El secreto del dragón escondido CÓMO MATAR A UNA WICCA
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CÓMO MATAR A UNA WICCA

Deben ser más de cien los capítulos que tiré a la basura para poder publicar esta novela.

Eran tantos los personajes, tantas las tramas paralelas, que debería haberle dedicado 30 horas por día durante diez años.

Imposible para un padre de familia con tres hijos y cuentas que pagar.

Pero este capítulo no lo pude borrar. En esta especial ocasión, quien relatará este capítulo no seré yo, sino Kathleen Bulgen, alias Dafne…

Mi hermana Úrsula era una rebelde sin causa. Esos genes se repiten una y otra vez en algunas familias. Úrsula se casó con un hombre acaudalado, un empresario francés, Renard, quien, como debe ser, jamás supo que Úrsula era una bruja.

Úrsula y su marido murieron envenenados en el cuarto de un hotel la misma semana en la que mil brujas murieron en todo el mundo de idéntica manera.

¿Coincidencia? Claro que no. Fue una maniobra desde la cúspide de Hohenzollern, más arriba que Sir Jules Le Blanc, promovida por la Dragonesa de Blanco, sus varones y Mathilda la Conversa.

Mathilda, actual mujer de Sir Jules Le Blanc, es la traidora más buscada del planeta. Se cree que colaboró desde adentro brindando información precisa sobre el tipo de veneno que debía utilizarse.

Verán, para matar a una wicca hay solo tres formas exitosas de conseguirlo: cortarnos la cabeza, atravesarnos el corazón o quemarnos en las llamas. Morir envenenadas era impensado.

Esto provocó caos entre todos los clubes del mundo, poniéndonos en un lugar de vulnerabilidad ante nuestros enemigos.

El veneno en cuestión se llama mandravila, y basta un dardo o la punta de una espada contaminada para matar a una de nosotras.

La mandravila se puede fundir con plomo y hasta es posible fabricar balas con ella.

Muy pocas brujas podían tener acceso a esa información.

Por su formación y edad, más de 1873 años, Mathilda era una de las pocas que podía saberlo.

Mathilda es una de las seis nómades originarias, una de las primeras hijas de Maddam Thenesis.

En nuestra jerga, se hace llamar la Sombra.

Es buscada por los siete mares. Su cabeza vale un barco en oro.

Si pusiera un solo pie fuera de Hohenzollern estaría muerta.

Úrsula y su marido Renard tenían una joven hija. Ella tenía apenas 5 años cuando Úrsula y Renard fueron asesinados. Su nombre era Ana Wilson. Debo reconocer que convertirme en madre adoptiva a los 250 años no estaba en mis planes, pero mi sobrina era encantadora.

Ana no era una chica fácil. Tenía un temperamento terrible, así como también todas las cualidades para convertirse en una gran wicca. Cuando Ana tenía apenas 17 años, mi carrera estaba en auge. Estaba a punto de ser nombrada rectora del Club de Las Leonas.

Me hubiera gustado que Ana se quedara en Edimburgo, pero no había lugar para ella en nuestro coven. Había una larga lista de espera de aprendices y ella estaba comenzando a descarriarse. Si no era iniciada en algún club se podría echar a perder.

Fue entonces cuando surgió una oportunidad que no pude dejar pasar, una vieja amiga, la Secretaria del Club de Nueva York, Doris Bottinghoward, invitó a Ana a Manhattan para conocerla.

Sorprendida ante las innatas habilidades de la muchacha, la tomaron de inmediato como aprendiz para el Club de Nueva York.

Ana era inquieta y apasionada. Nueva York la cautivó desde el primer minuto, la forma de vestir, la música, los edificios. Parecía hecha a medida para el nuevo mundo.

La prueba que Ana debía cumplir para convertirse en una bruja en el Club de Nueva York era infiltrarse en la vida de los Coraje, con el fin de obtener información sobre Hohenzollern.

El blanco final era tu abuelo Hugo, sus vínculos con Sir Jules Le Blanc y el Diario de Maddam Thenesis.

Se cree que el Diario de Maddam Thenesis tiene la clave para desterrar a todos los covens del planeta.

El problema sobrevino cuando Ana realmente se enamoró.

El Club de Nueva York tardó bastante en enterarse de la traición, ellas creían que la muchacha estaba simulando una doble vida, todos lo creíamos.

Ana se había infiltrado en el corazón de los Coraje, tenía acceso a la mansión, a la casa de campo donde se ocultaba Hugo, a todos los papeles de la familia, correspondencia, libros y conversaciones.

Pero con el embarazo, Ana decidió abandonar el juego y dejó de cooperar con su coven.

De a poco fue obviando información en sus reportes, no obedecía a sus superiores, ni asistía a las reuniones. Se empezó a correr el rumor de que Ana había cambiado de bando y que estaba trabajando para Hohenzollern.

Hubo un juicio en Manhattan, yo misma estuve presente.

Las rectoras del Club estaban ensañadas con castigar a Ana, a pesar de los intentos de mi buena amiga Doris Bottinghoward, Secretaria del Club de Nueva York, decidieron sentenciar a Ana a muerte.

Yo misma ofrecí mi cabeza como garante por la vida de mi sobrina, pero mi voz no fue escuchada.

Finalmente, la Matriarca del Club de Nueva York, Algora Fredderick, se presentó en medio del juicio modificando la condena.

Se acordó con los Coraje simular un entierro y desde entonces Ana ha sido rehén de Lord Morlocke con quien vive en Islandia.

Morlocke es intocable, controla el negocio de la mandravila.

Probablemente sea el hombre con mayor poder de la Tierra. Un simple mortal.

Hay algo más, pero Coraje no debe saberlo; el muchacho va a ayudarnos a capturar al Duke Perro y recuperar el Diario de Maddam Thenesis para poner al Club de Edimburgo en la cima otra vez; el secreto del dragón escondido será nuestro.