El secreto del dragón escondido CHARLA DISPARATADA
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CHARLA DISPARATADA

Las mejores charlas suceden en los lugares menos pensados, como por ejemplo un ascensor, una panadería, o en una casita perdida en Edimburgo, de un comerciante desertor, entre un niño que no tiene la menor idea que hace allí y una tía abuela bruja.

Coraje se despertó con aroma a tostadas y huevos revueltos penetrando sus fosas nasales. Miró por la ventana, apenas estaba amaneciendo; la niebla escocesa bloqueaba la vista. Notó que sobre una silla habían dejado una toalla, jabón y un peine. Señal de que debía asearse.

El baño de huéspedes parecía en desuso. Se acercó a mirar las canillas: una decía “fría” y la otra “también”.

—Súper.

Coraje se duchó en 6 segundos.

Dafne y Bogart hablaban sobre el paradero del Duke Perro cuando lo vieron entrar cortaron su conversación abruptamente.

—Buenos días —sonrió—. El agua estaba helada.

—¿Queja o un comentario? —lo cruzó Bogart.

—Comentario.

—Existen dos tipos de personas en el mundo: las que se quejan y las que tienen éxito.

—Bogart, eres un gigante quejoso —se burló Dafne—. Ven, acércate. Déjame ver ese rostro, igualito a su madre.

—Mi madre está muerta —replicó.

—Oh, no lo sabía. ¿Y de qué murió?

—No lo sé, no hablo con muertos —contestó.

—Si quieres, puedo enseñarte. Hablar con los muertos es divertido —contestó Dafne—. Aunque no creo que sea necesario. Ana está vivita y coleando; de hecho, está esperando una bebé.

—Esto es una charla o una discusión —acotó Bogart—, porque hay dos tipos de personas: las que conversan y las que discuten.

Dafne largó una carcajada. —Ay, Bogart, eres insoportable. Ahora vamos a lo importante: ¿qué diablos haces en Edimburgo, niño?

Coraje se limitó a levantar los hombros y luego se tragó dos tostadas más. Realmente no sabía qué hacía allí. El plan era ir a Londres para encontrarse con Diciembre y Katia.

—Bien, ¿vamos a recuperar ese paraguas o qué?