UN PUB EN LONDRES
Coraje apareció sentado en la mesa de un pub en pleno Londres. Drakar bebía alcohol como si fuera la última vez. Se sorprendió al verlo aparecer delante de él.
—Niño, ¿qué haces aquí?
—Estoy en aprietos —le explicó tomando su mano. Luego susurró—: Verschwinden y volvió a aparecer en el Toro Viejo junto a Drakar.
Tres piratas saltaron sobre su espalda derrumbándolo al suelo. Drakar estaba completamente ebrio y le costó reaccionar.
Limpiando su barba comenzó a repartir trompadas. Debió haber noqueado más de una docena cuando una voz femenina le llamó la atención.
—¡Drakar!
El vikingo levantó la mirada azorado. Ella se quitó su capucha revelando una cabellera roja enredada hasta la cintura. Estaba vestida en cuero y piel de oso polar.
—¿Viktoria? —preguntó deslumbrado ante la belleza de la corsaria—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Lo mismo me gustaría saber —dijo la mujer. La historia entre Drakar y Viktoria la dejamos para otra novela romántica.
Coraje y Drakar fueron escoltados hasta la cubierta donde Viktoria les contó que el Capitán del Toro Viejo no era más que un pobre impostor. Se suponía que ella debía recoger a Coraje en Hamburgo para llevarlo a Gran Bretaña, había recibido la encomienda desde Hohenzollern.
La mujer siguió caminando y colocó su sable sobre el cuello del Capitán —¿A dónde llevaban al muchacho? —preguntó.
—A Londres. Recibimos un pedido cerca de Hamburgo. Una malnacida nos contactó. La paga era buena. No teníamos intención de lastimar al niño. ¿Cierto, muchacho? Solo le cargamos algunas bromas —dijo y se escuchó una risita generalizada de la tripulación.
Viktor era un comerciante del mercado negro, llevaba y traía mercadería por los mares de Europa.
Trabajaba a pedido y era contratado generalmente por brujas y contrabandistas.
Era un ladronzuelo de baja calaña, seguido por una tripulación de inservibles.
Su misión era llevar a Coraje a Londres con Maddam Rodem, una distinguida wicca del Club de las Cien londinense, quien estaba especialmente interesada en conocer al muchacho.
La corsaria deslizó su sable, abriendo las ropas de Viktor y dejando su torso al desnudo, y, metiendo la mano, le sacó tres bolsas con monedas de oro, se llevó una a la boca tratando de doblarla con sus muelas.
—Oro de bruja.