El secreto del dragón escondido EL FANTASMA
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EL FANTASMA

DEL MAR DEL NORTE

El almuerzo y la cena de los próximos días no fueron mejores. Todas las comidas sabían a trampa, una cola de ratón, un clavo oxidado; el colmo llegó con un trozo de papel dentro de una empanada con la leyenda, “con este pergamino, me limpié el intestino”.

Fue la tercera noche cuando Coraje decidió salir a hacer su primera visita. —Verschwinden —dijo y apareció en la cocina del barco. Un marinero dormía sobre la mesa con una botella de licor en la mano.

Coraje tomó un trozo de pan, galletas, manteca, un chocolate, leche y devoró agazapado en un rincón. Luego dejó los restos sobre la mesa junto al marinero que dormía para incriminarlo.

A la mañana siguiente, cuando el cocinero entró a la cocina y vio al marinero rodeado de toda esa comida, lo tomó de las barbas y se las prendió fuego.

Fue la cuarta noche cuando Coraje se vio tentado a vengarse de aquel asqueroso cocinero.

Cambió de lugar absolutamente todos los ingredientes.

Intercambió sal con azúcar, miel con mostaza, café molido con pimienta y le echó querosén a uno de los barriles de vino.

Por último, mezcló la mermelada con excremento y desapareció usando su paraguas.

Aún no amanecía cuando comenzaron a escucharse insultos y las patadas desde la cocina.

Parecía una batalla campal; volaban gritos, ruidos de espadas y golpes.

El cocinero se estaba peleando con todos los marineros.

Se escuchó la llave de su camarote girar.

Coraje se levantó de su litera haciéndose el distraído, Viktor lo miró, gruñó y volvió a echarle llave al cerrojo.

Esa noche Coraje tenía planeada una jugada más. —Verschwinden —susurró y esta vez apareció en la habitación donde los marineros dormían.

Había olor a rancio y flatulencia. Contuvo la respiración unos segundos para evitar la náusea. Los marineros descansaban a sus anchas sobre literas de doble altura. Tomó un puñado de fósforos y encendió unas medias viejas iluminando la habitación.

Una mano tomó su pantalón con fuerza antes de salir.

—¿Quién anda ahí? —preguntó.

—Fuego —respondió tapándose la boca para hacer que su voz sonara más grave y desapareció de regreso a su camarote, donde se acostó y simuló estar dormido, mientras disfrutaba las corridas, golpes y tropezones en el barco.

Los marineros gritaban “fuego” sin entender de dónde venía el incendio, hasta que se escuchó “hombre al agua”, “hombre al agua”.

Se detuvieron los motores del buque y se escuchó cómo bajaban un barco de emergencia.

Más tarde, el cerrojo de su camarote se abrió. Era Viktor, quien lo obligó a ir a cubierta junto al resto de la tripulación. —Bien, tienen hasta el mediodía para decirme quien hizo la estúpida broma del fuego —los amenazó Viktor.

—Capitán —levantó la mano un tripulante—, creemos saber quién fue. Viktor esbozó una sonrisa y por un momento Coraje pensó que lo habían pillado.

—Es un fantasma, señor; el fantasma del Mar del Norte, capitán.