí usando el paraguas, tu padre podía hacerlo con los ojos cerrados —lo desafió Drakar.