LA PARTIDA
A la mañana siguiente Sir Jules convocó a Coraje en su sala de estudio. Era una habitación llena de libros, armas, esculturas; le llamó la atención una suerte de pecera de cristal de proporciones dantescas con una extraña criatura semihumanoide sumergida.
—Rushers. Son rápidos y tienen hambre todo el tiempo. No te gustaría toparte con uno —explicó al observar su rostro.
—¿Qué son?
—Engendros.
Coraje se acercó a la pecera, solo el vidrio separaba a la asquerosa criatura de él.
—¿Son humanos?
—Algo así. Son difíciles de matar. Su cerebro está escondido detrás de su tórax, podrías cortarles la cabeza y seguirían corriendo detrás de ti hasta devorarte.
—¿Brujería? —preguntó.
—Preguntas demasiado —afirmó Sir Jules.
—¿Para qué me citó?
—Tu padre —dijo Le Blanc— tuvo que marcharse.
—¿A dónde se fue?
—Es un secreto.
—Es un idiota.
—Benjhamin se está muriendo y, a su juicio, su misión en esta vida está lejos de ser completada; tal vez sea esa la carga más pesada que cualquier hombre pueda tener.
—¿A dónde se fue?
—En busca del mapa de los inmortales.
—Siempre tiene una excusa para largarse —contestó levantando sus hombros.
—Tu padre solo trata de hacer las cosas bien.
En lo que respecta a ti, tienes dos opciones.
Puedes marchar a Londres a buscar a tus amigos o bien…
puedes quedarte aquí con nosotros y recibir entrenamiento acorde a tus aptitudes.
Has logrado captar la atención de más de un guardián después de esa carrera.
La idea de quedarse en el castillo era tentadora, no tendría que ir al colegio por una larga temporada, banquetes diarios y el desafío de convertirse en un experto en artes marciales.
—Londres —respondió Coraje; estaba en deuda con Katia y Diciembre, su deber era encontrarlos.
—Lo supuse —afirmó Le Blanc.
—¿Tal vez cuando los encuentre puedo volver? —preguntó.
—Ya conoces el camino —sonrió—. Bien, muchacho, una comitiva de soldados parte hoy por la noche desde Hohenzollern hacia el norte; tienen órdenes de llevarte hasta el puerto de Hamburgo, allí embarcarás rumbo a Londres. Tu contacto en Hamburgo se llama Viktoria.
—¿Cómo me contacto con él?
—Viktoria lo hará.
Sir Jules se levantó y caminó hasta un rincón de la habitación donde estaba el paraguas de Benjhamin. —Me gustaría que lo conservaras durante un tiempo. Además, Londres puede ser muy húmedo —bromeó.
—¿Cree que vuelva a ver a mi padre?
—Espero que todos lo hagamos.
—¿Qué hay de Vharis?
—Será liberado en los próximos días.
—¿Puedo despedirme de él?
—No.
—¿Hay noticias de Drakar?
—Tampoco —sentenció Le Blanc.
Coraje tuvo la sensación de que el hombre ya no tenía nada más que hablar con él, y solo trataba de ser amable.
Estrechó su mano y una pregunta impensada salió de su boca.
—Milord —preguntó mirándolo con intensidad—, ¿hay algo que deba hacer?
—¿Algo como qué?
—Siento que se espera algo de mí, pero no estoy seguro de qué.
—Nadie espera nada de nosotros. Eso no quiere decir que nosotros no esperemos nada del mundo. Coraje se quedó mirándolo.
—¿Sientes que debes hacer algo porque otros lo esperan de ti o sientes que debes hacer algo porque lo dicta tu corazón?
—No estoy seguro, ni siquiera sé qué es lo que debo hacer.
—Cuando descubras tu misión, lo sabrás.
—¿Por qué siento que usted ya lo sabe?
—No estoy seguro de cuál sea tu misión, muchacho, pero si logras resolver el misterio del Duke Perro antes que los demás, al menos habrás cumplido la mía.