EL MAPA DE
LOS INMORTALES
Coraje salió del trance con ganas de vomitar. Si su padre había sido adoptado, entonces Hugo no había sido su verdadero abuelo.
La desilusión era devastadora. Ni siquiera era genuino heredero de la fortuna familiar. Su padre era hijo de wicca, él también lo era; sobre su cabeza pesaban dos generaciones de brujas. Sintió pena por Benjhamin, su vida, al igual que la de él, había sido un engaño.
Sir Benjhamin apenas podía mirar a su hijo a los ojos. —El juramento —ordenó—. Terminemos con esto.
Sir Jules levantó su espada y la apoyó sobre su frente con ambas manos.
—Repite después de mí: yo, Benjhamin, hijo de Sir Hugo Coraje y padre del niño frente al cual doy fe, juro que mis palabras serán inquebrantables; acepto el legado de los inmortales y juro defender a la Guardia de Hohenzollern en su eterno combate contra las fuerzas del mal.
En este acto solemne, me entrego al cáliz de madera y prometo no volver a sentir ánimo de venganza ni represalia contra ningún otro hombre sobre la faz de la tierra.
—Ahora el mapa —dijo su padre.
Sir Jules levantó la espada y dijo algo en el oído de Sir Benjhamin que nadie más pudo escuchar.
—Quiero a todos fuera de la habitación, ahora —fue lo último que Coraje escucharía de su padre por una larga estación.